Contenido creado por Felipe Capó
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Derechito a Dexter

Conocido asesino serial español transicionó y fue trasladado a una cárcel de mujeres

Joan Vila, ahora llamado Aura y apodado “el celador de Olot”, cumple una sentencia de 127 años por matar a 11 ancianos en un geriátrico.

15.04.2026 16:30

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Durante más de un año, entre agosto de 2009 y octubre de 2010, Joan Vila Dilmé trabajó como celador en la residencia La Caritat, en Olot (Girona), donde ejecutó una serie de asesinatos sistemáticos contra adultos mayores bajo su cuidado.

Las víctimas —nueve mujeres y dos hombres de entre 80 y 90 años— murieron en circunstancias que durante meses pasaron como fallecimientos naturales o complicaciones médicas, ya que Vila utilizaba métodos difíciles de detectar.

En una primera etapa, Vila administraba mezclas de drogas y otros fármacos diluidos en agua, o aplicaba dosis elevadas de insulina, incluso en pacientes diabéticos, provocando cuadros que podían confundirse con descompensaciones clínicas.

Con el correr de los meses, el patrón cambió, y se volvió más agresivo, errático y descuidado. Según la investigación, comenzó a manifestar frustración con su trabajo y a expresar su deseo de abandonar el geriátrico. En paralelo, los métodos se volvieron más violentos y evidentes.

El punto de quiebre llegó en octubre de 2010. En apenas cinco días —entre el 12 y el 17— asesinó a tres residentes. En esos casos, abandonó los fármacos y pasó a utilizar sustancias corrosivas como hipoclorito de sodio y detergentes, que obligaba a ingerir o introducía directamente en la boca de las víctimas. Estos compuestos provocaban quemaduras severas en esófago, mucosas y pulmones, que generaban un dolor extremo antes de la muerte.

Su última víctima fue Paquita Gironès i Quintana, una mujer con demencia que llevaba años en la residencia. Había tenido conflictos con Vila y, semanas antes, había denunciado supuestos maltratos —incluyendo golpes— a personal y familiares, sin que sus alertas fueran atendidas.

Las cámaras de seguridad mostraron que el celador la trasladó a un área sin vigilancia. Allí, tras encontrarla desorientada y con dificultades para respirar, le introdujo detergente en la garganta con una jeringa. Fue llevada a emergencias, pero murió por las lesiones internas.

Captura de cámara de seguridad.

Captura de cámara de seguridad.

El caso comenzó a desmoronarse tras la muerte de otra residente, de 85 años, que había ingerido una sustancia corrosiva. La autopsia encendió las alarmas. La Policía detectó que Vila estaba presente en ese turno y lo interrogó. Confesó el crimen casi de inmediato. Luego admitiría otros dos, pero la investigación reconstruyó un total de 11 homicidios.

En 2013 fue condenado a 127 años de prisión. Sin embargo, el sistema penal español fija un máximo de cumplimiento efectivo de 40 años, por lo que podría quedar en libertad en 2053 si llega con vida.

Desde entonces permanece recluido en la cárcel de Puig de les Basses, en Figueres. Allí, más de una década después de su detención, inició un proceso personal que derivó en su transición de género.

Según informó el medio español El País con base en fuentes penitenciarias, hace más de un año comenzó a identificarse como mujer, adoptó el nombre Aura —aunque también aparece como Aida en algunos reportes— y comunicó su decisión a su entorno dentro de la prisión. El proceso fue acompañado por psicólogos del centro y entidades externas, y se desarrolló de forma progresiva.

En una primera etapa, fue trasladado a un módulo más reducido para adaptar su nueva identidad en el entorno carcelario. Con el avance del proceso, terminó siendo derivado al módulo de mujeres, donde permanece actualmente.

Las autoridades remarcan que el cambio no implica ningún beneficio penitenciario. En ese sentido, dijeron que no ha recibido permisos ni modificaciones en su condena desde 2010, y remarcaron que la asignación a módulos responde a protocolos que establecen que las personas privadas de libertad deben ser ubicadas de acuerdo con el género con el que se identifican.

Durante la investigación y el juicio, Vila ya había planteado este conflicto identitario. Afirmó sentirse “una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre”, argumento que fue respaldado por informes periciales incorporados a la causa.

En prisión continuó con tratamiento psicológico y profundizó en ese proceso hasta tomar la decisión de transicionar. Actualmente, planea someterse a intervenciones médicas para completar la transición, que serían cubiertas por el sistema de salud pública español, en coordinación con las autoridades penitenciarias.