A diez años de la llegada a Uruguay de los presos liberados de Guantánamo, Christian Mirza revive una experiencia que lo marcó para siempre. El asistente social y docente universitario fue designado como “nexo” entre el Estado uruguayo y aquellos hombres que venían de uno de los lugares más oscuros del planeta. Hoy, mientras prepara un libro sobre aquellos años, vuelve a poner el foco en la política de refugio, esta vez a propósito de las familias palestinas que buscan asilo en Uruguay y de un conflicto que define como “la causa de la humanidad”.
“Lo veo con una mezcla de sentimientos, un poco de nostalgia. Nostalgia de estar al lado de ellos, de tratar de que pudieran integrarse a la sociedad uruguaya. Y al mismo tiempo también con un sentimiento de responsabilidad, sobre todo respecto a lo que debería ser la política de Estado hacia los refugiados”, dice Mirza en entrevista con Montevideo Portal.
De “dar una mano” a ser “el nexo”
Su llegada al rol fue, según cuenta, casi casual. En 2014, cuando desembarcaron los expresos de Guantánamo en Montevideo, lo llamaron desde la Cancillería para conversar sobre la decisión de José Mujica. “Yo le dije al canciller Rodolfo Nin Novoa: ‘Si querés, te doy una mano’. Y ahí empezó todo. A los pocos días me llama la secretaria del ministerio y me entregan una resolución firmada por Tabaré Vázquez y por Nin que me designaba como nexo y punto focal con los refugiados. Y en carácter honorario”, recuerda.
La notoriedad fue inmediata: “Los medios me perseguían, me hacían guardia en la puerta de casa. Una vez salí y me encontré con una periodista que me dijo que estábamos en vivo. En la calle, sin avisar. Y yo pasé a ser simplemente ‘el Nexo’. En las estaciones de servicio los pisteros me gritaban ‘¿cómo andás, Nexo?’. En los boliches también me reconocían. No tenía ni nombre ni apellido”.
Mirza vivió de cerca los conflictos y contradicciones de aquellos meses. Desde las primeras protestas frente a la Embajada de Estados Unidos hasta la huelga de hambre de Jihad Diyab, uno de los refugiados, que puso a prueba al gobierno. “Fue una locura. Él se fue del país, por lo menos, tres veces. Yo tenía su teléfono, le mandé mensajes, pero nunca me contestó. Quería ir a Turquía y de ahí a Siria. Era un delirio”, cuenta.
La experiencia incluyó también momentos íntimos: “Un día vinieron casi todos a casa; almorzamos con mi compañera y mi hija más chica, que tenía 3 años. El vínculo que se desarrolló entre la niña y estos hombres fue increíble”.
Un libro pendiente
Toda esa vivencia será plasmada en De Guantánamo al Uruguay, crónicas con los refugiados, un libro que Mirza espera publicar este año. “Está dividido en diez capítulos. Empiezo relatando cómo llegué a ser el Nexo y hago un análisis del contexto internacional que llevó a Mujica a tomar la decisión. Incluyo entrevistas al propio Mujica, anécdotas, diálogos y aprendizajes que, creo, deberían acumularse como experiencia para la política exterior del país”.
El genocidio en curso y la utilización de la hambruna como arma de guerra son crímenes de lesa humanidad
Lecciones para Palestina
Ese bagaje, afirma, hoy es insumo para pensar cómo Uruguay puede responder a las solicitudes de refugio de familias palestinas. “Cuando el canciller dijo que iba a traer jóvenes palestinos para formarlos en agricultura y devolverlos a Cisjordania, yo discrepé totalmente. ¿Qué sentido tiene formarlos para enviarlos prácticamente a la muerte? Lo correcto es darles refugio y asilo político. Eso sí es acumulación de aprendizajes de la experiencia de Guantánamo.”
Mirza reveló que actualmente hay pedidos concretos: “Antes de venir a esta entrevista, recibí un llamado de la directora de Derechos Humanos de la Cancillería por la solicitud de dos familias palestinas, en total 11 personas, que están desesperadas por venir. Y sabemos que hay al menos ocho familias más. Para que eso sea posible, tiene que haber una decisión política. Yo exhorto al presidente de la República y al canciller a que efectivamente puedan tomar esa decisión”.
Pensar que todo empezó el 7 de octubre es un error: son 80 años de colonización y limpieza étnica
Un genocidio en curso
Su compromiso con la causa palestina es frontal. “El genocidio que está en curso y la utilización de la hambruna como arma de guerra son crímenes de lesa humanidad. Pensar que esto empezó el 7 de octubre es un error: hay 80 años de colonización y limpieza étnica. Desde el Plan Dalet de 1948 hasta las masacres y expulsiones en Cisjordania, todo esto responde a un proyecto colonial por asentamiento.”
Mirza utiliza términos que generan polémica: “Hablo de nazi-sionismo porque hay una ideología supremacista semejante a la del nazismo del siglo XX. Cuando altos funcionarios de Netanyahu dicen que los palestinos deberían ser arrojados al mar Muerto, ahí hay una idea de exterminio. No es invento nuestro: son sus propias palabras”.
Dos Estados o una utopía
Sobre el futuro, sostiene la fórmula clásica de los dos Estados con fronteras de 1967, pero reconoce las dificultades: “¿Qué viabilidad tiene un Estado palestino en Gaza con el 80% destruido? Gaza hoy es escombros y muerte. Para que exista un Estado palestino debe terminar la ocupación, retirarse las fuerzas de Israel, desmantelar el muro y los checkpoints, y reconocer los derechos plenos de autodeterminación”.
Sin embargo, Mirza también confiesa su utopía: “La de aquellos judíos y musulmanes que en 1925 soñaban con un Estado binacional, no confesional, donde convivieran cristianos, judíos y musulmanes. Porque, antes de 1948, convivían pacíficamente. No es un problema religioso: es un problema colonial, ideológico y geopolítico”.
“La causa de la humanidad”
El académico resume su visión en una frase: “La causa palestina es la causa de la humanidad. Porque ver niños esqueléticos, ver gente que busca un saco de harina y es ametrallada, supera todos los límites morales. Si no lo detenemos, significa que no aprendimos nada del siglo XX”.
Convencido, asegura que seguirá hablando y militando: “Puedo seguir cinco horas más. Me dicen ‘paralo, paralo’, pero es que la causa lo exige. Y hay que insistir hasta que la humanidad despierte”.