El consumo mundial de vino cayó en 2025 a su nivel más bajo desde 1957, en un escenario marcado por la desaceleración de la demanda en los principales mercados, tensiones comerciales y efectos climáticos sobre la producción. Según el informe anual de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), el consumo global se redujo 2,7 % hasta los 208 millones de hectolitros, acumulando una baja del 14 % respecto de 2018.

La contracción fue casi generalizada. Nueve de los diez mayores mercados registraron retrocesos, encabezados por Estados Unidos, donde el consumo descendió 4,3 % hasta 31,9 millones de hectolitros. El país norteamericano se mantuvo, sin embargo, como el principal importador mundial en valor, con compras por 5.500 millones de euros, aunque con una caída interanual de 11,6 %.

La OIV atribuyó el deterioro del comercio internacional a varios factores: los aranceles impulsados por el presidente estadounidense Donald Trump sobre vinos importados, la menor demanda en mercados tradicionales y la volatilidad cambiaria. En ese contexto, las exportaciones mundiales retrocedieron 4,7 % en volumen, hasta 94,8 millones de hectolitros, mientras que el valor comercializado cayó 6,6 %, a 33.800 millones de euros.

La presión sobre el sector también impactó en los precios. El valor promedio del vino exportado bajó 2,1 %, hasta 3,56 euros por litro, reflejando una mayor competencia entre productores y ajustes derivados de las presiones inflacionarias.

Sudamérica: contrastes entre Argentina, Chile y Brasil

En América del Sur, el desempeño fue dispar. Argentina registró una leve caída de 1 % en la producción, hasta 10,8 millones de hectolitros, pero sus exportaciones se redujeron con más fuerza: 6,8 % en volumen y 10,3 % en valor.

Chile enfrentó uno de los escenarios más complejos. La producción cayó 9,9 %, hasta 8,4 millones de hectolitros, el nivel más bajo desde 2007. La OIV vinculó este descenso a la persistente escasez hídrica, la variabilidad climática y el debilitamiento de los mercados externos. Las exportaciones chilenas también retrocedieron: 9 % en volumen y 8 % en valor.

Brasil apareció como la gran excepción regional y global. La producción se disparó 80,6 %, hasta 2,8 millones de hectolitros, gracias a condiciones climáticas favorables. El consumo interno también marcó un récord histórico, con un incremento de 41,9 % y un total de 4,4 millones de hectolitros.

Europa y China profundizan la desaceleración

En Europa, los principales mercados redujeron su consumo: Italia cayó 9,4 %, España 5,2 %, Alemania 4,3 %, Francia 3,2 % y Reino Unido 2,4 %. Rusia también registró una baja de 5,5 %.

Fuera del continente europeo, el caso más significativo fue China, donde la demanda se desplomó 13 %, prolongando una tendencia contractiva iniciada en 2018.

En producción, Italia conservó el liderazgo mundial con 44,4 millones de hectolitros, seguida por Francia con 36,1 millones y España con 28,7 millones. Este último país sufrió una caída de 7,7 % debido al tercer año consecutivo de sequías y olas de calor.

El informe de la OIV confirma así una transformación estructural del mercado mundial del vino, afectado tanto por cambios en los hábitos de consumo como por factores geopolíticos y climáticos que reconfiguran el mapa global del sector vitivinícola.

Con información de EFE