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Policiales

Por The New York Times

Algunos grupos paramilitares se sienten reivindicados por el veredicto de Rittenhouse

Estados Unidos alcanzó un punto de crisis en que los ciudadanos deben tomar las armas para defender al país de sus conciudadanos.

23.11.2021 11:33

Lectura: 8'

2021-11-23T11:33:00
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Por The New York Times | Charles Homans

El 19 de noviembre, mientras Kyle Rittenhouse, de pie en un tribunal de Kenosha, Wisconsin, esperaba el veredicto en su juicio, un robusto hombre calvo con barba estilo costillas de cordero estaba sentado en una banca varias filas detrás de él. En cuanto escuchó a la funcionaria del tribunal decir que el jurado exoneraba a Rittenhouse de todos los cargos, su boca esbozó una ligera sonrisa.

“Estoy encantado”, afirmó el hombre, de nombre Kevin Mathewson, el día siguiente. Este investigador privado local y exconcejal de la ciudad asistió al tribunal todos los días del juicio, pues el resultado del mismo era de suma importancia para él.

Mathewson es un personaje que se ha dado a conocer por fomentar divisiones en Kenosha. Unos días después del asesinato de George Floyd a manos de un oficial de policía en Minneapolis, Mathewson creó una organización llamada Kenosha Guard, un grupo armado que declaró en una publicación de Facebook sus intenciones de “impedir los disturbios/saqueos” durante manifestaciones relacionadas con la justicia racial en Kenosha. En agosto de 2020, después de que la policía le disparó a un hombre negro llamado Jacob Blake y provocó una oleada de protestas y disturbios en la ciudad, Mathewson escribió en la página de Kenosha Guard en Facebook para instar a los ciudadanos de Kenosha a salir a las calles con armas y defender la ciudad. Su publicación del 25 de agosto se hizo viral y recibió miles de confirmaciones y comentarios, incluso amenazas de violencia.

El llamado de Mathewson a salir con arma en mano fue solo uno de varios que circularon en Kenosha ese día. En respuesta, decenas de miembros de grupos paramilitares, en su mayoría de raza blanca, se lanzaron armados a las calles del pequeño centro de la ciudad. Esta situación propició enfrentamientos con los manifestantes, con una gran presencia de armas, que alcanzaron su punto crítico cuando Rittenhouse disparó su arma. Mathewson regresó a su casa varias horas antes de los tiroteos, y no se presentó ninguna prueba de que existiera alguna conexión entre Rittenhouse (a quien Mathewson dice no conocer) y su publicación en Facebook. Sin embargo, debido a la proximidad con el incidente, lo expulsaron de Facebook, donde su publicación del 25 de agosto provocó repetidas señales de alarma por violar la prohibición de actividades de milicias en la plataforma y fue causa de sospechas.

Ahora que declararon inocente a Rittenhouse, se hizo evidente que Mathewson se sintió eximido por asociación. “Reivindica a Kyle”, afirmó Mathewson. “Sentí que también me reivindicaba”. Además, comentó, “reivindica a las personas que piensan que, si nadie llega a ayudarlas, tienen que ‘resolver el problema por su cuenta’”.

Los tiroteos de Rittenhouse, así como los enfrentamientos entre paramilitares y manifestantes en que ocurrieron, fueron la culminación letal de esta idea: que Estados Unidos ha alcanzado un punto de crisis en que los ciudadanos deben tomar las armas para defender al país de sus conciudadanos. Es una idea que no solo tiene raíces profundas en la historia estadounidense, sino también una estrecha relación con el legado de conflictos raciales del país.

Grupos de justicieros blancos, algunos ellos supremacistas blancos declarados, respondieron con violencia a disturbios en comunidades negras de varias ciudades a finales de los años sesenta, en muchos casos con el consentimiento o apoyo activo de la policía local. Varias fotografías de propietarios de negocios coreano-estadounidenses armados en Los Ángeles que tuvieron que defender sus establecimientos durante los disturbios de 1992 han sido puntos de referencia desde hace años para los defensores de la Segunda Enmienda, y de nuevo circularon como memes en las redes sociales tras anunciarse el veredicto de Rittenhouse.

En 2020, este tipo de grupos armados justicieros se reactivaron debido a las dificultades que experimentaron los departamentos de policía y gobiernos estatales y locales, en su mayoría demócratas, para responder a los disturbios y agitaciones prolongadas en varias ciudades importantes tras la muerte de Floyd. Encima, se enardecieron gracias a cifras difundidas por los medios conservadores y los políticos republicanos, que alentaron a sus audiencias y seguidores a considerar la incapacidad de conservar el orden como parte integral del plan demócrata.

“Me preocupa muchísimo la obsesión con las armas, y también que las personas se crean el cuento del ‘tipo bueno armado’”, comentó Anthony Kennedy, concejal de Kenosha, después de escuchar el veredicto. “Quienes creen en el colapso de la sociedad piensan que tienen que estar armados, y estas situaciones validan su percepción. Eso no es nada bueno para nadie”.

El juicio de Rittenhouse fue una prueba importante para ver al sistema funcionar en relación con uno de los desarrollos característicos surgidos por la fragmentación violenta de la política estadounidense en 2020: la presencia de grupos armados para vigilar a quienes participan en manifestaciones a favor de la justicia racial, incluso las pacíficas. En algunos casos, los grupos e individuos armados adoptaron posturas de franca hostilidad y oposición hacia los manifestantes. En otros, dijeron ser voluntarios encargados de garantizar la seguridad de edificios privados o de gobierno, o incluso fuerzas neutrales de paz, aunque los manifestantes en general no quedaron convencidos. Al parecer, los grupos armados que se materializaron en Kenosha tenían un amplio abanico de motivaciones. Algunos tenían una fuerte raíz ideológica, como por ejemplo los miembros del movimiento anárquico de extrema derecha Boogaloo, que aparecen en videos de varias noches actuando como barrera entre los manifestantes y la policía y resguardando bienes privados. Otros tan solo se veían como defensores de los negocios locales y grupos fuertemente armados que fungían como una especie de vigilancia vecinal para cubrir la ausencia de un departamento de policía agobiado. Los detractores de Rittenhouse no perdieron tiempo en señalar que su exoneración encaja en este patrón. “Este sistema no se creó para que los supremacistas blancos rindan cuentas”, escribió en Twitter poco después del anuncio de esta decisión la representante Cori Bush, demócrata de Misuri y activista del movimiento Black Lives Matter que se integró al Congreso tras ganar las elecciones el año pasado.

No obstante, las circunstancias en torno a los tiroteos de Rittenhouse, ocurridos porque este llevó un rifle de asalto al lugar en que se acababa de realizar una manifestación a favor de la justicia racial, difieren significativamente de esa fórmula. Los tres hombres a los que les disparó Rittenhouse, dos de los cuales murieron, eran blancos, y los tiroteos ocurrieron durante una situación verdaderamente caótica y violenta en que todos los bandos contaban con armas mortíferas.

Varios analistas legales afirmaron que la exoneración era un resultado probable porque, en su opinión, era excepcionalmente difícil que la fiscalía lograra una condena en los cargos de homicidio, ya que tenía que demostrar que Rittenhouse no actuó en defensa propia. “Me parece que este veredicto no es tan sorpresivo”, opinó Michael O’Hear, profesor en la Escuela de Derecho de la Universidad Marquette en Milwaukee.

“No creo que el chico haya sido un miembro del Klan”, dijo sobre Rittenhouse el activista Raymond Roberts, analista de datos local. “Solo sintió que gozaba de ciertos privilegios: ‘Porque soy blanco, puedo caminar por ahí en uniforme táctico con un rifle, y la policía hasta me dará las gracias’”.

En junio de 2020, Roberts, quien es negro y veterano del ejército, organizó una manifestación armada en oposición al grupo Kenosha Guard de Mathewson. Instó a otros veteranos a portar abiertamente armas de fuego en expresión de solidaridad con quienes se manifestaban a favor de la justicia racial. Sin embargo, Roberts prefirió portar durante el evento un revólver oculto para el que tiene permiso en vez de un rifle (una decisión común de los activistas locales defensores de la justicia racial que fueron armados a manifestaciones en Kenosha ese verano).

Para Roberts, el veredicto de Rittenhouse fue un crudo recordatorio de a quién es más probable que la policía y los miembros del jurado consideren “ayuda” en una situación similar a aquella en la que se puso Rittenhouse, y a quién no. Una mujer porta un cartel que hace referencia a Kyle Rittenhouse, acusado de asesinar a dos manifestantes en Kenosha, Wisconsin, durante un mitin de Proud Boys en el parque Delta en Portland, Oregon, el 26 de septiembre de 2020. (Diana Zeyneb Alhindawi/The New York Times) Kevin Mathewson, fundador de Kenosha Guard en Facebook, fungió como concejal de la ciudad. (Lyndon French/The New York Times)