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Bottero: “Talvi ocupó el lugar donde estábamos nosotros; hoy está como desnorteado”

La directora de Inmujeres explicó por qué votó mal el PI y señaló al hoy ex canciller. También habló de periodismo, política y feminismo.

02.07.2020 11:02

Lectura: 28'

2020-07-02T11:02:00
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Por César Bianchi

Fotos: Juan Manuel López

Mónica Bottero (56) se siente una activista por el feminismo desde que tuvo que hacerse un lugar a codazos para ejercer el periodismo deportivo, pero en todo caso, quedó legitimada como tal desde que fue a La Habana con otras 24 mujeres feministas en los años 80. Embelesada con la revolución cubana, ejerció el periodismo en Cuba, tras haber trabajado en la redacción de El Día. Luego llegó a Búsqueda y dirigió durante 17 años la revista Galería, que ella mismo fundó. Tras un fugaz paso por la TV y dirigir la versión uruguaya de la revista Noticias, Bottero dio un paso arriesgado: dejó el periodismo para hacer política.

En el Partido Independiente se sintió "entre los suyos" y llegó ser compañera de fórmula del líder de la fuerza política, su amigo Pablo Mieres. En esta charla en su despacho de Inmujeres, Bottero hizo su autocrítica pero también señaló que Ernesto Talvi llegó a ocupar el lugar que ya tenía el PI y se había ganado en buena ley.

Hablando de feminismo, Bottero dice que no comparte "nada" de lo que expresó la diputada de Cabildo Abierto, Inés Monzillo, y apunta que los legisladores necesitan "urgente" un curso sobre feminismo. "Hay tantas cosas que son microseñales de que el vínculo tiene que ver con el poder, y no con el amor. El amor es otra cosa. Está el caso típico del alcohólico que pega porque es alcohólico, pero no le pega al bolichero, le pega a la mujer cuando llega a la casa", ejemplificó.

Bottero defendió a su amiga Beatriz Argimón en el episodio "lamentable" con el relacionista público Fernando Cristino, negó que existan escuchas ilegales y que haya habido tráfico de influencias. "Eso que hizo con él de llamarlo para saber cómo estaba la madre lo hizo con un pueblo, siendo vicepresidenta, siendo diputada y siendo nada", agregó.

La directora del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), dependiente del Mides, señaló que este gobierno está comprometido en priorizar la lucha contra la violencia de género, aunque espera que esas señales se concreten en recursos.

-¿De chica ya querías ser periodista?

-Desde los 7 u 8 años ya sabía que iba a hacer algo relacionado con la escritura. Después, leyendo entrevistas a García Márquez u otros escritores, me di cuenta que había que buscar cómo vivir de eso. Pero quería dedicarme a escribir. No fue una cosa pensada, pero a los 13 años yo admiraba mucho a Víctor Hugo (Morales) y quería ser como él, aunque no quería relatar (fútbol). Quería ir a la cabina, comentar, me interesaba el periodismo deportivo. Y por ahí empecé.

-¿Y qué opinión tenés hoy de Víctor Hugo?

-El Víctor Hugo relator, el mejor que hubo. El Víctor Hugo político se equivoca mucho. Yo no sé si es error, si tiene que ver con que está en Argentina y la tentación de peronizarse en Argentina es fuerte. Lamentablemente, qué te voy a decir... No lo seguiría como político.

-¿Qué aprendiste en la redacción del histórico diario El Día?

-Yo tenía 17 años y estaba en la sección de Deportes. Ahí si querías estar te tenías que hacer fuerte porque si no, te comían. Medía 1,56, tenía 17 años, era un pimpollito, pero quería ser periodista de fútbol. Y te tenías que hacer fuerte, porque escuchabas cualquier cosa, era una redacción competitiva. Lamentablemente no se fomentaba el sentido de compañerismo, de la pertenencia, era duro, y mandaba un grupito de varoncitos que quizás venían cascoteados por los años de la dictadura que les habían quitado los sueños de profesionales. Pero eran duros, agresivos.


"Totalitarismo quiere decir que vos estás 'todo tomado' por la ideología, por el clima, porque además a los totalitarismos de izquierda le imprimieron una mística. Lograban que vos te la creas divino y que salgas a matar por ellos. Y encima era romántico"

Y de periodismo la mejor clase me la dio el secretario de redacción, Pancho Artigas, en las movilizaciones del ‘83. Él fue el que me promovió, el que hizo que me sacaran de Deportes, cuando yo quería salir, y con (Claudio) Paolillo hicimos dupla para cubrir la salida de la dictadura, las movilizaciones. Y la mejor clase me la dio Pancho en ese momento cuando me dijo: "No te pongas debajo de los palos, no queremos víctimas. Mandamos periodistas a contar lo que pasa". En ese momento no era común que un jefe de redacción te dijera eso, porque todos queríamos ser héroes. Era un momento perfecto para ser héroe el 83: vos sabías que te podías ligar algún palo, te podías comer un par de noches en cana, pero ibas a salir como un héroe porque quedaba poquito. Eras un mártir sin pasarla muy mal. Salvo (Vladimir) Roslik y las chicas del PCU, que la pasaron muy mal, después no pasaba nada, y menos con los periodistas. Estaba divino para ir a hacerme la heroína, sin embargo, Pancho me dijo eso: "Yo no quiero héroes, no se pongan debajo de un palo".

-Fuiste periodista de referencia para The New York Times, pero también reportera de la agencia cubana Prensa Latina, en los 80. ¿Te condicionó trabajar para un medio de un gobierno dictatorial o trabajaste con absoluta libertad?

-El totalitarismo no sólo es dictadura. El totalitarismo quiere decir -como dicen ahora los chiquilines- que vos estás "todo tomado" por la ideología, por el clima, porque además a los totalitarismos de izquierda le imprimieron una mística. Lograban (y en algunos casos, todavía logran) que vos te la creas divino y que salgas a matar por ellos. Y encima es romántico. Agarran a un grupo convencido, y todo el resto está oprimido. Cuando yo llegué a Cuba en 1985, ya hacía rato que había miles de presos, había sido torturada mucha gente, el paredón ya no era necesario. Ya de romántica, a esa altura, no tenía nada. Había miles de exiliados. Pero había que ver de dónde íbamos nosotros. Yo fui con (el periodista) Roger Rodríguez desde acá, pero había gente de otros países de América Latina, que estábamos saliendo de dictaduras y todos íbamos ahí, a "lo otro".

Estaba tan metida en eso, no me cuestioné nada. La única vez que me dijeron algo fue cuando yo estaba editando una nota que venía de Chile, donde había revueltas (por 1986) y decía "cócteles molotov", y me dijeron: "Niña, aquí no se dice cócteles molotov. Se dice mezcla incendiaria". Pero yo no me cuestionaba nada, estaba todo perfecto.

-¿Qué impresión te llevaste de esa Cuba?

-La mejor posible, porque era la mejor época de la revolución cubana. Económicamente estaban en la cúspide, recibían plata a paladas de la URSS, estaba la guerra en Centroamérica y todos nuestros países estaban saliendo de dictaduras y había oportunidades maravillosas de empezar a derramar la influencia de la revolución cubana en América del Sur. Entonces nos invitaban a todos, íbamos a cada rato, y veías toda esa mística. Ibas llegando al aeropuerto y veías esos carteles enormes (que ya no están) con la imagen de Fidel y decía "Comandante en jefe, ¡ordene!", "Al Imperialismo nosequé", y la famosa frase de (José) Martí: "Conozco al monstruo, porque viví en sus entrañas". Todos esos carteles te creaban un clima, entonces llegabas a El Vedado, una zona antigua pero muy coqueta, donde vivía la gente privilegiada que habían sacado... y ahí vivíamos en un caserón enorme 17 periodistas de todos los países, la pasamos bárbaro durante dos meses. Era imposible no enamorarse, si además veníamos de las dictaduras de acá.

-¿Qué fue Búsqueda para vos?

-Cuando entré a Búsqueda en el 88, en ese momento, era mi carrera y mi vida. Fue un antes y un después. Sentí que había llegado a mi casa, al lugar donde estaban mis amigos. Estaba Claudio (Paolillo) que había estado en El Día conmigo, a (Danilo) Arbilla ya lo conocía, porque estando en El Día yo todos los días me iba a la imprenta de Polo, para ver qué semanarios dejaban salir los militares y cuál no. Lo perverso era que te lo hacían imprimir, y después que estaba hecho, venía el milico de la Dinarp (Dirección Nacional de Relaciones Públicas) y veía si te lo dejaba vender. Ahí conocí a Arbilla, y nos hicimos amigos. Y fue él el que me llamó para ir a Búsqueda. Estaba Alejandro Nogueira, Álvaro Amoretti, Alfonso Lessa, Álvaro Giz, Nelson Fernández entró el mismo día que yo... Era el lugar al que yo quería llegar. Sabía que ahí iba a aprender. Llegaba "al" lugar donde se hacía periodismo de calidad en el Uruguay.

-Fuiste fundadora y la primera directora de la revista Galería, tarea que ejerciste durante 17 años. ¿Te costó vencer prejuicios? Me refiero a hacer periodismo de calidad, más allá de los "de más" y "de menos" y las fotos de sociales de la clase alta.

-Todo el tiempo, todo el tiempo. Ya me había costado antes, en Búsqueda, cuando hicimos la página de Salud y Ambiente y a mí me decían que era como una periodista de segunda categoría: "'¿Cómo vos no vas a hacer política?". Siempre me gustó conquistar espacios que no estaban conquistados. Y hacer periodismo de salud, medio ambiente, medicina, ciencia, era y todavía es considerado poco importante. Entonces, cuando hubo que fundar Galería, ya estaba preparada. Pero fue muy duro... desde dentro de Búsqueda, en el ambiente de los colegas, y hacia afuera: que el público entendiera que hacer una revista de colores, que mostrara el resto de la realidad, que no era economía y política, se podía hacer con rigor profesional, fue durísimo. Me costó años.

-¿Por qué dejaste de ser la directora de la revista?

-Búsqueda dejó de ser la Búsqueda que habíamos construido. Creo que sigue cumpliendo un rol, se transformó, es otra cosa. Vos me preguntás por Galería, pero yo me fui de todo. Búsqueda y Galería son la misma empresa, la misma dirección. Yo la había concebido así. Durante 12 años fui subsecretaria de redacción de Búsqueda, para mí es todo lo mismo. Claudio (Paolillo) había renunciado, Danilo (Arbilla) había dado un paso al costado, porque se venía una administración para la cual importan más los números que el periodismo que hacés, a pesar de que los periodistas de Búsqueda se esfuerzan porque eso no sea así. Yo sentí que ahí ya no tenía más nada que hacer. Y renuncié.

-¿Desde cuándo sos feminista? Quiero decir, ¿en qué momento advertiste que eras una activista por los derechos de la mujer?

-En activista me convertí a los 21 años. Pero el hecho de tener que luchar para ser periodista deportiva fue un ejercicio feminista. ¿Qué es ser feminista? Tratar de que las diferencias biológicas no perpetúen desigualdades sociales. Que porque vos naciste mujer no puedas ser periodista deportiva. En la práctica lo fui siempre. En los hechos, en el activismo, empezó por ahí, cuando fui con una delegación de mujeres uruguayas a La Habana. Yo te decía que Fidel invitaba a todo el mundo, iban y venían, con la excusa de no pagar la deuda externa, de acá fuimos 25 mujeres que somos las fundadoras del feminismo posdictadura. Estaba Fanny Pukesky, Cristina Morán, Margarita Percovich, había políticas, periodistas, de organizaciones feministas. Se ve que me evangelizaron muy bien, porque vine siendo feminista.

-Tras dos años de dirigir la versión uruguaya de la revista Noticias (Uruguay), diste un paso arriesgado: saltaste a la arena política en febrero de 2019. ¿Por qué?

-Hay días en que también me lo pregunto: ¿por qué? (Se ríe). Yo estaba haciendo televisión también, que fue una cosa nueva, porque nunca había hecho TV ni lo había buscado. Me invitaron a estar en Todas las Voces (en canal 4) y ahí tuve el rol de polemista, fue volver a hacer periodismo político porque tenía que estudiar, ponerme al día. Sentí que había algo ahí que estaba adentro mío, incipiente, y no había sido explorado. Un día fui a charlar con Pablo Mieres, a charlar informalmente y contarle de mi alejamiento de Búsqueda. Y Pablo me pregunta: "¿Nunca pensaste en hacer política?" "No", le dije. "No se me pasa por la cabeza". Él me fue invitando a charlas, para dar algunos aportes, él sabía que mi lugar como ciudadana estaba muy cerca del Partido Independiente, después me invitó a hacerme cargo de la comunicación de la campaña, después me ofreció tener un lugar en la lista de Diputados, y después me ofreció integrar la fórmula. Dicen en el partido que eso él lo tenía pensado hacía tiempo. Pero evidentemente, por mi trabajo yo no lo podía hacer.

-¿Hubo algún argumento que te convenciera para dar ese paso?

-Sí. Me pregunté: "Hace 30 años que reclamás espacio para las mujeres políticas, ¿y el día que te lo ofrecen vas a decir que no?". Además, estaba la posibilidad de que desde lo económico, yo pudiera ser encargada de la comunicación. Pero lo más importante que me convenció fue que la política precisa gente que haga aportes desde una visión femenina, y con una cabeza de la generación del 83. Esto es: el otro no es el enemigo a eliminar, el otro es una persona que viene a construir contigo algo. Yo sé que esto suena a cassette político, pero en realidad a mí me hacía sentir bien: "Los del otro lado no son el enemigo. No podemos seguir haciendo política con los titulares del Twitter y del Facebook, porque se nos va a deteriorar mucho la política". Fue un desafío en ese aspecto.


"¿Qué es ser feminista? Tratar de que las diferencias biológicas no perpetúen desigualdades sociales. Que porque vos naciste mujer no puedas ser periodista deportiva. En la práctica lo fui siempre. De Cuba volví siendo feminista".

-¿Y por qué específicamente sumarte al Partido Independiente?

-No hay una sola palabra que haya dicho Pablo (Mieres), Iván Posada o Daniel Radío de la que yo no me sienta representada. Siempre 100%. Es un lugar donde me siento cómoda. La única vez que había militado fue en la lista 99 de Hugo Batalla, cuando estaba en el Frente Amplio. Para mí, el espíritu de la lista 99 de Hugo está hoy ahí (en el PI). Y está en Pablo, en Iván, en Daniel Radío. Me pasó lo mismo que cuando entré a Búsqueda: yo sentí que estaba entre los míos.

-¿A qué atribuís la baja votación del PI en las pasadas elecciones?

-Todavía nos estamos preguntando muchas cosas. Era una elección que reclamaba polarización. La gente quería que fuéramos contundentes: vos estabas con el Frente o estabas con el cambio. O estabas con la izquierda, los buenos, los que siempre le hacen bien al mundo, o estabas con los malos, los liberales. O si lo veías del otro lado era: estabas con el cambio o con la continuidad. Nosotros en el Partido Independiente queríamos un cambio, porque veíamos que no se podía seguir con una lógica que estaba tomando signos raros, de encaramarse en el poder, de cosas que le deben pasar a todos que están 15 años en el poder. Pero también con eso de "nosotros somos los buenos, y los otros son los malos", y a mí esas cosas me generan rebeldía.

Segundo, entraron actores nuevos con discursos supuestamente modernos, como fue (Ernesto) Talvi, por ejemplo, que llegó con un discurso socialdemócrata para el Partido Colorado, y la socialdemocracia es el lugar donde nosotros estábamos, y es el lugar donde de verdad estábamos. Habíamos mostrado una coherencia en el trabajo legislativo. Pero la gente dice que mira programas y mira trabajo, pero en realidad mira lo que le llega al corazón. Hay una intuición real: "A estos que están ahora los tenemos que cambiar", porque fueron tozudos con el tema de la seguridad, fueron tozudos en no querer hacer cambios, porque la economía se estaba cayendo, porque se gastó mucho más de lo que debían...

Esa impresión de la gente hizo que se necesitara un cambio. Y (Talvi) apareció donde estábamos nosotros, que íbamos a ser de alguna forma la izquierda del cambio. Apareció con un discurso prácticamente igual al nuestro, en un Partido Colorado... que estamos viendo hoy lo que pasó. Era una persona sin mucha experiencia política, que quedó desnorteado. En estos meses hay algo que no le terminó de cerrar... (NdeR: la entrevista fue realizada el lunes 29; ayer miércoles 1, Talvi renunció a la Cancillería). Sanguinetti, con su fuerza y experiencia, terminó dejando al Partido Colorado en mitad y mitad para cada uno. También apareció (Guido) Manini, que por el lado de lo popular le sacó votos al FA, y al Partido Colorado también. Y sacó votos del interior: la mitad de votos del Partido Independiente estaba en el interior. Le sacó un poco de votos a todos.

-¿Y la alianza de La Alternativa con el sector Navegantes de Esteban Valenti y Selva Andreoli, el sector de Fernando Amado y el de José Franzini Batlle, no fue un paso en falso?

-Fue sí. Sin dudas. Pablo hacía dos o tres años venía trabajando por construir un espacio socialdemócrata. Hay que tener coraje para hacer eso, porque era alejarse de los partidos grandes. Entonces, se fue bajando gente que podía haber estado entusiasmada. Y terminó decantando en una cosa que no era lo deseable.

-¿Se equivocaron en elegir a los socios?

-Los socios fueron los que fueron quedando en el cernidor, y me parece que lo fue quedando en el cernidor no era lo más deseable. Y lo que más podía haber pegado con el Partido Independiente. Y después hubo que arrastrar eso toda la campaña. Pero básicamente, hubo un actor, que fue Talvi, que se paró donde estábamos parados nosotros y eso nos complicó mucho.

-¿Con qué te encontraste en Inmujeres?

-Con un edificio mucho más grande de lo que pensaba. Edificio no en el sentido edilicio. Está la fantasía colectiva de que la respuesta en violencia es: "Le pongo la tobillera al tipo y ya está". Y está todo el trabajo con la víctima, la salida de la situación. Esto no es un delito común, la víctima necesita una recuperación muy larga. Nosotros estamos centrados en eso. También contenemos al agresor: a una persona con tobillera hay que contenerla, hay que aguantar esa cabecita.

"Talvi apareció donde estábamos nosotros, que íbamos a ser la izquierda del cambio. Apareció con un discurso igual al nuestro, en un Partido Colorado... que estamos viendo hoy lo que pasó. Era una persona sin mucha experiencia política, que quedó desnorteado. Hay algo que no le terminó de cerrar"

Y después está toda el área de trata (de personas). Nosotros, con Fiscalía y la Policía, somos quienes estamos para proteger a las víctimas, para hacernos cargo, muchas veces para aportar pruebas. Y por otro lado, tenemos que trabajar en el cambio cultural: programas de comunicación y evangelizar al Estado en temas de género. Tenemos todos los equipos de capacitación para trabajar con todos los demás organismos del Estado y generar programas para hacer un clic con la cabeza de la gente. Y todo un tema de relacionamiento con el exterior. Hoy ningún organismo internacional hace nada -ni préstamos ni programas de apoyo, ni nada- que no tenga perspectiva de género. Nosotros acá tenemos una especie de "cancillería" que interactúa con Cancillería. Y todo con chauchas y palitos desde lo presupuestal.

-"Somos una de las pocas democracias plenas del mundo pero estamos en zona árabe en integración de mujeres en el Parlamento", dijiste hace unos días en la primera sesión del Consejo Nacional de Género. ¿Qué quisiste decir?

-Se dice así porque en esa tabla que se hace con el ranking de los países según la integración de mujeres, después del puesto 100 vienen los países árabes. Hablo de escasa representatividad en el Parlamento, y claro que sabemos lo que significa ser mujer en algunos países árabes. Es desdoroso para el país estar en esa zona. Es un dicho común entre las feministas uruguayas eso de que en integración al Parlamento estamos en zona árabe. Oscilamos entre el puesto 108 y el 112, y es por donde andan los países árabes.

-Estás de acuerdo con que haya una cuota de género en el Parlamento...

-Sí, por supuesto. Pero me parece que es insuficiente, ya se demostró. La ingeniería electoral uruguaya hace que la cuota sea muy poco efectiva como herramienta. Más allá de que filosóficamente, como cualquiera, la cuota no me hace ninguna gracia.

-Dos diputadas de Cabildo Abierto me han dicho que están en contra de la cuota de género, que cada una debe llegar al Parlamento por sus méritos. Y hay otras mujeres políticas que piensan así.

-A mí me encantaría hacer un seminario para todas esas mujeres, informándoles todo lo que se hizo desde el 85 para acá, en Uruguay y en el mundo, para tratar de que las mujeres llegaran por su propia cuenta. Hay estudios, tesis doctorales en ciencias sociales, ensayos, que dicen cuáles son los factores que impiden que las mujeres lleguen por sí mismas. Entonces, tuvimos que poner esa herramienta antipática que es la cuota, a ver si así se estimulaba la participación de las mujeres...

-Hablemos de femicidios y sororidad. Hace unos días, la diputada suplente de Cabildo Abierto, Inés Monzillo, me dijo en 970 Universal que no son crímenes de odio los femicidios, que no es cierto que el hombre mata porque puede, que no siempre el hombre es más fuerte que la mujer, que la ley de violencia basada en género discrimina al hombre y favorece a la mujer y muchas mujeres se aprovechan de eso para hacerles denuncias falsas a los hombres. ¿Compartís algo de todo esto?

-Nada.

-Es la misma legisladora que había dicho que muchos hombres matan por "exceso de amor". Se lo pregunté y me dijo que es un amor tan irracional que terminan matando, porque están obsesionados y no pueden asumir que la mujer los dejó...

-Entendí lo que quiso decir y no estoy nada de acuerdo con eso. Me parece que el Parlamento está necesitando urgente un curso sobre género. Si después del curso, los parlamentarios y parlamentarias siguen diciendo las mismas cosas, bárbaro. Ahora quiero pensar que es porque tienen falta de información y de formación en estos temas. Atrás de los mecanismos de la violencia de género hay años de investigación por parte de estudiosos de las ciencias sociales, de la medicina, de la psiquiatría, de la psicología, años de investigación sobre la naturaleza de los vínculos y años de práctica en atención en consultorios y sobre todo en juzgados. Y lo que surge todo el tiempo es que hay una cuestión de poder, que no tiene que ver con que sean malos o buenos, sino que la cultura está construida para que los hombres sientan que la mujer y los hijos son de su propiedad.

Ninguna mujer dice "mi hombre", y casi todos los hombres dicen "mi mujer". Las mujeres dicen "mi marido", "mi pareja". Es todo cultural. Y todos aprendimos a entenderlo así. Y después, las personas que tuvieron determinada cultura familiar o que aprendieron a -como se dice ahora- deconstruirse, y reconstruirse, aplican lo racional a esos vínculos, entienden que hay otra forma de encarar el vínculo.

Tenemos naturalizado que nos quieran controlar el celular, que nos quieran controlar a la hora en que llegamos, que no le controlen al varón a la hora que llega, que naturalicen que te grite, pero vos sos una histérica si gritás. Hay tantas cosas que son microseñales de que el vínculo tiene que ver con el poder, y no con el amor. El amor es otra cosa. Pero además está el caso típico del alcohólico que pega porque es alcohólico, pero no le pega al bolichero, le pega a la mujer cuando llega a la casa. Entonces el alcohol no es el origen de la violencia, aunque la puede exacerbar.

-¿Cómo te llevás con el lenguaje inclusivo?

-Yo trabajo de política, trabajé de periodista, pero lo que soy realmente es escritora. Entonces al lenguaje le tengo un respeto, pero un respeto... Yo no creo que haya que poner palabras nuevas. A mí no me sale usar palabras que no... El lenguaje es vivo y se nutre de los aportes que se le van haciendo, pero a mí me cuesta horrores y no estoy dispuesta a usar el lenguaje inclusivo. Sí te digo que desde la primera vez que fui editora dije: "La historia del hombre" no es; es "la historia de los seres humanos". Y no es "la conquista del hombre". Usar la palabra hombre para decir ser humano no. Porque además, me choca. A mí me gusta decir "todos y todas" según la ocasión, sino digo "todos", pero no creo que dé mi vida para que me salga "todes".

-Sos íntima amiga de la vicepresidenta Beatriz Argimón. ¿Qué opinión tenés del affaire Cristino?

-Es lamentable. Me parece absolutamente lamentable. No tengo mucho más para decir porque no quiero seguir forzando a que Beatriz tenga que bajar a ese nivel, y mencionando el nombre de ese señor.

-Pero quedó en entredicho la eventualidad de escuchas ilegales y un posible tráfico de influencias. De hecho, el FA elevó los antecedentes del caso a Fiscalía para su estudio. Tú seguro tenés una versión de primerísima de mano de Argimón, acerca de lo sucedido...

-Yo sé que las escuchas a la que se refería es a que su secretaría -me consta- graba y escucha llamadas que le hacen a Beatriz, porque muchas veces sé que cuando ella va en camino del Palacio (Legislativo) hacia su casa con la gente que trabaja con ellos la van escuchando, y van tomando nota. Este hombre estuvo varias veces llamando al Palacio para amenazar. No todas las llamadas se deben escuchar, pero el tipo después que llamó como cuatro veces lo grabaron, porque estaba amenazando: "Decile que si no me atiende, yo voy a salir a decir tal cosa...". Eran barbaridades, porque es evidente que es una persona que está fuera de sus cabales.

"Me parece que el Parlamento está necesitando urgente un curso sobre género. Si después del curso siguen pensando igual, bárbaro. Ahora quiero pensar que es porque tienen falta de información y de formación en estos temas"

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Lo que quiso Beatriz fue llamarlo, porque tenía un vínculo de afecto con él, y decirle: "Pará de jorobar, porque se te va a complicar; no embromes". Y otra cosa: "¿cómo está tu mamá? ‘Qué necesita tu mamá?". Esto que hizo con él de llamarlo para saber cómo estaba la madre lo hizo con un pueblo, siendo vicepresidenta, siendo diputada y siendo nada. ¿Y dónde está el tráfico de influencias? Ella dijo: "Yo voy a averiguar y si corresponde, se te va a pagar". Dijo muy claro: "si corresponde".

-¿Cómo ha afectado el encierro, el confinamiento en el hogar, a las mujeres víctimas de violencia de género durante la pandemia? Porque la consigna "quedate en casa" tiene ese riesgo: las víctimas de violencia de género debieron estar todo el día conviviendo con su victimario. ¿Cuánto aumentaron las denuncias de violencia de género al 0800 4141 o *4141 desde un celular en estos tres meses de pandemia?

-Los últimos números del Ministerio del Interior todavía no está desglosados. Los primeros números -mitad de marzo y abril- daban en llamadas de urgencia al 911 más o menos igual que antes, sin cambios. En el caso del teléfono de Inmujeres, que se difundió mucho (el que tú dijiste), no es un teléfono de denuncia, aunque si llamás por una denuncia, te mandan un patrullero porque está conectado con el 911. Pero es un número de orientación, de consulta, de escucha. Son llamadas que duran, en promedio, 10 minutos. No es un call center; son telefonistas entrenadas para escuchar y orientar. Las consultas a ese número aumentaron un 80%. Sobre fines de abril, principios de mayo, llegaron a ese pico, después empezó a bajar un poquito. Creo que ese aumento notable fue consecuencia de la pandemia y también de una campaña muy fuerte que hicimos desde Presidencia para desnaturalizar el tema, o si tenés una vecina o una amiga, llamá. Eso hizo que mucha gente se involucrara. Pero además, notoriamente, el hecho de que tanta gente quedara en seguro de paro o desempleada, con incertidumbre, con angustia, con miedo, y los servicios nuestros que nunca dejaron de atender.

-Y a raíz de las llamadas al *4141, ¿qué respuesta se le da a esa mujer?

-Tenemos los 33 servicios de atención, donde hay una abogada, una psicóloga y una asistente social que reciben a la gente que viene a consultar. Se les agenda y se les atiende, y si es un tema de urgencia, va Fiscalía. Una de las cosas que nosotros recomendábamos en las redes es que si vos sospechabas de que alguien es víctima de violencia doméstica, la llamaras todos los días. Son temas complejos. Si te vas: ¿a dónde vas? ¿a dónde te vas a quedar? ¿con quién dejás a tus hijos? ¿De qué vas a vivir? Hay un montón de situaciones que se plantean. Entonces, nosotros les damos patrocinio legal, si hay que darle un alojamiento temporal, se le da uno, si se tiene que quedar en un centro 24 horas -porque él tiene la tobillera pero ella tiene el monitor-, entonces si se tiene que quedar en un lugar amparada por nosotros, por un período largo, se queda y le hacemos el acompañamiento. Para eso tenemos convenio con Inefop y el Ministerio de Vivienda, porque hay que ayudarlas a salir.

-¿Y estás conforme con la respuesta que les da el Estado a estas mujeres?

-No. Nunca estamos conformes. La respuesta que se le da es la que se le puede dar. Se ha hecho, se ha dado el máximo que se podía, pero esto nunca fue una prioridad para ningún gobierno.

-¿Y ahora lo es?

-Bueno, es lo que me están diciendo. Nunca la directora de Inmujeres se reunió con la ministra de Economía para decirle "preciso plata", ni participó de una conferencia como la que me incluyeron en Presidencia en plena pandemia, ni participó de un Consejo Nacional de Género donde fueron siete ministros, más la vicepresidenta de la República, más el fiscal de Corte, más el rector de la Udelar, más el presidente del BPS, y más el presidente de Asse. Estaban todos ahí, con la sociedad civil, además. Esa es una señal fuerte del compromiso de este gobierno. Pero el compromiso real se expresa con recursos.

-¿Extrañás el periodismo?

-No, para mí sorpresa no. Creo que muchas cosas que yo hacía siendo periodista, las hago siendo política. La campaña electoral es una gran campaña de comunicación, y de compartir con los demás puntos de vista sobre el mundo. Yo la tomé como una forma más de mi trabajo como periodista. Y escribir, sigo escribiendo.


"Lo que quiso Beatriz fue llamarlo (a Cristino), porque tenía un vínculo de afecto con él, y decirle: 'Pará de jorobar, porque se te va a complicar; no embromes'. Esto de llamarlo para saber cómo estaba la madre lo hizo con un pueblo, siendo vicepresidenta, siendo diputada y siendo nada".

-¿Qué estás escribiendo?

-Lo mismo que hace años, voy despacito porque requiere mucha investigación. Es una novela policial de no ficción, sobre un crimen muy famoso en Punta del Este, en el año 1956. Pero la idea no es centrarse en ese crimen, sino contar el Uruguay de esa época, cuando se terminaba la Suiza de América y empezaba la crisis grande, y empezó un proceso que terminó en el 73.

-¿Sos feliz?

-Antes de terminar esto (me muestra un mamotreto de varias páginas pegadas con cinta adhesiva) te diría que no, pero ahora sí. Es la planificación de los cinco años de Inmujeres. Es un trabajo que hicimos en equipo. Nos lo pidió una consultora del BID. Pero si le preguntás a Mónica, no a la directora de Inmujeres, sí, lo soy. Estoy haciendo una cosa que me da mucho placer, que implica un trabajo de 10 horas promedio de trabajo diario, mis hijos son dos personas espectaculares, que dieron mucho trabajo de niños pero están espectaculares, tengo al lado una persona que me aguanta el mostrador, y una familia grande que me hace muy feliz. Y tengo el privilegio de unos pocos en el mundo de vivir ¿Qué más puedo pedir?

Por César Bianchi