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Canobbio: "Una copa queda abandonada en la vidriera, quiero dejar infraestructura"

El exfutbolista y presidente de Progreso dice que no le atendió una llamada a Tabaré Vázquez. Quiere que lo consideren como "uno más".

21.11.2019 08:21

Lectura: 22'

2019-11-21T08:21:00
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Por César Bianchi
@Chechobianchi

Fotos: Juan Manuel López


Tenía 9 años cuando vio salir campeón uruguayo a Progreso, vio la vuelta olímpica en la cancha de Central Español colgado del alambrado, y acompañó la caravana hasta La Teja con medio cuerpo afuera del auto de sus padres. Pasó su infancia entre canchas de baby fútbol y canchas de bochas. Nunca le tiraron los manyas ni los bolsos, era gaucho sí o sí por transmisión hereditaria. La misma pasión que él le inculcó a sus cuatro hijos.

Fabián Canobbio dejó el fútbol a los 34 por una rebelde lesión, y ni se planteó ser director técnico. En una charla informal entre dirigentes de Progreso se mandó la bravuconada de decir que "algún día" él sería el presidente de "los gauchos del Pantanoso", y los veteranos se lo tomaron en serio. Tan en serio, que 10 días después, en comisión directiva, se lo plantearon como un asunto de Estado, prácticamente. Era el elegido: un referente de la institución, ex futbolista formado en el club con extenso trayecto europeo, jugador de selección, e hincha. ¿Quién otro? Canobbio aceptó el reto cuando el equipo estaba en Segunda División, tecleando. Pasó algunos dilemas, sorteó huracanes y lo subió a Primera. Ahí se dio el gusto de no atender una llamada del presidente Tabaré Vázquez -porque era un número desconocido-, y ahora, el mismo Progreso que deambulaba en la B, pelea por ganar el Torneo Clausura que lo tiene como primero (luego de haber obtenido ayer en la Cámara de Disputas de la AUF dos puntos por un reclamo ante Cerro, que presentó un jugador inhabilitado).

Tras haber llevado a Nacional al Parque Abraham Paladino, y a punto de llevar a Peñarol a su feudo, Canobbio (39) se siente en su salsa, aprendiendo de presidentes de traje y corbata, pero sin nunca dejar de pensar como futbolista, para que a sus ex colegas no les falte lo que él no tuvo.

-¿De chico querías ser futbolista?

-Sí, sí. Desde que tengo uso de razón corriendo atrás de una pelota, después lo temprano que subí a Primera, el tema selección de juveniles, tuve que dejar los estudios de lado, y a partir de los 16 años ya me enfoqué en el fútbol.

-¿Tuviste el dilema de dejar los estudios para dedicarte al fútbol, o no fue un problema dejar de estudiar?

-Yo ya había empezado a entrenar en la selección juvenil, estaba en Primera de Progreso, y en ese momento no conseguí horario para estudiar, y bueno, paré un tiempo de estudiar y después me costó mucho retomar. Al año siguiente ya estaba consolidado en Primera, y me enfoqué tanto en el fútbol, que nunca volví. Al día de hoy muchas veces me arrepiento, porque después crecés y ves que el jugador de fútbol tiene bastante tiempo libre, y puede dedicarlo a estudiar o tener una formación cultural mayor. Pero las cosas se dieron así. Hice hasta tercero de liceo, me quedaron algunas materias para aprobar tercero.

-En 1999 integraste la selección juvenil Sub 20 de Nigeria donde Uruguay fue cuarto. Compartías ofensiva con Chevantón y Forlán. ¿Qué recuerdos tenés de ese Mundial?

-Los mejores. Nigeria es un país peculiar. Vivimos una experiencia fuerte a nivel humano, por la pobreza que vimos. Era tal cual lo que uno veía por televisión. A veces pensamos que eso está un poco desvirtuado, pero no, era tal cual la pobreza. Me acuerdo de niños pidiéndonos botellas de agua cuando salíamos de entrenar, les dábamos las botellas de agua y las besaban, porque al no tener agua potable, eso era oro. Se bañaban en lugares que eran prácticamente charcos de lodo... Y el hambre se percibía día a día, cuando nos trasladábamos de un sitio a otro. Eso nos marcó.

Después, el Mundial se dio de muy buena forma, jugamos la semifinal del mundo y terminamos cuartos. Creo que es un resultado más que digno.

-¿Siempre fuiste hincha de Progreso?

-Sí, sí. Mis abuelos vivían a dos cuadras del Paladino, ahora actualmente viven mis tías. A dos semanas de nacido ya me habían llevado a la cancha. Fue lo que me inculcaron desde bebé. No tuve mucha opción. A dos cuadras vivían mis abuelos y después mis padres se hicieron la casa pegado, en el mismo terreno, y ta... estaba en la zona. A nivel deportivo era el fútbol y las bochas, porque mi abuelo y mi padre jugaban a las bochas. Mi padre se dedicó muchísimos años a jugar a las bochas. Mi infancia pasaba entre las canchas de fútbol y alguna cancha de bochas. Y jugué desde el baby fútbol en Progreso. Hasta que fui a Peñarol, jugué 13 años ininterrumpidos en Progreso.

-Precisamente, la rompiste en Progreso, y llega Peñarol en 2001. ¿Te quitaba el sueño ir a un cuadro grande? ¿Eras simpatizante de alguno?

-Nunca me quitó el sueño. Sí se dio en mi carrera que todo fue muy dinámico, sin mucho tiempo para pensar. Yo estaba entrenando en la selección de la B (Segunda División), estábamos por viajar a la India a jugar un torneo, terminé la Liguilla de ascenso -que no conseguimos- y enseguida me incorporé a la selección de la B. Y estaba a un día de irme a la India con ese plantel y me llaman que existía la posibilidad de irme a Peñarol, y al otro día, cuando mis compañeros estaban subiéndose al avión, yo estaba firmando contrato con Peñarol.

"Estaba a un día de irme a la India con la selección de la B y me llaman que existía la posibilidad de irme a Peñarol, y al otro día, cuando mis compañeros estaban subiéndose al avión, yo estaba firmando contrato con Peñarol"

-¿Te daba lo mismo cualquiera de los dos grandes?

-Yo quería crecer profesionalmente, pero no era puntualmente ir a un grande, también podía haberse dado un pase al exterior, y para mí era lo mismo. Ya llevaba cuatro años en el primer equipo de Progreso, y sí tenía la necesidad de empezar a vivir otras cosas, de empezar a salir de mi hábitat de la niñez. Y por suerte se dio la chance de ir a uno de los grandes, y viví una experiencia inolvidable. Fue impresionante, tengo grandísimos recuerdos. Pero si me llamaba Nacional, era lo mismo. Yo era hincha de Progreso, y ya me había dado el gusto y el sueño que tenía de niño de jugar en el Paladino con el primer equipo. Lo demás era bienvenido.

-Jugaste siete años en Europa. Celta de Vigo, Valencia y Valladolid en España, y un año en el Lárisa de Grecia. ¿Por dónde pasan las principales diferencias entre el fútbol súper profesional español y el uruguayo? Porque por más carencias que tenga el fútbol de entrecasa, Uruguay sigue exportando jugadores de calidad de a decenas, año a año...

-Para mí va mucho en la formación. Acá, con los equipos que pueden lograr formar futbolistas desde muy pequeños, entrenando en campos con buenos pisos, buena infraestructura, normalmente hacen la diferencia. Pienso en Defensor (Sporting), Danubio, Peñarol y Nacional, ahora Liverpool también, tienen una buena infraestructura, acostumbran desde niños a jugar en ciertos terrenos de juego, y eso ayuda muchísimo a la formación del futbolista. A la hora de jugar en Primera división, los cambios son menores que el que se tiene que formar, como nosotros acá en Progreso... Yendo a mi experiencia personal, nosotros no teníamos infraestructura, entonces entrenábamos en canchas donde no se podía jugar al fútbol, era muy difícil jugar. Por ahí agarrás otras mañas, y eso ayuda después a desenvolverte dentro del campo de juego, pero no te ayuda a evolucionar.

La diferencia abismal está en la infraestructura, en los recursos. El fútbol, como todo deporte, se aprende por repetición. Y potenciás con la repetición. Pudiendo hacer muchos entrenamientos en una buena cancha y con una buena infraestructura, eso ayuda. El uruguayo tiene otro temperamento, otra hambre, que a la hora de llegar a Europa, cuando te brindan todo, te destacás. Te dan un buen lugar para hacer la recuperación, tenés cinco masajistas que te ayudan a recuperar y al otro día estás 100% otra vez. Entonces, claro, es donde realmente te sentís profesional: vos vivís para eso. Te controlan la masa grasa, comés bien, están encima tuyo, te brindan un contexto y te pagan acorde a lo que te exigen.

-¿Cómo podrías calificar tu pasaje por la selección uruguaya?

-Fue breve. Nunca tuve mucha continuidad. Yo debuté en el 2001, con Víctor Púa, me perdí el Mundial del 2002, y en el tiempo más largo que estuve, fue en inicio del proceso del Maestro Tabárez, estuve casi un año desde 2006 hasta la Copa América de 2007. Mirando lo que fue mi carrera en general, me saqué el gusto de jugar con la camiseta de Uruguay, participé de una Copa América y algún partido de Eliminatorias. Por supuesto que uno hubiese querido jugar un Mundial, pero son pocos los jugadores que llegan a la selección uruguaya.

-Cuando jugabas, eras visto por los periodistas deportivos (y nosotros, los hinchas) como un enlace de buen pie, de los que sabía con la pelota, y tenía buena pegada de media distancia, pero también tenías el mote de "lagunero" o "pecho frío". ¿Te afectó, cuando escuchabas eso sobre vos?


"Pecho frío suena a alguien que no tiene coraje... Y a mí me tocó -en el Mundial Sub 20- patear un penal contra Brasil en cuartos de final, en el minuto 85. Si lo hubiera errado, hubieran dicho: '¡Cómo le dieron el penal al pecho frío éste!'"

-No, nunca me afectó. Eso es según como se interprete. Si te tildan de "lagunero", puede ser, porque un jugador en esa posición puede que te cueste mantener la concentración o un ritmo de juego durante los 90 minutos, pero "pecho frío" suena a alguien que no tiene coraje... Y a mí me tocó -en el Mundial Sub 20 de Nigeria- patear un penal contra Brasil en cuartos de final, en el minuto 85. Lo pateé y tuve suerte que fue gol. Seguramente si lo hubiera errado, hubieran dicho: "¡Cómo le dieron el penal al pecho frío éste!". El fútbol se trata de eso: de no esconderte en partidos trascendentales, querer la pelota, intentarlo, no desaparecer del partido. Yo creo que siempre que lo intentás, estás demostrando que querés.

-Sos el primer caso de un ex futbolista que logra ser presidente de su club. Como Juan Sebastián Verón, pero de acá. ¿Cómo nace la idea?

-Nace un poco sin querer. Un día, hablando con dos compañeros que están en directiva -Flavio Ramón, el tesorero, y el secretario de actas que se llama Manuel Buroni-, mirando un entrenamiento del primer equipo, estábamos hablando de que se venían los 100 años... Y yo les dije que algún día sería presidente del club. Era una charla totalmente informal. Y a ellos les quedó eso. Entonces pasaron unos 10 días, y en una comida que hicimos, me propusieron que por qué no agarraba de presidente en ese momento (2017), y yo les dije que me parecía apresurado, que quizás más adelante.

Yo sabía que director técnico no iba a ser, porque no me atraía hacer algo parecido a lo que había vivido como jugador. Lo mirás de afuera, pero si vas a las concentraciones, al doble turno, entrenar todos los días, el técnico lo vive igual que un jugador. Por eso siempre dije que me interesaba más la parte dirigencial u organizativa. Ellos insistieron, y había un montón de dirigentes veteranos (de la época en que Tabaré era presidente del club), que estaban en esa comida, porque se estaban organizando los 100 años de Progreso, y ellos dijeron: "El momento es ahora". Y no hubo elecciones, no tuve competencia, y me impulsaron a que agarrara. Vieron con buenos ojos que un referente del club, que había sido futbolista, que era del barrio, y que amaba la camiseta, tomara esa posta. Y bueno, ahí fue que agarré.

-¿Cuál era la prioridad? ¿Ganar o sanear al club, que las cuentas estén en orden y que todos cobren en fecha?

-Yo creo que para ganar -el mérito más grande es de los futbolistas y los entrenadores-, creo que el contexto ayuda mucho a ganar. Hoy en día que el club tenga cierto orden, que el club esté lo suficientemente ordenado para que el primer equipo sienta ese respaldo y puedan desarrollar su trabajo de la mejor manera. Eso también te ayuda a ganar, y no hay que ser tan exitista como hoy en día, donde solo importa el resultado. Hay que estar pendientes de si los jugadores están bien o están mal, si vamos a jugar en esta cancha o en otra... Los futbolistas, si uno contrata buenos futbolistas, buenas personas y buenos profesionales, ahí el trabajo está por descartado; entonces el directivo perfectamente se puede dedicar a otras áreas del club, para que todo el contexto esté en armonía, haya unión. Y que la gente vea trabajo y transparencia. Eso ayuda a que los resultados se vayan dando.

-Pasaste de estar en la B (en Segunda), con el equipo décimo y a punto de descender, a este presente donde Progreso es primero en el Clausura a falta de tres fechas... ¿Cómo se explica?

-Creo que la explicación está en el trabajo, en la dedicación que le ponemos. Es el sentido de pertenencia que se transmite y le llega al futbolista y al entrenador. Yo no tenía tanto de presidente y estábamos viviendo un momento duro, y había que tomar una decisión, porque en ese momento había mucha gente desconforme con Marcelo Méndez, que era el entrenador. Y nosotros tuvimos el temple necesario para confiar en él, para evaluar que se estaba trabajando bien. Veíamos que los resultados no se daban, pero él era un buen entrenador. Vimos su trabajo y que el equipo perdía, pero por jugadas puntuales o no era que cualquier equipo venía y nos pasaba por encima. Entonces junto a los compañeros de directiva tomamos la decisión de respaldarlo, y un año después la gente acá adoraba a Marcelo, porque el equipo era de los mejores equipos del campeonato, de los más vistosos en Primera, y eso nos reconfortaba, porque ahí vimos que no nos habíamos dejado llevar por la pasión. Hubiera sido más fácil cambiar al técnico. Estábamos convencidos de que Marcelo podía sacar el equipo adelante y ese plantel también podía.

-¿Qué sacrificios se hacen en un cuadro chico, que el amante del fútbol no ve?

-Pah... nosotros para armar la logística de una semana, al no tener infraestructura, a veces no tenemos ni siquiera una misma cancha para entrenar. Acá en el Paladino casi no se entrena, una o dos veces por semana nomás. Entonces tenés que andar buscando otras canchas. No tenés recursos cuando llueve, no tenés un plan B. Y no querés usar la tuya, para no destrozarla y cuidarla. Tenés que salir corriendo a alquilar una cancha de fútbol 5 o alquilamos la de Rentistas, que tiene césped sintético. Vivimos el día a día...

Acá lo que transmitimos es un sentido de igualdad también. Nos involucramos todos en todo. A mí me puede parar cualquier hincha o socio y decirme qué inquietud tiene, qué se puede desarrollar en el club, o algún sector que tendríamos que atender. Y los escuchamos. Soy un presidente cercano. Tienen las puertas abiertas. Nos reunimos todos los lunes y los socios lo saben, el que quiera ir puede ir a plantearnos cualquier situación y los atendemos. Ahora, puntualmente, cuando tuvimos que traer a Nacional tuvimos que hacer un montón de arreglos, lo que más se precisaba era mano de obra y nos involucramos todos. Salimos a pedir tejido, alambres, alguna herramienta que hiciera falta, una empresa puso esta tribuna donde estamos nosotros. Esto lo costeamos nosotros... Ahora, tenemos otro costo para traer a Peñarol, y el domingo pasado que fue el Día del Hincha de Progreso (el 17 de noviembre), la gente se estaba moviendo para ver cómo generar recursos para pagar las tribunas para el partido contra Peñarol (rifas, colectas). Y mantener eso, más allá que uno apuesta, a ser profesional, también está bueno que eso no se pierda. Es parte de la esencia. Que no se pierda eso de ser una familia, de todos colaborar, de todos dar una mano. Es parte de la identidad del club.

-¿Ahora pensás como un dirigente o seguís pensando como un futbolista?

-Un poco de las dos. Pensar como futbolista no se te va de un día para el otro. Sigo pensando como futbolista, pero ahora tengo un mix, y pienso también como dirigente. Y está bueno, porque ver muchas circunstancias desde la perspectiva del dirigente está bueno. Hay situaciones que me han tocado vivir como dirigente que como futbolista ni las pensaba.

-¿Cómo te llevás con tus pares, dirigentes de traje y corbata que, quizás, piensan como empresarios?

-Me llevo bien con ellos. Me siento cómodo. Ahora con el tema del proceso de la intervención en la AUF, hubo un montón de reuniones, y saqué muchas cosas positivas, y fui aprendiendo también. Lo que me falta es la parte política. En lo deportivo me puedo desenvolver bien porque tengo conocimiento, pero en la parte política estoy aprendiendo. Me he sorprendido gratamente con muchos presidentes, por sus ideas, por las ganas que tienen de que el fútbol uruguayo mejore y al mismo tiempo las ganas de luchar para que ello se lleve a cabo.

"Para jugar contra Nacional salimos a pedir tejido, alambres, alguna herramienta. Ahora la gente se estaba moviendo para generar recursos para pagar las tribunas para el partido contra Peñarol (rifas, colectas). Que no se pierda eso de ser una familia"

-¿Te sentís cercano a las reivindicaciones del movimiento Más Unidos que Nunca?

-(Piensa) Sí... Lo que no comparto es que se hizo demasiado mediático. Creo que se podrían haber conseguido muchísimas cosas hablando más de puertas hacia adentro. Capaz que es porque yo soy de perfil bajo, no me gusta la exposición pública, y eso no va mucho conmigo.

-"Progreso es un club especial. Es un club caliente. La gente apoya pero al mismo tiempo exige" le dijiste a Silvia Pérez en nota con Ovación. ¿No es así en todos los clubes? ¿El hincha no apoya pero exige ganar siempre?

-Creo que es un club especial, porque yo he estado en otros equipos y Progreso genera un compromiso que otros clubes no generan. El ver eso de que todos somos iguales, todos trabajamos a la par, eso se transmite al futbolista día a día -ver a la gente trabajar, la preocupación porque el club esté bien, y el futbolista esté bien-, creo que eso genera un plus dentro del jugador, y al mismo tiempo genera un compromiso, que en otros clubes es más difícil de conseguir. Conseguís que el jugador sea profesional, que defienda la camiseta, pero en este club se genera algo especial. O por lo menos es lo que yo noto en futbolista que vienen de otros clubes y acá se sienten cómodos, están a gusto, y se encuentran arropados.

-¿Te molestó que Álvaro Gutiérrez dijera: "Me hubiera gustado que fuera en una cancha más linda" en referencia al Paladino?

-Me lo tomé bien. Creo conocerlo a Álvaro (aunque no en persona), y no es un tipo mediático o de hacer declaraciones polémicas... Por eso yo le dije que a él le gustaría jugar en una cancha más linda, pero para mí iba a venir al estadio más lindo del Uruguay. Y de paso, se puede dar una vuelta por uno de los barrios más lindos e históricos de Montevideo. Capaz que hacía mucho que no venía por estos lados. Si fuera un técnico que lo dijera por provocador, capaz que lo tomaba de otro modo. Pero sé que él no es así.

-Y ahora llevan al Paladino a Peñarol... ¿Crees que tienen ventaja deportiva al jugar en su cancha frente a un grande?

-Creo que sacar al cuadro grande de su hábitat natural, y eso lo que hace es emparejar el trámite. Después, partidos son partidos. Por la estadística mismo, ves que a los cuadros grande les cuesta ganar en otras canchas, de cuadros chicos, y la idea es nosotros jugar en la cancha donde nos sentimos más cómodos -que es la nuestra- y al mismo tiempo lograr que eso ayude a que se empareje el trámite, y jugar más de igual a igual. Que no se note tanto lo que es la historia de Peñarol con lo que es Progreso.

-¿Tenés contacto frecuente o esporádico con el hincha de Progreso más famoso del país?

-No. Poco... o nada. Cuando subimos de la B a la A, un día me llamaron de un número raro y no atendí. Entonces me dejaron un mensaje diciendo que era de secretaría de Presidencia de la República, y yo no me lo creía. Al rato suena el celular y era el mismo número, ahí sí lo atendí y me pasaron con Tabaré, que quería felicitarme por el ascenso a Primera. Y después, bueno, nos vimos varias veces en los festejos de los 100 años del club, la inauguración del teatro, ahí compartimos varias charlas, así como en la comida de los 100 años. Pero no es como se piensa la gente que hablamos todos los días.

-Tenías 9 años en 1989. ¿Te acordás de cuando salieron campeones uruguayos?

-Sí, claro, me acuerdo del partido ante Central Español en el Parque Palermo. Me acuerdo de lo que fue el festejo, de la caravana desde el Parque Batlle a La Teja fue impresionante... Puedo decir que lo viví, lo disfruté y es una de las experiencias más lindas de mi infancia.

"Yo le dije a Gutiérrez que para mí iba a venir al estadio más lindo del Uruguay. Y de paso, se podía dar una vuelta por uno de los barrios más lindos e históricos de Montevideo. Capaz que hacía mucho que no venía por estos lados"

-La única vez que Progreso fue campeón uruguayo fue en 1989, cuando Tabaré Vázquez comenzaba su carrera política, como candidato a intendente de Montevideo. Ahora están cerca de ganar el Clausura, y son los últimos meses de mandato de Vázquez... ¿Casualidad?

-(Se ríe, y se queda pensando) Y... no sé... Hay mucha gente que sé que lo piensa, y se va a la numerología, los astros y cuanta movida haya. No hay dudas que alguna que otra coincidencia hay. Ojalá, todo lo que sea para gloria para el club, bienvenido. Capaz que podemos terminar con otra estrellita más en la camiseta.

-¿Cómo te gustaría dejar al club, cuando termine tu presidencia?

-Sobre todo, me gustaría dejar infraestructura. Me gustaría poder lograr el complejo para juveniles, que el Paladino quedara en condiciones para recibir al equipo que sea, y poder brindar nuestra casa sin tener que andar a las corridas como este año, sabiendo que podemos fijar nuestra casa ante cualquier rival sin tener inconvenientes. Más que nada eso. En la vida lo mejor, en el paso de uno por donde sea, es dejar algo. Y dejar algo en lo deportivo es maravilloso, pero queda ahí, una copa se recordará toda la vida, pero la copa quedará abandonada en una vitrina. Lo más lindo es dejar, por ejemplo, infraestructura que va a perdurar en el club. Y eso va a llevar a que se formen muchísimos futbolistas que a futuro, quién te dice, nos sigan sacando campeón.

-¿Y qué te gustaría que digan los jugadores y funcionarios de vos, cuando ya no estés en el club?

-Que digan que fui uno más. La intención es esa: que me recuerden como uno más, como una persona que se puso a trabajar a la par de ellos, hombro con hombro, y trató de aportar lo máximo , que demostró un gran compromiso, y que trató de hacer gestiones y tomar decisiones para que el club esté en las mejores condiciones.

-¿Progreso es un club con conciencia de clase, comprometido socialmente con causas populares, o eso no te interesa?

-Sí. Es un club comprometido socialmente y eso no se puede perder. Es algo que siempre estamos manejando. Es un club que históricamente tuvo comedores infantiles, tuvo policlínicas, hoy en día tiene un convenio con ANEP, tenemos una UTU en nuestra sede, tenemos el teatro donde hay talleres de teatro (a cargo de la UTU), y alguna que otra clase. Es algo que no se puede perder el compromiso social, sobre todo con el barrio. Eso no hay que dejarlo morir.

-Pero, ¿sin meterse en temas políticos?

-No, no, en política no. Uno no lo hace porque tenga una ideología política, uno lo quiere llevar a cabo porque es humano. Creo que va del lado humano, no por el político. Son movidas que se hacen, cualquiera puede colaborar porque es para un bien social y común, y a ese no le preguntamos a quién vota, como no quiero que ellos me lo pregunten a mí.

"Dejar algo en lo deportivo sería maravilloso, pero una copa quedará abandonada en una vitrina. La infraestructura va a perdurar en el club. Y eso va a llevar a que se formen muchísimos futbolistas que a futuro, quién te dice, nos saquen campeón"

-Tenés cuatro hijos (Damián de 11 años, Fiorella de 9, Ariana de 8 e Ismael de 4). ¿Tus hijos son hinchas de Progreso?

-Sí, todos.

-¿Todos? ¿A ninguno le tira Peñarol o Nacional?

-No... o por lo menos, me endulzan la oreja. En casa lo único que se escucha es: "Vamos los gauchos". Él más grande es el que más viene a la cancha, y cuando gana Progreso están todos saltando de alegría.

-¿Sos feliz?

-Sí. Sin dudas.