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Do, re, mi

Cantante lírica uruguaya emigró a Francia y hace cinco años logró sueño de vivir de su voz

Vive en Estrasburgo desde 2021, donde integra ensambles y canta en coros de ópera tras años como docente en liceos uruguayos.

11.09.2026 10:09

Lectura: 8'

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Por Avril Andrés
  [email protected]

Manuela Rovira tiene 44 años, es contralto —la voz femenina más grave en la ópera y la música clásica— y hace cinco años cumplió el objetivo que la había movido toda la vida: vivir del canto. No en Montevideo, donde se formó y trabajó durante años como profesora de música y directora de coros en liceos, sino en Estrasburgo, Francia, donde hoy integra ensambles, canta en coros de ópera y actúa como solista.

Egresada del Instituto de Profesores Artigas (IPA), su carrera tuvo varias escalas, como Buenos Aires y París, e idas y vueltas entre continentes, hasta que Estrasburgo se convirtió en su base definitiva desde 2021.

El timón siempre fue el canto

La decisión de irse no fue repentina. Durante años, Manuela sintió que su vida profesional en Uruguay estaba desbalanceada.

“En Uruguay me desempeñaba laboralmente sobre todo como profesora de música y daba muchas clases de canto, pero me costó encontrar los lugares para desarrollarme como cantante”, recuerda en diálogo con Montevideo Portal, y agrega: “Tenía la sensación de que enseñaba demasiado a cantar y cantaba poco”.

Antes de radicarse en Europa, tuvo una experiencia que anticipó el rumbo. En 2016 viajó a Buenos Aires para trabajar como refuerzo del coro del Teatro Colón, donde estuvo casi un año.

“Después ya no había más lugar en el coro del teatro y volví a Montevideo, retomé ­[el trabajo en] secundaria y al final salió una oportunidad de integrar un coro para una producción en París y por supuesto que acepté”, cuenta.

Esa producción fue Dido y Eneas, la ópera de Henry Purcell. Un amigo cantante que trabajaba en París sabía que buscaban una contralto. Y Manuela entró. Esa participación le dio el titre de séjour, el permiso de residencia francés.

“Yo hacía muchos años que me quería venir a Europa, pero no tenía papeles y no es fácil. Esto de tirarme, venir a hacer audiciones, a ver cómo me iba, era un poco complicado”, explica.

Pero tener el permiso de residencia no alcanzaba para instalarse definitivamente. Lo que siguió fueron dos años de idas y vueltas: cuatro meses en París, seis meses de regreso a secundaria en Uruguay. “No lograba instalarme, ni en un lado ni en el otro”, recuerda Manuela.

Un sueño cumplido

El punto de quiebre llegó a través de otro amigo, el cantante lírico Álvaro Vallés, radicado hace años en Estrasburgo, que la alojaba en sus visitas. A través de él, conoció a Catherine Bolzinger, directora artística del Coro Filarmónico de Estrasburgo.

“Ella me dio esa primera oportunidad que fue cantar como solista”, recuerda Manuela. La obra era el Canto General de Mikis Theodorakis. Era 2020, en plena pandemia, y el concierto se postergó para 2021. Cuando volvió para cantarlo, se quedó para integrar Voix de Stras, un quinteto femenino de países distintos dirigido por Bolzinger, que hace música a capella y polifonía con tendencia a la escritura contemporánea.

Además, forma parte de listas de refuerzos en varios coros de ópera: la Ópera del Rin, la Ópera de Dijon y el Coro de Radio France en París.

“Estoy en varias listas de distintos teatros y cada tanto me llaman para ir suplantando, que es algo que me gusta mucho hacer”, comenta Manuela.

La vida de cantante independiente en Francia implica estar en movimiento constante, hacer audiciones con regularidad y sostener la actividad desde múltiples frentes. El sistema de seguridad social para artistas independientes (sécurité sociale des artistes-auteurs) permite que todo ese trabajo disperso se regularice y genere cobertura.

“Francia es un país con muchísimo más dinero, pero además hay políticas e inversión en la cultura por la gente, no por los artistas, sino por todos”, subraya Manuela.

Cuando puede, sigue dando clases de canto, pero de manera particular, sin atarse a una institución. “Desde que vivo en Francia me propuse no buscar trabajo como profesora en una institución, porque yo sabía que si yo hacía eso después me iba a ser muy difícil ser cantante independiente”, explica y señala que la flexibilidad horaria es lo que le permite moverse cuando hay giras o conciertos.

Pero, ¿qué tanto francés sabía Manuela antes de arribar al país?

Según relata a Montevideo Portal, la cantante lírica perteneció a la última generación que tuvo al francés como lengua extranjera curricular obligatoria en la educación pública uruguaya. “Durante los seis años de liceo tenía dos horas de francés por semana. Por supuesto que no hablaba francés, pero me ayudó muchísimo”, recuerda. A eso se suma el trabajo cotidiano en alemán, italiano e inglés, lenguas ineludibles para cualquier cantante lírico.

“Es un sueño”, dice sin dudar. “Cuando uno piensa en ser cantante y empieza la carrera del canto lírico, hay como la idea de tener que ser solista, de grandes producciones de ópera. Como que ese es el éxito. Pero hay otro tipo de éxito. Para mí la realización era poder vivir del canto. A mí me gusta cantar en coro, cantar como solista, cantar en ensemble y estoy teniendo la suerte de poder hacerlo en este momento. Así que puedo decir que sí es un sueño cumplido”, afirma.

Lo que Uruguay no pudo dar

Manuela reconoce que en Uruguay hay una brecha estructural entre la formación de los artistas y el mercado laboral.

“Uruguay tiene muy buen nivel en la formación musical, tenemos voces maravillosas, pero es verdad que la mayoría de los cantantes uruguayos no podemos trabajar, no podemos ganar dinero”, afirma.

“Creo que se valora mucho al músico, al artista en general. El problema es que no tenemos lugares para desarrollarnos”, dice, y aunque la música clásica puede sonar prestigiosa en el imaginario colectivo, las plazas estables son muy pocas.

“La mayoría de los músicos, salvo los que ocupan puestos en los cuerpos estables, en las orquestas, en la banda sinfónica, en el Coro Nacional del Sodre, la gran mayoría tienen otros trabajos, como docentes o hasta en otros rubros”, señala.

Su mirada sobre la realidad para los artistas en Uruguay es concreta. “Yo creo que no es ni falta de formación ni falta de valoración, sino que deberíamos tener otro coro profesional, por ejemplo. No solamente el Sodre, el Teatro Solís debería tener uno”, dice. Y agrega: “Hay que predestinar parte del presupuesto a cargos públicos para poder darle a la gente. Es una inversión, como con el Sodre, para el pueblo uruguayo, para el acceso a la cultura”.

También señala la centralización como un problema. “Aquí en Francia las ciudades no tan grandes ni tan importantes tienen su teatro, su ópera, su coro, su orquesta y su ballet. Entonces hay muchas oportunidades en otras zonas, no solamente en la metrópolis. En Uruguay tenemos que estar todos en Montevideo”, dice.

¿Volvería a vivir en Uruguay? “Si tuviera de pronto unas posibilidades profesionales como las que tengo acá, sí, pero como es tan inviable, ni lo pienso. Ni me lo planteo”, responde.

VOLVER PARA CANTAR

Sin embargo, Uruguay está en su agenda de diciembre. Y de una manera especial porque va a cantar por primera vez en su país desde que se fue a Francia en 2021. Además, va a debutar en el Sodre, donde será contralto en la Gala de Navidad el 23 de diciembre, cuando se interpretará El Oratorio de Navidad de Saint-Saëns.

Esa convocatoria le abrió el apetito para hacer más. Junto a la organista Noelle Fostel está presentando un proyecto de concierto navideño para voz y órgano, con repertorio que abarca desde el barroco alemán hasta compositores de los siglos XIX y XX. Las sedes previstas son la Iglesia Evangélica Valdense en Colonia Valdense, la Catedral de Paysandú y la Catedral Basílica San Juan Bautista de Salto.

“Estamos coordinando y fijando las fechas. Esperamos que se confirme y que sea un próximo viaje lleno de música”, dice con entusiasmo.

Sobre el futuro más largo, Manuela no tiene un mapa trazado, pero sí una certeza.

“No sé dónde voy a estar dentro de unos años, pero tengo la sensación de que me voy a quedar por la vuelta y me voy a quedar viviendo este sueño de vivir del canto. Cantando sola, cantando en ensamble, cantando en coro. Me proyecto cantando y contenta”.

Por Avril Andrés
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