Este jueves se recordó, en la sede de la B'nai Brith, el 70º aniversario de la "Noche de los cristales rotos", el pogrom que los nazis organizaron contra los judíos en Austria y Alemania. Con este motivo, la asociación judía reunió a unas 500 personas, entre miembros de la comunidad, autoridades del Estado, del Poder Judicial, Legislativo y Ejecutivo, con la presencia del vicepresidente Rodolfo Nin Novoa, en reemplazo de Tabaré Vázquez, que no concurrió.

La oratoria principal estuvo a cargo del juez federal argentino Daniel Rafecas, pero antes, el presidente de la B'nai Brith, Enrique Jinchuk, dio la bienvenida a los presentes con un breve discurso en el que evocó el comienzo y desarrollo de la barbarie en Alemania, uno de los pueblos más cultos y progresistas de la Europa occidental, y trazó un paralelismo con el rol que cumple hoy día el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. "El estado de Israel está aquí para quedarse, que lo sepa este señor", concluyó.

Posteriormente, hizo uso de la palabra Daniel Rafecas, invitado especialmente por la organización, por su destacada labor en contra del racismo, la intolerancia y en favor de los Derechos Humanos. Rafecas señaló que, a medida que se apagan los estertores de la Segunda Guerra Mundial en función de los nuevos conflictos, hay un elemento que concita cada vez más la atención de los estudiosos: el exterminio sistemático y planificado de 6 millones de judíos y de otras minorías a manos de los nazis.

Rafecas recordó las secuencias de cómo se fue desarrollando el programa de los nazis, a través de tres etapas planeadas con antelación: la discriminación, guetización y posterior exterminio de la población judía de la Europa ocupada por los nazis. Para el juez argentino, el 9 de noviembre de 1938 fue un momento "bisagra", en el que dejaron de actuar las bandas nazis "desorganizadas" para dar paso a las SS, dependientes directamente del gobierno.

El argentino destacó la relevancia que este asunto despierta cada vez más en las Ciencias Sociales, y destacó que el nazismo es un producto de la modernidad, y que no obedeció a la contigüidad de un desarrollo oscurantista en clave medieval, y citó los cinco artefactos culturales de la modernidad que hicieron posible el Holocausto. El fenómeno carcelario de la concentración física y espiritual de las personas, el modelo fordista de la producción en serie, la burocracia estatal, las doctrinas políticas imperialistas (y aquí citó la doctrina hitleriana del espacio vital para el desarrollo de Alemania), y las doctrinas racistas científicas expresadas, en este caso, en el pensamiento eugenésico fueron esos artefactos que hicieron posible el desarrollo de las doctrinas nazi fascistas.

Rafecas agregó que el nazismo y las ideologías fascistas fueron posibles sólo en las sociedades modernas, y encadenó en su discurso esa expansión en Europa con el "triste papel" que jugaron los países de América Latina, que cerraron las puertas a los fugitivos, pudiendo haber recibido a miles. "En Argentina, en cambio, le abrieron la puerta a miles de nazis", indicó, y agregó que "nuestros países necesitan una reivindicación de ese triste papel".

A continuación, vinculó las décadas de educación en la intolerancia a partir de las ideologías fascistas como germen de las dictaduras latinoamericanas, y la identificación de las mismas con el totalitarismo nazi, y recordó que los 400 centros de detención clandestina que hubo en Argentina durante el régimen dictatorial de los 70 "sólo pudieron tener lugar con una formación previa".

Rafecas señaló que la discriminación es la contracara del principio de igualdad ante la ley, e instó a avanzar en la consolidación de nuestros estados constitucionales, y a mantener viva la educación en torno a la memoria.