Por Tomás Gebelin
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En diciembre renunció, esta semana fue su última sesión, y este domingo 1° de marzo Ana Olivera dejó oficialmente la Cámara de Diputados. La convocatoria de la Comisión Permanente del pasado 27 de febrero marca el cierre de un ciclo que, según remarca, fue planificado con antelación y no responde a un retiro forzado ni circunstancial.
Con 72 años y 31 de actividad pública, Olivera resolvió dejar su banca para habilitar el recambio generacional dentro de la Cámara de Diputados, una definición que ya estaba contemplada al momento de conformar la lista electoral.
Lejos de un alejamiento de la política, Olivera encara ahora una etapa distinta: menos exposición y más dedicación a la militancia, al “fortalecimiento orgánico” del Frente Amplio y a las tareas de representación del Partido Comunista en los distintos ámbitos. De todo eso y más, habló con Montevideo Portal.
Este domingo se oficializó tu salida del Parlamento. ¿Cómo fue todo el proceso durante el último tiempo para tomar esta decisión?
La decisión de salir del Parlamento no es una decisión de último momento. Los compañeros insistieron mucho en que teníamos una lista de compañeras y compañeros que nunca habían estado en el Parlamento, y por lo tanto se buscaba que alguien con más experiencia pudiera ayudar en ese proceso. Yo ya tenía decidido que no iba a estar en la lista. Cumplí el 15 de febrero 31 años de actividad pública y me parecía que eso había que ponerlo en el paquete.
Durante la sesión en la que presentaste y se aceptó tu renuncia, varios colegas de otros partidos te dedicaron unas palabras. ¿Cómo recordás esos momentos?
Fue un día muy emotivo. Para mí fue muy parecido a cuando fui electa presidenta de la cámara. La gente que habla es porque lo siente, y el que no lo siente no está obligado a hacerlo. Hubo compañeros de todas las tiendas políticas que hablaron del trabajo conjunto, y otros que dijeron que votaban porque era el acuerdo político que tenían. Y eso también es sano, que no exista la hipocresía de decir lo que uno no piensa. Para mí fue cumplir con algo que me había propuesto, más allá de que después hubo mucha presión para que me quedara.
Para que Natalia [Díaz] pudiera asumir el 1° de marzo, yo tenía que irme en la última sesión ordinaria, que era la del 10 de diciembre. Ella trabajó todo este año y, además, trabajó en áreas clave, aprendiendo la articulación con todos, que es algo central del trabajo parlamentario. En particular el trabajo en la Comisión de Presupuesto, que te da una visión país que no la tenés en ningún otro lugar.
¿Esta salida del Parlamento implica también un retiro de la actividad política o un cambio de rol?
No, para nada de la actividad política. Empecé a militar con 16 años y tengo 72, y pienso militar mientras tenga fuerza. Al revés, creo que voy a poder cumplir mejor una tarea que siento desde toda la vida, que es dedicarle más tiempo al fortalecimiento del Frente Amplio. Represento al Partido Comunista en el Secretariado del FA y en la Mesa Política, y ahora voy a poder salir a recorrer el país, hablar con las organizaciones y cumplir mejor esa responsabilidad.
Fuiste diputada en dos períodos muy distintos: uno con mayoría parlamentaria de la coalición y otro sin mayorías claras. ¿Cuál de estos escenarios fue o es más desafiante para la bancada del Frente Amplio?
Yo creo que los dos lo fueron. Primero, porque después de 15 años de gobierno, cuando perdimos, tuvimos que asumirnos nuevamente en la oposición, y eso siempre cuesta. Además, arrancamos con leyes muy potentes planteadas desde el gobierno, como la Ley de Urgente Consideración. Después vino ni más ni menos que la reforma jubilatoria. Fueron cinco años de un trabajo muy intenso, buscando transformar cosas con las que no estábamos de acuerdo.
Este período es completamente distinto; para cada ley tenés que conversar con todos. El rol de la interpartidaria, los acuerdos que se tejen y cómo se plasman después en las sesiones es un trabajo de hilado fino permanente. Cada ley es distinta y cada negociación es distinta.
En esta legislatura, te tocó integrar una bancada del Frente Amplio con muchos legisladores jóvenes que están haciendo sus primeras armas. ¿Cómo viviste ese rol de ser la de mayor experiencia?
La renovación es general en la cámara y eso es muy positivo. Hay mucha gente joven y también mucha gente muy estudiosa. Yo siempre digo que no tengo la verdad absoluta y que creo profundamente en la construcción colectiva. Los jóvenes tienen miradas distintas y también otras preocupaciones, y eso enriquece.
Yo se lo digo a mis compañeros de la 1001: yo soy un tapón, es decir, lo que yo digo no siempre tiene que estar bien. O sea, cuestiónense lo que yo digo, porque creo en la construcción colectiva por los intereses y por la transformación que ha tenido la sociedad. Hay aspectos de la transformación de la sociedad de la que uno tiene que dar cuenta y hay otros en los que quizás por temas generacionales somos más cuidadosos.
Tanto en el periodo pasado como en este, el tema de ser cuidadosos y dos veces antes de mandar un Twitter; es una cosa que uno da la batalla constante. Y creo que también hay incontinencia en veteranos en hacer eso, no es un problema de la juventud. Esto de la inmediatez requiere un pienso bien importante, y creo que esa transformación también ha transformado la vida política.
¿Y eso le hace mal al trabajo diario del Parlamento o es un juego más para los votantes y no es algo que contamine el relacionamiento entre diputados?
Yo creo que es de un determinado círculo. Ahí hay algo que tiene que ver con cómo nosotros jerarquizamos la actividad política, por si la sociedad piensa que la actividad política es esto de enfrentamientos y debates sin contenido. Yo estoy por el debate con contenido y de ideas, no por el debate de insultos, y creo que ese es uno de los desafíos que tiene toda la sociedad en este momento. Esto que sucede muchas veces en las redes hace que otros piensen que la actividad política es una cosa impura.
Fuiste intendenta de Montevideo entre 2010 y 2015. ¿Sentís que fue el rol más desafiante de toda tu carrera entre cargos ejecutivos y legislativos?
El día que me fui y el día que asumí como presidenta de la cámara dije algo que hablo permanentemente en la propia bancada con todos los sectores: nosotros no estamos haciendo carrera política, somos servidores públicos. Cuando empecé a militar, con 16 años, ¿qué me iba a imaginar que iba a ser legisladora, intendenta, directora de la intendencia, ni viceministra [de Desarrollo Social] ni nada de eso?
Encima de todo eso, me tocó la dictadura, y encima de todo eso pensé que no iba a llegar a los 50 años en aquellas condiciones. Tuve 12 años de exilio; por lo tanto, ¿qué te ibas a imaginar que ibas a tener una responsabilidad de ese tipo? Jamás. Los militantes políticos no vivimos esto como una carrera: hoy estás en esa responsabilidad, mañana no estás. Yo nunca busqué ninguna de las responsabilidades que tuve.
Fui diez años suplente de Mariano Arana y me permitió hacer algo que yo considero muy importante, pero que la sociedad montevideana no ha asumido como tal todavía, que es el proceso de descentralización de Montevideo.
Eso fue lo que me tocó durante 10 años: trabajar primero con lo que eran las juntas locales y hoy son los municipios, que tiene que ver con resolverle la vida cotidiana a la gente en sus necesidades, que no son sólo el alumbrado, la calle y la basura. Son muchas otras que se le reclama a la intendencia; algunas que son “invisibles” y, sin embargo, tienen una excelente evaluación desde hace muchísimos años por parte de la ciudadanía.
Ser candidata a la Intendencia de Montevideo fue algo no pensado y no previsto por nadie. Yo decía ayer que siendo mujer, petisa y comunista nunca imaginé que iba a ser intendenta de Montevideo, y amo la Intendencia de Montevideo. Voy regularmente a hacer cosas, o visito lugares donde están funcionarios que todavía están de aquella época.
Aprovechando que estamos en época de Carnaval: se habló mucho sobre el espectáculo de Cayó la Cabra, que es muy crítico con el estado de Montevideo y las gestiones del FA en la IM. Además, estuviste con Mario Bergara en el Teatro de Verano viendo el espectáculo. Esas críticas, ¿también las sentís propias?
El gobierno departamental lleva pocos meses en la vida real. Recién va a tener su propio presupuesto con los requerimientos que tiene esto y, además, con la búsqueda de solucionar el tema de la limpieza, que ha sido algo de todos nuestros gobiernos, nadie puede decir que no hemos estado empecinados en buscar cómo lo resolvemos.
Los cambios en la sociedad también están atados a los cambios en el consumo, y cada vez tenés más volumen de basura. Además, lo otro que yo creo que no encontramos la solución en todos estos años realmente es que el conjunto de la ciudadanía sea parte de la solución, que sienta que es parte de que no esté la basura fuera del contenedor y todas esas cosas. Se han buscado diversos caminos: en mi periodo hicimos educación en las escuelas con este tema, los gurises siempre son un apoyo para el adulto para que no tires el papel.
La crítica es a los 40 años. Entonces, yo creo que hay planteos que pueden ser de recibo y otros, como siempre sucede en el Carnaval, que son maximizados.
Yo soy hincha de Los Diablos Verdes en murga y de Zíngaros en parodistas. Me hice hincha de los Zíngaros en 2011 cuando Panchito [Araújo], en el pleno lío de la limpieza, me imitó, y me hizo mostrar gestualidades. Entonces hacía así con el dedo como yo hacía y con la cartera caminando rapidito; la verdad me reí tanto de mí misma que yo digo que uno tiene que ir al Carnaval a escuchar lo que se dice.
No todo es así, pero es una voz que representa el sentir popular. Mario se rió igual que yo; esa es la verdad, y aplaudió las mismas cosas. Además, como pasa siempre en Carnaval, después se bajaron y todos saludaron. Me divertí mucho y hay que ir con ese espíritu de reírse de uno mismo también, porque siento que hubo muchas críticas al gobierno, como las hubo en el quinquenio pasado contra el gobierno de turno.
Por Tomás Gebelin
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