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Claudio Arbesún, el senador más joven de la historia: “No llego porque caigo del cielo”

El legislador habló de la “desconexión” política de las nuevas generaciones, la “rebeldía” de la izquierda y el “debate de ideas” en el FA.

15.10.2025 10:00

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2025-10-15T10:00:00-03:00
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Por Tomás Gebelin

Claudio Arbesún fue incluido en una lista al Senado sin tener la edad suficiente para asumir. En octubre de 2024, obtuvo dos bancas en la Cámara alta la lista 1001 del Frente Amplio, que lo tenía a él en la segunda línea. Debió esperar hasta setiembre para cumplir los 30 años y, casi un mes más tarde, se convirtió en la persona más joven de la historia en jurar como senador de la República.

Sociólogo de profesión, militante desde la adolescencia y secretario general de la Unión de la Juventud Comunista, asumió como tercer suplente de Constanza Moreira, quien destacó de Arbesún su “mirada crítica” y su aporte a la “renovación generacional”. 

Él la definió como una “compañera que quiere abrir caminos de transformación”. “Lo tomo como un respaldo y como el reconocimiento de alguien que ve en mí a un compañero de ruta. También es una oportunidad de aprendizaje, porque Constanza tiene una inmensa trayectoria”, comentó en entrevista con Montevideo Portal.

Pese a su reciente juramento en la Cámara alta, Arbesún ya había asumido como suplente en Diputados, donde estaba enfocado en temas de defensa, seguridad y convivencia, Inisa y cárceles. “Yo milito hace muchos años y me ha tocado asumir distintas responsabilidades. Siempre trato de hacerlo con la misma seriedad”, dijo.

Yo no llego porque caigo del cielo ni porque tengo talentos magníficos, sino que es fruto del trabajo de mucha gente y de compañeros también jóvenes como yo que trabajaron mucho durante la campaña. Ese espacio de representación hay que cuidarlo, para que no sea una rara avis que haya un joven en la Cámara de Senadores”, agregó.

Las preocupaciones de los jóvenes

Su doble rol —como legislador suplente y como referente de la juventud comunista— lo ubica en un cruce particular entre la gestión institucional y la militancia de base. Señala que la principal preocupación de su generación pasa por las condiciones de vida: el acceso al trabajo, la vivienda y la educación.

“Los jóvenes uruguayos nos enfrentamos a dificultades a la hora de acceder al empleo. Y cuando lo conseguimos, muchas veces es en condiciones precarias. Uno de cada dos jóvenes que trabajaba ganaba menos de $ 25.000 al cierre del período anterior. Eso condiciona todo: la posibilidad de proyectar un hogar, estudiar o tener un proyecto de vida que valga la pena ser vivido”, aseguró.

El legislador opinó que “a veces” se habla sobre los jóvenes con “mucha liviandad”, sobre que “no tienen proyectos a largo plazo” o no se “comprometen”. “Muchas veces, las condiciones de vida a las que accedemos y los instrumentos que tenemos no nos permiten pensar en ese largo plazo; se está más preocupado por saber si voy a poder pagar el alquiler, llegar a fin de mes, conseguir trabajo o seguir en la carrera”, enumeró.

Juventud, política e irreverencia

También advierte que el sistema político no siempre da respuestas a esas realidades, lo que alimenta una brecha entre las nuevas generaciones y las instituciones. “Yo creo que hay causas que nos interesan particularmente a los jóvenes; tenemos una dosis de irreverencia y de no querer hacernos cargo de una sociedad que funcionaba de determinada manera con determinados prejuicios”, comentó.

“En ciertos sectores de la juventud, hay una tendencia a asumir algunas cosas de mejor manera; en su momento fue la diversidad, pensar en la legalización del mercado de la marihuana y otro montón de temas. Eso no implica que todo lo demás que se supone que hace a la agenda de política pública no le interese a los jóvenes”, argumentó.

“Me parece que la desconexión que a veces se da entre la juventud y el sistema político no responde tanto a que los temas no se relacionen con sus intereses. Yo creo que los jóvenes están preocupados; lo que ves es que el sistema político muchas veces no da respuesta, no interactúa con sus demandas y con sus necesidades, entonces se busca por otro lado”, afirmó.

El fenómeno Milei y los riesgos de la frustración

Uno de estos ejemplos de la canalización de las frustraciones “llevado al extremo” es el de Javier Milei en Argentina, que ganó con “mucho voto juvenil” y de “sectores populares”. “Eso, de alguna manera, pone sobre la mesa que la democracia y los derechos no están llegando a todo el mundo”, comentó.

Arbesún coincide en que la izquierda tiene un desafío frente a los movimientos de derecha y su conexión con los jóvenes, motivo por el que el Frente Amplio “tiene que volver a ser el abanderado de la rebeldía”. “Muchas veces no estamos sabiendo canalizar la rebeldía de quienes quieren cambiar las cosas. Hay que volver a discutir lo que es justo: ¿es justo que tengamos un mercado de trabajo que expulse a los jóvenes o que les pague sueldos de hambre? No. Entonces, discutamos cómo cambiarlo”, indicó.

“No digo que no tengamos estandarte de la rebeldía, pero en muchos aspectos y en muchos países ese terreno lo ha ido ganando la derecha, canalizando la frustración hacia aquellos que no son los causantes de la desigualdad, como los migrantes y las minorías sexuales”, advirtió.

Uruguay ante la apatía política

Muchas veces se ha dicho que un fenómeno como el de Milei no se podría replicar del otro lado del Río de la Plata. Arbesún dijo que Uruguay tiene algunas “autodefensas”, como una “cultura muy arraigada vinculada al Estado y a la solidaridad”, pero que “no es imposible” que eso ocurra, y advirtió que hay un “crecimiento de la apatía” hacia el sistema de partidos uruguayo que es un “elemento a tener en cuenta”.

“Hay un crecimiento del voto en blanco o del voto desinteresado. Quizás van y votan, pero todos los sondeos de opinión previos a las elecciones muestran mayor desconocimiento de los temas que trata cada candidato; se va perdiendo el valor de la participación democrática. Por el lado de la apatía podemos tener un problema”, afirmó.

Acerca de los primeros meses del gobierno de Yamandú Orsi, Arbesún consideró que el Frente Amplio tiene un “desafío enorme”, porque “logró en campaña electoral colocar iniciativas programáticas que se asocian a las principales preocupaciones de la sociedad”  y el contexto es “sumamente restrictivo”.

“Hay un énfasis fuerte en que un país que produce la cantidad de alimentos que produce no puede tener un tercio de los niños en la pobreza, además de desafíos en educación y en seguridad, con un déficit fiscal que es el peor que le ha tocado asumir a un gobierno desde la reapertura democrática”, señaló.

Los desafíos del gobierno de Orsi y el debate interno de la izquierda

Como dirigente de la juventud comunista, fue consultado sobre las críticas al gobierno que hubo de parte de militantes frenteamplistas que reclaman un “empujón del timón hacia la izquierda”, y respondió que el debate de ideas interno “no es y nunca fue un problema”.

“Ningún proyecto de izquierda puede carecer del debate de ideas, mucho menos del debate de ideas que busca poner sobre la mesa alternativas para las necesidades y las condiciones actuales. Eso no inhabilita que los frenteamplistas estemos orgullosos de haber obtenido el gobierno y orgullosos de que los primeros pasos que se han venido dando tienen algunas señales positivas”, destacó.

Arbesún reivindicó que el Frente Amplio se haya formado en los años setenta gracias a un “debate de ideas honesto” en el que se juntaron cristianos, comunistas y socialistas. “Es normal que en estos primeros meses se generen estas tensiones por los ritmos con los que cada uno cree que tendríamos que avanzar, pero no lo veo como un problema”, finalizó.

Por Tomás Gebelin