Un curioso litigio entre vecinos en la localidad de Pasching, en el Estado de Alta Austria, ha escalado hasta el punto de convertirse en un caso de interés nacional, e incluso podría alcanzar al Tribunal Supremo de Austria. La disputa se centra en el intenso croar de unas ranas que habitan un estanque privado, cuya presencia y actividad sonora nocturna motivó una demanda judicial por "contaminación acústica".

El caso comenzó hace más de dos años, cuando un residente denunció a su vecino, Wolfgang Knoll, por las molestias que, según alegó, le causaban las ranas instaladas en el jardín del demandado. El estanque, de propiedad privada, se había transformado en hábitat de decenas de anfibios cuyo canto, especialmente en las noches de primavera y verano, habría impedido el descanso del denunciante.

De la condena a la absolución: el croar como fenómeno natural

En agosto de 2025, un tribunal de primera instancia falló a favor del demandante, considerando el croar como una forma de contaminación acústica. Knoll fue condenado a pagar 30.000 euros (entre indemnización y costas judiciales) y se le ordenó tomar medidas para reducir el ruido.

Sin embargo, esta semana el Tribunal Regional de Linz revocó esa decisión. La nueva sentencia concluye que el croar de las ranas es un "fenómeno natural" que debe ser tolerado, y que el propietario del estanque no puede ser obligado legalmente a intervenir para alterar o reducir ese comportamiento animal.

Este fallo, aunque no es definitivo, abre la puerta a una nueva instancia: el vecino afectado aún puede apelar ante el Tribunal Supremo de Austria.

Protección ambiental y límites legales

Uno de los argumentos clave en la decisión de segunda instancia es que, en el Estado federado de Alta Austria, las ranas son una especie protegida por ley. La Ley de Conservación de la Naturaleza prohíbe explícitamente su persecución, captura o reubicación, así como la destrucción de sus lugares de reproducción o descanso.

Las autoridades judiciales consideraron además que el estanque fue colonizado de forma natural, sin que el propietario haya introducido o criado a los animales. Por tanto, según el fallo, no hay responsabilidad directa que justifique una sanción o intervención.

Una disputa que pone en tensión el derecho al descanso y la protección ambiental

El caso ha generado debate en Austria sobre los límites del derecho a la tranquilidad en el hogar frente a la protección de la biodiversidad y la convivencia con la naturaleza en entornos residenciales.

La situación no es exclusiva de Austria. En otros países europeos y latinoamericanos, disputas similares han enfrentado a vecinos por ruidos generados por animales silvestres o domésticos —desde gallos y perros hasta cigarras y sapos—, especialmente en zonas rurales o periurbanas.

Con información de EFE