Contenido creado por Gerardo Carrasco
Curiosidades

Erguidos frente a todo

Ana y Daniel son hermanos y pareja, tienen dos hijos y buscan que se les permita casarse

Viven en España y se conocieron cuando él tenía 17 años y ella 20. Debieron superar sus propios miedos y los tabúes del entorno.

27.04.2023 15:29

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2023-04-27T15:29:00-03:00
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Ana Parra tiene 34 años, es oriunda de la ciudad catalana de Granollers. Se crio como hija única, pero siempre supo que tenía un medio hermano “perdido por ahí”, en alguna parte.

“Mi madre me contó que mi padre nos había dejado para formar otra familia y que había tenido otro hijo”, explica en una entrevista publicada esta semana por el periódico El Español.

Lo único que Ana sabía sobre su hermano era que también había nacido en Granollers. “Siempre tuve la curiosidad de conocerlo, sobre todo por si me lo encontraba algún día por la calle o en algún sitio”, cuenta.

La oportunidad llegó a fines de la década de 2000, gracias a la aparición de la red social Facebook. Allí le resultó sencillo dar con su progenitor, con quien no tenía —ni quería tener— ningún contacto, y gracias al perfil de su padre dio con el de su hermano, llamado Daniel.

“Lo agregué desde otro perfil anónimo para que así no viese apellidos ni nada. Simplemente quería curiosear y resolver la duda. Me daba miedo que al contarle toda la historia le pudiera destruir todo su mundo. Aun así, no pude evitar contarle quién era yo”, relata la joven.

El padre de Ana y Daniel también se había separado de la madre de este cuando el chico tenía ocho años. “Alguna vez me habían dicho que quizá tenía una hermana por ahí, pero mi padre nunca me lo contó, era algo que quiso ocultar” al citado medio. Cuando Ana lo contactó tenía 17 años y vivía con su padre.

Pocos días después de que Ana contara por chat a Daniel el vínculo que los unía, decidieron conocerse en persona. “Nos dimos un abrazo y nos dio por reírnos. Fue una situación muy rara”, recuerda Ana. “Fue un poco incómodo, ya que no sabíamos muy bien qué decir”, alude Daniel, que por entonces tenía 17 años, tres menos que su “nueva hermana”.

Desde ese día, ambos crearon un fuerte vínculo que jamás se rompería, pero no resultó ser precisamente el de hermanos.

“Intentamos mantener una relación de hermanos, pero nos costó. Teníamos una relación de amigos que quedaban para verse y contarse las cosas”, define Dani. Así fue durante un tiempo, hasta que Ana se fue a vivir sola, y él, que trabajaba cerca, comenzó a visitarla. “Al final Dani pasaba más tiempo en mi piso que en su casa, hasta que comenzamos a vivir juntos”, cuenta ella entre risas.

Mientras tanto, para los amigos de ambos comenzaba a resultar evidente que el vínculo entre los hermanos no era el “habitual”, y algunos se lo hicieron saber.

“Nosotros no queríamos darnos cuenta, nos enfadábamos con nosotros mismos porque nos costaba admitirlo y romper con ese tabú; somos hermanos, aunque no lo sintiéramos así”, dice Ana, quien asegura que no podrá olvidar jamás el día que ocurrió que ya se anticipaba como inevitable: “Estábamos de fiesta, nos acercamos lentamente y nos dimos nuestro primer beso”, relata. “Fue espontáneo, nada premeditad”, añade Daniel.

Sin embargo, luego de ese beso ambos se vieron impactados simultáneamente por un sentimiento de culpa. “Nos fuimos cada uno por nuestro lado, nos daba cierta vergüenza lo que acababa de suceder”, cuenta Ana. Sin embargo, “ese beso rompió todas las barreras, marcó un antes y un después, fue como un golpe de realidad”, explica Daniel.

En ese momento intentaron separarse, pero el amor entre ellos fue más fuerte y tuvo lugar una relación clandestina que fue despertando recelos en el vecindario.

“No se nos conocía ninguna pareja, siempre estábamos juntos. Empezaron a sospechar”, dice Ana, quien enfatiza que su círculo más cercano apoyó cuando supo lo que sucedía. “Nuestros amigos han vivido todo el proceso y lo han normalizado. Al final nosotros teníamos una barrera mental, impuesta por la sociedad, pero la realidad es que somos dos jóvenes que un día se conocen y se enamoran”, expresa. “La sociedad se rige por unas normas morales y nuestra moral, en el fondo, nos impedía dar ese paso. Y es una tontería ya que, si lo piensas, nuestra relación es como cualquier otra excepto por un libro de familia que dice que somos hermanos de sangre”, añade.

La relación escaló cuando ambos hicieron una breve escapada a Londres. Allí, lejos de cualquier persona conocida, pudieron andar de la mano por la calle y comportarse abiertamente como novios. A su regreso decidieron que ya no se ocultarían. Así, en 2017 revelaron su noviazgo a toda España en medio en el programa Cámbiame, emitido por el canal TeleCinco.

Desde que blanquaron al mundo su relación, les arreciaron insultos y críticas en las redes sociales.

“Es curioso que la gente que te critica es la que no te conoce. Nadie nos ha venido a nosotros directamente a insultarnos. Pero hay personas que nos han escrito por redes diciéndonos que vamos a arder en el infierno”, cuenta Ana. Pero ellos han intentado tomárselo con humor. “Cuando hemos ido a alguna comunión o algo a la Iglesia siempre bromeamos con que vamos a salir ardiendo”, comenta Daniel entre risas.

El presente y el futuro

Ana y Daniel tienen dos hijos de cinco y tres años, quienes van a un colegio regido por el estilo Montessori, donde tienen cabida todo tipo de familias. “Allí encuentras a niños de familias monoparentales, con dos madres o dos padres. Es otra filosofía de estudio, otro tipo de mentalidad. Así que, antes de que entrara la niña al colegio, hablé con el director y les conté la historia. Todos la saben”, cuenta Ana, quien no ha tenido reparos en contarle a sus hijos la verdad sobre sus padres, “aunque son muy pequeños todavía y no lo entienden”, comenta.

En cuanto al riesgo de que los niños padecieran enfermedades de origen genético por la consanguinidad de sus progenitores, señalan que se encargaron de averiguarlo antes de ser padres.

“El ginecólogo nos dijo que, en nuestro caso, el riesgo de que nacieran con algún tipo de enfermedad recesiva es de un 4% mayor que una pareja que no comparte genes”, explica Ana.

Sin embargo, el común de la gente no sabe eso. “Pongo fotos de mis hijos en mis redes porque todavía nos dicen que seguro que tienen algún síndrome, cuando ellos están perfectamente sanos y son preciosos”, agrega la madre.

El sueño de la boda

En el registro civil, los nombres de Ana y Daniel constan como progenitores de sus dos hijos, un hecho que hubiera sido imposible antes del año 2012, cuando dos hermanos de Galicia, Daniel y Rosa Moya Peña, consiguieron, tras 35 años “de relación prohibida”, ganar la batalla por legalizar su insólita situación y ser reconocida a todos los efectos como progenitores de sus hijos de 26 y 19 años de edad. Por sentencia judicial, Daniel dejó de ser el tío de sus hijos y Rosa madre soltera. “Ellos marcaron un precedente”, apunta Ana.

Sin embargo, actualmente el Código Civil de España prohíbe el matrimonio entre parientes directos —aunque el incesto no está considerado delito desde el año 1978—. Con lo cual, según la legislación vigente, Ana y Daniel no pueden contraer matrimonio. “En Suecia, por ejemplo, sí que nos dejarían casarnos. Hemos hablado con alguna abogada y nos dicen que no sería tan difícil, pero es mucho tiempo y dinero”. Para poder hacerlo en España, Ana tendría que rechazar a su padre y renunciar a él, y que alguien la adoptara, “pero al ser mayor de edad es muy complicado”, dice Dani.

“Las sociedades deben avanzar y no anclarse en tradicionalismos. A los homosexuales tampoco les dejaban casarse y ahora sí pueden. Nosotros nos amamos y eso es lo que debería prevalecer. No hacemos daño a nadie. Por eso queremos que la gente conozca nuestra historia de verdad”, concluye la mujer.