Contenido creado por Martín Otheguy
Locales

La cordillera imposible

Canessa habló sobre su libro de la tragedia de Los Andes

"Nunca pensé que un ser humano pudiera sentir envidia de una persona muerta", contó Roberto Canessa, que acaba de editar el libro "Tuve que sobrevivir" junto a Pablo Vierci.

28.03.2016 11:56

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2016-03-28T11:56:00-03:00
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Roberto Canessa y Pablo Vierci acaban de publicar el libro Tenía que sobrevivir. Cómo un accidente aéreo en los Andes inspiró mi vocación para salvar vidas, que se editó en inglés y español en Estados Unidos y llegará a Uruguay a fines de abril.

El libro hace un recuento personal del accidente en Los Andes, vinculado esta vez a la vocación profesional que se reforzó en Canessa cuando debió salvar las vidas de sus compañeros.

"El 13 de octubre de 1972 cuando choqué en el avión contra la montaña, tenía diecinueve años y estudiaba segundo año de Facultad de Medicina, jugaba al rugby y Lauri Surraco era mi novia. Lo que hice en esos setenta días fue un intensísimo curso de medicina de catástrofe, de supervivencia, donde la chispa de mi vocación médica tuvo que convertirse en llamarada. Vivimos el más cruel laboratorio de comportamiento humano, donde los cobayos éramos nosotros mismos, y, más desconcertante todavía, teníamos conciencia de que lo éramos. Nunca escuché hablar de un laboratorio tan bizarro y tan siniestro. Aprendí armas nuevas: sanarse es la actitud de sobrevivir sin importar los golpes. Nada de lo que hice después se pudo comparar con semejante nacimiento", escribió en el prefacio.

Canessa fue entrevistado al respecto por la periodista Victoria Derbyshire en BBC Two, en un segmento que fue titulado "Me comí a mis amigos para sobrevivir".

"Muy pronto en el viaje, una de las asistentes de vuelo nos pidió que nos pusiéramos los cinturones por que íbamos a pasar por nubes. Realmente empezó a sacudirse el avión y nosotros comenzamos a hacer bromas. Una mujer en el asiento delantero me pidió que no hiciera más bromas, porque sus hijos estaban en Uruguay. En ese momento alguien miró por la ventana y me dijo que viajábamos muy cerca de la montaña. El avión intentó tomar altitud, y en ese momento golpeó la montaña y pensé: ‘Roberto, estás muerto'. Sólo tomé mi asiento muy fuerte. El avión perdió ambas alas y la cola y comenzó deslizarse. Algunos rezaban avemarías y otros decían que no querían morir", contó Canessa a la BBC sobre el momento del accidente.

"Mientras finalizaban los avemarías el avión golpeó el final del valle y fue arrojado con increíble fuerza contra una pared, me golpeé fuerte la cabeza y mientras me desmayaba no podía creer que el avión había parado, y que mis piernas y mi cabeza estaban allí y había sobrevivido. No podía creerlo. Alrededor mío había amigos muertos y heridos. Sólo pensé en salir del medio, porque las ambulancias y la policía vendrían enseguida, pero cuando salí a la nieve me quedé muy triste porque vi que estaba en medio de las montañas. ‘Esto no está pasando, tengo que apretar un botón de rebobinar y volver a la realidad'. Pero no, era la realidad", prosiguió.

"Al comienzo comimos la pasta de dientes y cremas que había, pero allí arriba había sólo rocas y nieve, y no hay nada que comer. Hay un instinto muy fuerte dentro tuyo que dice que debés comer algo. Comenzamos a masticar los cinturones y el cuero de los zapatos, pero nos estábamos envenenando porque tienen un montón de químicos. No había nada, estábamos muriendo y alguien dijo que creía que se volvía loco porque estaba pensando en comer los cuerpos de los muertos. El capitán del equipo dijo que no nos volveríamos caníbales que esa no era la forma de salir. En ese momento como estudiante de medicina sabía que la carne significaba proteínas, que como combustible era correcto. El tema era invadir la privacidad de mis amigos y tomar una parte de sus cuerpos. No tenía su permiso; sentía que estaba violando su privacidad", dijo Canessa.

"Luego pensé qué pasaba si yo fuera uno de los cuerpos, y hubiera estado orgulloso de que mi cuerpo fuera usado para la supervivencia de mis amigos. En ese momento no querés abrir la boca, no querés tragar la carne, pero recordé a mi madre diciendo que si uno de sus hijos moría no sobreviviría, que moriría de tristeza. Y entonces comí la carne y nada pasó. Se volvió algo común comer de los cuerpos muertos, era algo que hacíamos todos los días. En esta historia hay dos versiones: la forma en que lo vimos nosotros en las montañas, donde comer la carne de los demás no era lo peor, y la forma en que lo ven los demás, donde lo central era comer la carne de los amigos, como si sólo comer fuera la solución a los problemas para salir de allí", narró el médico.

"Una de las cosas que ayudó a la reinserción social era que éramos un grupo. Nunca dejaré de agradecer a las familias de los que murieron, que nos apoyaron cuando volvimos. No les importaba lo que había pasado con los cuerpos de sus hijos, sino con lo que había pasado cuando estaban vivos, con las cartas de ellos que traíamos. El tiempo pasó y nuestros hijos y sobrinos fueron juntos a las mismas escuelas. Entienden que era la única opción para sobrevivir", prosiguió.

Tras la avalancha que casi los mata varios días después, Canessa contó que estaba totalmente cubierto de nieve y que creía que moriría. "Sentía una paz enorme que me rodeaba y luego alguien sacó la nieve de mi cara y pude respirar, y comenzamos a buscar a otros amigos (...) Nunca pensé que un ser humano podía sentir envidia de una persona muerta, pero esas eran las sensaciones que uno podía tener en la montaña. Lo único que tenía era mi vida", concluyó.

Traducción: Montevideo Portal