Contenido creado por Agustin Zabala
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Mitos

Con Luis Eduardo Morás: “La benevolencia de la izquierda con los criminales es un mito”

El doctor en sociología asegura que “el actual estado de situación puede ser mejorado notoriamente”.

03.03.2018 14:31

Lectura: 17'

2018-03-03T14:31:00-03:00
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(Ana Jerozolimski)

El reciente asesinato de la joven Florencia Cabrera, cajera en un supermecado en La Blanqueda, a manos del recurrente delincuente conocido como "Kiki"-que se mató pocos días después pegándose un tiro en la cabeza -, se ha convertido en un nuevo símbolo. Es otro de los numerosos ejemplos de situaciones que provocan la creciente conmoción ciudadana por la delincuencia y la violencia en la sociedad.

Para tratar de entender lo que está ocurriendo, el por qué, desde cuándo y más que nada qué se puede hacer, recurrimos al Dr. Luis Eduardo Morás, conocido sociólogo con 30 años de experiencia, docente, director del Instituto de Sociología Jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República y autor de numerosos libros y artículos académicos sobre violencia social, seguridad ciudadana en democracia, derechos humanos y políticas sociales. 

Esta entrevista fue publicada en "Semanario Hebreo".

P: Dr. Moras, el recrudecimiento de la violencia, la recurrencia de noticias sobre asesinatos durante asaltos y rapiñas, tienen en vilo a la ciudadanía. Antes de entrar en detalles para analizar lo que está ocurriendo, me permito preguntarle a usted, como ciudadano-o sea antes de pedirle su análisis como sociólogo especializado en el tema- cómo está viviendo esta situación.

R: Después de 30 años de trabajar en el tema, ya sea en contacto directo con adolescentes en conflicto con la ley y en centros de privación de libertad; como realizando investigaciones sobre el tema, resulta difícil separar al ciudadano del sociólogo. No obstante, ciertamente como ciudadano la situación me resulta preocupante en tanto en los últimos cuatro años se viene incrementando un patrón de homicidios con un sensible crecimiento: estamos en los 280 homicidios anuales cuando entre los años 1990 y 2014 la cifra rondaba los 200.

P: Suele creerse que uno puede captar plenamente la dimensión de un problema, si le toca de cerca, si lo presencia, si es testigo. ¿Le ha tocado alguna vez ser protagonista de algún incidente de violencia de estos que circulan por las redes y los noticieros casi diariamente?

R: Tanto por mi trabajo como a nivel familiar he vivido de cerca experiencias de violencia; mi madre, ya mayor, tuvo fracturas de muy difícil recuperación por una rapiña; y también he podido apreciar la extraordinaria violencia y denigrantes condiciones de existencia en los centros de privación de libertad adolescente, lugares que supuestamente deberían mejorar la condición humana de los internos.

LA PROBLEMÁTICA DE LA REDES

P: Parte de la repercusión del tema la dan esos videos y testimonios de ciudadanos que circulan por las redes contando lo que vivieron, en general en tono de advertencia a otros. ¿Comparte usted esa sensación de que el pueblo todo es víctima potencial?

R: En lo personal soy crítico del rol que generalmente cumplen las redes sociales en el fenómeno de la inseguridad. Si bien pueden advertir de situaciones de violencia que están pasando y alentar a otros ciudadanos a tomar precauciones; así como también ser una vía para expresar sentimientos y compartir angustias muy atendibles, se prestan también para un uso abusivo e interesado motivado por razones de política electoral.

Resulta común encontrar en las redes advertencias, por ejemplo, de una "camioneta blanca" que intenta secuestrar a niños en edad escolar (noticia que recorre todo el continente con idéntica imagen de esa "camioneta blanca"). Tampoco creo que siempre respeten la intimidad de las víctimas, como acaba de ocurrir con el crimen de la cajera donde a pesar de los insistentes reclamos de la familia por respeto al hijo de 8 años que maneja las redes se dejara de pasar la imagen del crimen.

Hay una línea muy fina que separa la buena intención de advertir a otros de los peligros reales existentes a través de las redes con la manipulación que puedan algunos hacer de los miedos existentes. La culpa no necesariamente pasa por el medio sino del uso que se hace, y no siempre es el mejor.

UN PROCESO DE DETERIORO

P: Por un lado es legítimo preguntarse qué responsabilidad tiene el gobierno por lo que hace o no deja de hacer. Pero además ¿cree  que parte de la explicación radica en el deterioro educativo en el país?

R: Sin duda que el proceso de deterioro es muy largo, aunque el debate político busque responsabilidades inmediatas, tanto por quienes culpan a la "herencia maldita" del 2002  como para quienes reprochan lo poco realizado desde el 2005.

Hacia 1986 el arquitecto Juan Pablo Terra publica un libro sobre las condiciones de la infancia y ya advertía sobre el fenómeno de la "infantilización de la pobreza" y las consecuencias que tendría para el futuro del país que un 40% de los niños nacieran y crecieran en situación de extrema pobreza.

Por otra parte, y sin negar el deterioro de la educación, no podemos verla aislada del mercado de trabajo y las dificultades que éste plantea para los jóvenes en general y para los más pobres en particular. Basta buscar en algún familiar o conocido de clase media para encontrar que se puede tener un hijo de treinta años con una profesión universitaria que sigue siendo un adolescente, sin posibilidades de independizarse por no tener un trabajo estable y una remuneración acorde al logro educativo y la inversión realizada. En los barrios más carenciados las dificultades para estudiar se potencian y que el esfuerzo escolar tenga efectos en lograr un trabajo decente, resultan muy reducidos.

AUTORIDAD Y PRESOS EN GOBIERNO DE IZQUIERDA

P:  ¿Algo de esto pasa por el hecho que a un gobierno de izquierda le es más difícil imponer autoridad?

R: La supuesta benevolencia de la izquierda con los criminales es un mito que no tiene fundamento si miramos los datos estadísticos. Nunca hubo en Uruguay tantos presos adultos ni adolescentes como lo hay desde el año 2010. El Frente Amplio asume en 2005 con 7.000 presos y hoy andamos en los 12.000, una tasa de 350 presos cada 100.000 habitantes, la más alta del continente y una de las mayores a nivel mundial.

En adolescentes estamos peor aún, en el año 2015 había 530 privados de libertad, la misma cantidad que los que había, por ejemplo, en uno de los lugares más violentos de Brasil como lo es el Estado de Rio de Janeiro que cuenta con el triple de población. Los países del continente tienen en promedio 7 adolescentes presos cada 100.000 habitantes, en Uruguay tenemos 16, más del doble. Cuando asume el Frente lo hace con 240 adolescentes presos, hoy es el doble, pero en 2014 era el triple alcanzando a los 750 menores presos. No me parece que esos indicadores permitan, con datos estadísticos que no admiten ninguna controversia como lo es la cantidad de gente presa, afirmar la excesiva pemisividad del gobierno con los delincuentes.

P: Interesantísimos esos datos sin duda. Por otro lado, creo que cuando se habla de  mano dura o floja, la gente piensa también en la Justicia, aunque claro está que es independiente  del Poder Ejecutivo. Los últimos eventos por Avenida Italia por ejemplo, con delincuentes detenidos en acción y luego liberados, nos llevan a mirar precisamente ese otro ángulo, la Justicia.  ¿Hay una actitud demasiado permisiva, jueces que liberan demasiado rápido o no dan las penas que uno siente que serían las merecidas por los criminales?

R: La pregunta incluye dos temas, la manifestación cuyo origen aparentemente es en demanda -muy legítima en tanto los asesinatos en determinadas zonas no se investigan con la debida atención- para que se investigue el ajusticiamiento de dos adolescentes que degenera en vandalismo y robos; y algo más amplio que es la sensación de impunidad que existe respecto a los delincuentes por lo que serían penas muy benévolas o jueces que están omisos en aplicar las leyes. Hay veces que los jueces liberan "demasiado rápido", simplemente porque la policía no provee las pruebas necesarias para procesarlos en el marco de la legislación vigente. No creo que, en general, la justicia uruguaya sea corrupta o displicente en aplicar las penas; ni tampoco creo que sea un buen camino eludir las garantías que la legislación postula para todos los ciudadanos cuando se trata de casos de personas en situación de exclusión social a las cuales se les debería aplicar las penas que creemos que son merecidas para ellos.

 EL OTRO LADO

P: Un clamor que se oye a menudo es que los derechos de los delincuentes no pueden ser más tomados en cuenta que los derechos de la ciudadanía a vivir con tranquilidad. ¿Cómo se lidia entre las dos partes de esta ecuación?

R: Creo que es una falsa oposición, no debería haber dos partes antagónicas en la cual lo que gana uno en términos de derechos y garantías lo pierde el otro. Es un camino riesgoso contraponer derechos ya que se puede correr la línea de aquellos que hoy pueden ser considerados "delincuentes" y mañana sin darnos cuenta podemos estar nosotros del otro lado. Por otra parte, podemos preguntarnos ¿hemos llegado a una época donde el Estado ya no puede asegurar los derechos humanos de todos los ciudadanos?

P: Otro problema es que se confunda pobreza con delincuencia. Quien no tiene, puede optar por robar o por trabajar duro para mejorar. Todos conocemos historias de gente sumamente humilde que salió adelante gracias a su esfuerzo, gente humilde y honesta a la que jamás se le pasaría por la cabeza delinquir. Esto es especialmente claro en un país de inmigrantes como Uruguay. ¿ Es tan así como lo planteo o la "inequidad" social también tiene parte de la culpa?

R: Sin duda que no hay que confundir pobreza con delincuencia, lo cual no debería soslayar que la inmensa mayoría de los que están presos provienen de los barrios más excluidos.

Yo hice una investigación para la OIT en el año 2015 sobre el conjunto de 530 adolescentes que estaban privados de libertad, los resultados me permitieron apreciar una realidad distinta: el 80% tenían experiencia laboral previa a la infracción, en trabajos muy duros y desde temprana edad (hornos de ladrillo, quintas, ferias, construcción, etc.). Todos trabajos "fuera de la ley" ya que eran niños y sin ninguna cobertura social, pero eran los disponibles en sus barrios. Es difícil introducir la cultura del esfuerzo y el ahorro y el progreso a jóvenes que habitan barrios marginados desde hace cuatro décadas, con la perspectiva que nadie les ofrezca un trabajo si saben el barrio donde viven y que ven que nadie logra "salir" por las vías lícitas.

P: Entiendo...como frase e ideal puede sonar muy lindo, pero en la práctica no siempre es tan fácil...

R: Hay casos excepcionales, pero el Uruguay del inmigrante que llega con "una mano atrás y otra adelante" y en pocos años se compra el ómnibus y sus hijos van a la universidad, ya no existe. Tampoco existen como en el pasado redes de solidaridad, gremios de oficios o sociedades de ayuda mutua que pueda apoyar al que quiere salir adelante, por el contrario lo que predomina para quienes viven en las peores zonas es una sensación de total aislamiento y falta de apoyos. Creo que quienes habitan determinados barrios les resulta absolutamente extraño el dulce sabor de la movilidad social ascendente, son los nietos de los que describió Juan Pablo Terra hace 30 años.

P: ¿Se puede dibujar un perfil del rapiñero, del asaltante y asesino, el entorno en el que vive, las ideas que lo mueven, su mirada hacia la vida?

R: En breves líneas resulta imposible pues son perfiles diferentes, además que toda generalización resulta inexacta. Perfiles de homicidas hay muchos según se trate de delincuentes comunes, terroristas de Estado o femicidas. Algo sí que puede decirse es muy generalizado cuando se trata de delincuentes comunes contra la propiedad, es que detrás del ladrón, rapiñero u homicida hay una historia previa que hay que tratar de entender si queremos hacer políticas preventivas del delito efectivas. En algún momento dieron una señal, pidieron ayuda, intentaron ser otra cosa diferente a lo que terminaron siendo. Y siempre faltó una correcta respuesta por parte de las instituciones, la familia o la comunidad para atender adecuadamente algo que pudo evitarse.

 ¿INJUSTICIA SOCIAL?

P: ¿Considera que hay de fondo una percepción de que los delincuentes son producto de situaciones sociales de injusticia y que por eso hay lo que a menudo se percibe como mano blanda hacia ellos? Lo pregunto aunque usted recién explicó algunas de estas situaciones.

R: En las últimas dos décadas no han cesado de incrementarse las penas para delitos existentes o la creación de nuevas figuras delictivas, sin obtener éxito alguno. El mejor ejemplo es la llamada Ley de Seguridad Ciudadana de 1995, votada por todos los partidos políticos incluido el Frente Amplio, que entre otras medidas elevó la pena para la rapiña a cuatro años y medio de prisión inexcarcelable. El resultado: pocos años después las rapiñas se duplicaron y la población carcelaria se triplicó.

 Con el consecuente hacinamiento carcelario, apareció un nuevo fenómeno: los "ajustes de cuenta" y el traslado de la "cultura carcelaria" a los barrios más pobres, y hoy tenemos un 40% más de homicidios debido a dichos crímenes. La "mano dura" logró lo contrario de lo que se proponía. Vale destacar que la pena mínima para una rapiña "cuesta" más que para un homicidio, o sea un delito contra la propiedad puede ser más gravoso que uno contra la vida, un análisis objetivo de la legislación y en términos comparativos con otras realidades no permite afirmar que exista "mano blanda".

Otro tema es qué se hace en los centros de reclusión para que esa persona retorne a la sociedad en mejores condiciones respecto a las que entró, algo que evidentemente el actual funcionamiento del sistema carcelario no logra.

DOS PAÍSES

P: Un problema que se agudiza cada vez más a raíz del incremento de la violencia es la sensación de que hay dos países, dos Uruguay muy separados, aunque diferencias sociales siempre hubo.  ¿Es irreversible?

R: Ciertamente que se ha consolidado una imagen de sociedad partida, aquel país de cercanías, de rápida movilidad social y tolerante se ha perdido. Por múltiples razones se han acumulado procesos, a las desigualdades que existen en todas las sociedades, se sumó luego la segmentación de servicios (no es lo mismo la escuela pública en la costa que en la zona oeste, por ejemplo); y más recientemente algo nuevo y muy negativo: la segregación. El sentimiento de rechazo al otro que se alimenta del miedo y la inseguridad que nos genera el joven, el pobre que tiene determinado color de piel y se viste diferente; es un deseo cada vez más profundo de aislarlo, no tener contacto y que lleva a que se empiece a pregonar que no pertenecen a la sociedad y constituyen una especie humana distinta. Y esta impresión es grave, porque atribuirles todos los males y quitarles la condición humana a los más excluidos, es el paso previo para luego exigir su eliminación.

SÍMBOLOS DE LO PEOR

P: La gente suele aferrarse a símbolos. Florencia Cabrera, que pagó con su vida en el supermercado en La Blanqueada , fue el más reciente. El asesino es otro, por el asalto en sí, por la sinrazón de haber disparado a esta joven cuando-pensando en términos de la dinámica interna del crimen- ni siquiera lo necesitaba para robar, ya había robado. ¿Hay algo distinto, especial, en ambos, cada uno por su lado, o es simplemente la terrible acumulación de crímenes lo que lleva a la gente a sentir que esto está cada vez peor?

R: Lógicamente que la extrema e innecesaria violencia desatada en este crimen nos llena de profunda angustia y el sentimiento que todo empeora cada día por la acumulación de casos. No obstante, y haciendo el esfuerzo de analizarlo fríamente no resulta un tipo de crimen común en nuestra sociedad. Empezando por el homicida que de acuerdo a las informaciones reuniría en su persona tres tipos diferentes de actos criminales en escaso tiempo: homicidio por ajuste de cuentas de un joven en La Teja, el femicidio de su novia y el caso de la cajera como resultado de la rapiña.

Y aquí corresponde destacar algo que estaba implícito en las respuestas anteriores: aparentemente los anteriores crímenes no fueron suficientemente investigados en tanto se producen o tienen como protagonistas personas pobres. De acuerdo a la fiscal que tiene el caso del femicidio de su novia, existió un escaso interés policial por ubicarlo por tales hechos. Nos queda la idea que de haberse actuado distinto antes, este crimen pudo ser evitado.

P: ¿Se puede terminar con esta situación? ¿Se puede poner fin al crimen y a la delincuencia exacerbada?

R: Sin duda que el actual estado de situación puede ser mejorado notoriamente. Dicho muy esquemáticamente invirtiendo más y mejor con una mirada integral del problema, donde por supuesto deben estar los mecanismos de represión del delito pero también el horizonte de mejorar las condiciones de vida de muchos ciudadanos que no tienen perspectivas a pesar del favorable ciclo económico. Siempre sostengo que no existe otro camino, si queremos quitarle el arma a un joven, que la única posibilidad de éxito es darle un futuro. Y que esta tarea requiere de grandes esfuerzos y acuerdos políticos interpartidarios a largo plazo. Por supuesto, esto no podrá "fin" al crimen, algo que es inherente a la condición humana desde los lejanos tiempos en que fuimos seducidos por el "fruto prohibido"; pero sin duda podemos hacer mucho para reconstruir los niveles de convivencia del pasado mejorando la seguridad.

A MODO DE RESUMEN

P: Todas las explicaciones que ha detallado sobre el papel de la problemática socio económica como trasfondo que explica gran parte del problema de la delincuencia y la violencia ¿no eximen demasiado a los criminales de su responsabilidad? Lo planteo porque lo que hay no son solamente robos para tener lo que uno no puede comprar sino una gran violencia, asesinatos sin sentido. 

R: Sin duda en ocasiones existen niveles excesivos de violencia, una agresión que va más allá de la necesaria para lograr el objetivo de hacerse de un bien. Es un desprecio por la vida de otra persona, que posiblemente se vincule con la desvalorización que los delincuentes hacen de sus propias existencias. Ciertamente que a veces "matan por nada", también lo es que mueren prematuramente y parece no importarles demasiado.  

Las interpretaciones sobre lo que está pasando, las razones más profundas de la extensión de la violencia no pretenden justificar ni quitar la evidente  responsabilidad que tienen los propios sujetos sobre sus acciones. Sí intento aportar elementos que permitan entender procesos de largo plazo y sus complejidades, ya que si nos quedamos exclusivamente en condenar los hechos, algo que por supuesto también hay que hacer, no podremos dar respuestas racionales y efectivas al problema.

P: Después de todo este detallado y profundo análisis ¿se puede resumir en pocas palabras quién tiene la culpa de la situación actual?

R: Hay quien a dicho que las sociedades tienen el tipo de delincuentes que se merecen. Antes que enumerar culpables, lo cual sería imposible detallar en breve espacio sin cometer injusticias u omisiones,  prefiero señalar que estamos frente a un problema que demanda la contribución de todos los ciudadanos. Pongo un ejemplo concreto, de la misma manera que resolver los problemas del sistema previsional, ya sea el déficit de la caja militar o el de los "cincuentones", es algo a resolver y financiar por todos; creo que la existencia de enclaves territoriales marginados durante décadas o la escasa proporción del gasto público social destinado a la infancia más vulnerable, son problemas que demandan el compromiso y financiamiento de toda la sociedad.

P: La verdad, salgo de esta entrevista más angustiada todavía de lo que la empecé.  Pero también agradecida por su tiempo y por lo que he aprendido. Muchas gracias.

R: A usted por esta invitación.