Adela Dubra: “Hay artistas valiosos que la izquierda se ha encargado de dejar de lado”
La periodista cultural repasa su carrera, su gestión en el Sodre y su nuevo rol en la Intendencia de Florida.
Por César Bianchi
@Chechobianchi
Con más de 20 años de trayectoria en el periodismo cultural, de cara al gobierno de la Coalición Republicana que comenzó en marzo de 2020, Adela Dubra aceptó el convite para integrar la comisión directiva del Sodre, que luego presidió. Era un cargo de confianza política de Luis Lacalle Pou. Entonces sí, reveló su ideología nacionalista y pasó a ser blanca “afiliada, con carné”.
Lectora voraz y escritora con más libros truncos que publicados, Dubra promovió siempre la cultura: el teatro, el cine, las artes visuales y hasta la pintura. Tal vez por eso la Cámara del Libro la premió, presentó publicaciones de amigos y fue jurado en tantas ocasiones. Nada de lo artístico le es ajeno a Adela. Y por eso mismo, en esta entrevista grita dos consignas. Parafraseando al director teatral Omar Varela, exhorta a los políticos a que vayan al teatro, que consuman más cine, vayan más al carnaval o recorran más exposiciones pictóricas. Eso, asegura, los hará más sensibles y empáticos. La otra es coyuntural: a Adela le chirrían palabras como “transversalizar” o “calendarizar”, esos términos de moda que, a su juicio, solo sirven para evidenciar que la persona en cuestión tiene poco para decir.
Dubra (51), quien prefirió no opinar sobre el Caso Leiva, es hoy la directora de Cultura de la Intendencia de Florida que gobierna Carlos Enciso. En tal sentido valoró muy positivamente la inminente llegada del papa León XIV al departamento, visita que será una oportunidad para visibilizar otros encantos de Florida. Se trata de un terruño con el que se está encariñando. Y eso que algunos lugareños la recibieron advirtiéndole que “no la iban a querer” tan fácilmente, y más le convenía decirle “buen día” a cualquiera con el que se cruzara en la calle.
¿Quién sos?
Durante muchos años, cuando me preguntaban eso, siempre contestaba “periodista”. Siempre sentí que era una cosa que me definía mucho, y ahora tengo una relación no definida con el periodismo. Uno nunca deja de ser periodista. Cuando entré al Sodre, algún medio me ofreció ser columnista y yo dije que no, porque siempre fui muy crítica con los periodistas que estaban de los dos lados y lo dije en algún medio, entonces me pareció que no estaba bueno. Si pasaste de otro lado del mostrador y estás trabajando para el Estado, te convertiste en una funcionaria pública. Siempre me definí como periodista.
Hoy, que no lo soy, cuando me preguntás eso, te diría que estoy en una etapa de la vida en la que me importa mucho ser mujer, ser madre y la amistad. Estoy en un momento de la vida en la que la amistad me importa mucho.
“Desde el primer momento Galería salió a pisar fuerte. La entrevista de la última página era muy jugada. Yo hice entrevistas de última página que me costaron muy caro, gente que dejaba de saludarme, era muy zarpada. Arbilla y Bottero tenían esa cosa de 'ir hasta el hueso'”.
¿Sabes cómo te define Wikipedia?
Lo primero que aparece en Google —esto me lo han dicho en alguna clase de periodismo a la que me han invitado— es “Adela Dubra marido”, y en realidad, estoy separada hace muchísimos años ya. Y qué loco que una mujer que tiene una carrera en los medios y en el Estado, googleás y te habla de “mi marido”… Entonces no soy nada, porque si no soy ni una profesional, ni estoy casada con esa persona, soy un espacio vacío.
“Es una funcionaria, periodista, escritora y presentadora uruguaya”. Me dio gracia lo de “funcionaria”, pero considerando tu rol actual, no le erra...
Por supuesto que no, fui funcionaria pública del Estado durante (mi gestión en) el Sodre cinco años, y hoy soy funcionaria municipal.
Fuiste la segunda directora de la revista Galería (que sale junto a Búsqueda los jueves). Búsqueda siempre ha sido visto como un semanario de investigación y actualidad, serio y riguroso, que se afana en demostrar imparcialidad. Vos estabas cuando se lanzó, fuiste su primera editora, con la dirección de Mónica Bottero. ¿Cuál era la premisa de la publicación en el año 2002?
(Danilo) Arbilla estaba muy arriba de la revista, había sido junto con Mónica Bottero un proyecto que ellos venían amasando desde hacía mucho tiempo. De hecho, yo quería ir a hacer radio y me dijeron: “No, quedate, porque vas a ser la editora de la revista”. Yo tenía 25 años, entonces para mí fue tremendo cargo ser editora, y era, aparte, un aumento económico muy bueno, y yo lo estaba precisando porque había nacido mi primer hijo y económicamente lo precisaba. Arbilla y Mónica tenían muy claro a lo que querían apuntar. Era una combinación de varias ideas buenas y visto el éxito que ha sido Galería, sin duda fue una pegada, con ese olfato bárbaro que tienen los dos.
Estaba instalado que era la revista “para la mujer del banquero”. Eso estaba en el imaginario, pero yo creo que era mucho más que eso. Inmediatamente se notó que había un vacío, porque Arbilla decía una cosa que era muy cierta, que los uruguayos criticaban las revistas argentinas, pero las consumían muchísimo. El banquero no la compraba, pero la veía y se tiraba de cabeza, o en el consultorio o le preguntabas a los quiosqueros y te decían que se vendía mucho.
Era una mezcla de ese vacío que había de la farándula… Estaba la intención de crear una farándula uruguaya, que había un potencial público para armarlo, que siempre estaba pendiente eso de cómo no hay una farándula uruguaya, un star system o como quieras llamarle, y también, un poquito, escandalizar. Porque desde el primer momento Galería salió a pisar fuerte, con “los demás y de menos”, y no solo eso. La entrevista de la última página era muy jugada. Yo hice entrevistas de última página que me costaron muy caro, gente que dejaba de saludarme, era muy zarpada, porque Arbilla y Mónica tenían esa cosa de “vamos al hueso”.
Cuando vos asumiste la dirección de la revista, ¿en qué creés que consistió tu impronta personal? ¿En qué te enfocaste?
La primera: me anoté en un papel enorme la cantidad de seguidores que teníamos en redes, que eran muy pocos, números muy bajos. Y me propuse crecer en redes. Yo soy muy de Twitter, soy básicamente de X, pero me propuse crecer en otras redes, en Instagram, en todo. Y lo logramos. Porque estaba un poquito antigua, en ese aspecto, la revista, se había quedado un poquitito atrás en el tiempo con eso. Y que lo digital también creciera. No había mucho dinero, pero yo soy bastante obsesiva del trabajo.
También me propuse cambiar las tapas. Me propuse que la tapa fuera una cosa novedosa. Me propuse ampliar el espectro de meter algún futbolista —en Búsqueda jamás hubo fútbol—, yo quería futbolistas en tapa, gente más de la farándula en tapa de Galería.
Empecé a tratar de meter tapas más periodísticas, a poner empresarios en tapa. Me acuerdo que (el publicista) Pipe Stein me dijo un día: “Adelita, estamos conociendo gente que no teníamos ni idea que estaban acá”. Desde un gran empresario que dirigía un frigorífico hasta un gran regatista que estaba en Europa. De esa gente que decís: “¿Y este quién es?”. Y meter más titulares, más noticias también.
¿Qué te dejó tu experiencia televisiva con Ignacio Álvarez y Gustavo Escanlar en Pan y Circo, de canal 10?
Yo me presenté a un casting para cuando Nacho volvía, y Escanlar era mi amigo. Y dije: “Ta, alucinante”, me llamó Nacho Álvarez y quedé. Y con el diario del lunes te digo: ellos tenían muchos años de tele encima y yo tenía cero. Entonces me sentí muy incómoda porque, además, para trabajar con gente en televisión, tenés que llevarte bien, tenés que tener buenos compañeros de trabajo... Esto es como andar en bicicleta. Después de andar mucho, más o menos le vas agarrando la mano. Hay gente que naturalmente se siente muy cómoda desde el principio. No era mi caso. Yo no me sentía cómoda en televisión.
Y no estaba cómoda con ellos. Ellos tenían millones de horas de televisión juntos, el programa no andaba. ¡Y yo no hablaba! Yo no hablaba. Estaba callada, callada. De hecho, hay una muy buena imitación de Los Informantes —está en YouTube, la pueden mirar— donde yo estoy callada. Hay una chica muy parecida a mí, absolutamente callada. Me acuerdo que mi hermano me llamaba y me decía: “¡Hablá!”. Es que yo estaba aterrada, estaba aterrada porque era todo muy a mil, y yo era una bebita gateando. Había una energía ahí que yo no sabía para dónde agarrar. Entonces, bueno, me equivoqué, lloré en televisión, fue horrible, me despedí, fue un fracaso.
Pero después volví a la tele, muchos años después, con un espacio de libros que me dio muchísimas satisfacciones. Hasta el día de hoy la gente se acuerda de mi espacio de libros y eso me encanta porque soy una militante de la lectura.
“En Pan y Circo la pasé muy mal, horrible, fue un fracaso. Pero después volví a la tele, muchos años después, con un espacio de libros que me dio muchísimas satisfacciones. Hasta hoy la gente se acuerda de ese espacio y me encanta porque soy una militante de la lectura”
La Cámara Uruguaya del Libro te otorgó el Premio Legión del Libro como reconocimiento por “tu aporte a la difusión y promoción del libro y la lectura”, a lo largo de tu carrera como periodista cultural. ¿Qué significó eso para vos?
A mí me emociona mucho todo lo que tenga que ver con los libros. Yo siempre fui muy amiga de la Cámara, he sido jurado en muchos premios, todas cosas sin cobrar, pero que las hago con tremendo gusto como presentar libros, para lo cual siempre me llaman y me encanta porque sigo siendo muy lectora, por suerte. A mí me emocionó mucho ganar el Bartolomé Hidalgo Revelación. Me acuerdo me llamó Alicia (Guglielmo), de Fin de Siglo, a decírmelo. Corté y me puse a lagrimear. Eso fue por Basta de Tanto, un libro que me trajo muchas satisfacciones.
Me hubiese encantado ser escritora. Tengo cuatro libros por la mitad, cuatro investigaciones dejadas (tú sacas libros todo el tiempo y me da muchísima envidia). Yo no tengo la constancia de trabajar sola, soy una persona que funciona mejor con estructura. Me cuesta encontrar el tiempo y no es falta de tiempo, porque conocí muchos amigos periodistas que les roban horas al sueño escribiendo libros, o sea que lo mío no es falta de tiempo, sino falta de lograr la disciplina de ponerme a escribir.
De 2020 a 2022 fuiste vicepresidenta del Consejo Directivo del Sodre, y desde el 2022 fuiste la presidenta del Sodre. Fue una designación de confianza. Fue un cargo de confianza política, del gobierno de Lacalle Pou, más allá de tus méritos personales. Anteriormente, ¿vos habías tenido militancia política para el Partido Nacional?
No. Yo vengo de una familia muy wilsonista, mi madre, sobre todo, militaba mucho y yo la acompañé mucho siendo muy chiquita (11, 12 años), pero que tampoco era tan chiquita. La salida de la dictadura es una cosa que tengo muy presente —los caceroleos, muchos actos de Wilson, mi mamá iba mucho a una coordinadora a la calle Ellauri—, recuerdo haber visto a Analía Piñeyrúa dando un discurso en esa coordinadora y fue la primera mujer que vi subida a un estrado. Me acuerdo de ir con mis padres cuando soltaron a (Líber) Seregni, ir a verlo a su apartamento ahí enfrente de la Facultad de Arquitectura. Fue una época muy fermental. Cuando hoy se habla de la famosa grieta, pienso: si hubiesen vivido aquella época, mis padres, que eran wilsonistas, liberaron a Seregni y mis padres me llevaron a verlo salir del balcón. Me acuerdo de las canciones de Por la Patria, de (Alberto) Zumarán, del “Oso” (Gonzalo) Aguirre, eran personajes muy venerados en mi familia.
Entonces sí, hasta esa edad. Después me hice periodista, lo sepulté —si querés—, pese a que mi corazón era blanco. Después me ofrecieron el cargo, como tú decís, y ahora sí, soy una mujer del Partido Nacional, afiliada, con carné.
¿Cuáles fueron los principales logros de tu gestión en el Sodre?
Llevamos el Sodre mucho más al interior. Por ejemplo, el Consejo Directivo sesionó en todas las capitales departamentales, cosa que nunca había pasado. Nos veían llegar en el interior y decían: “Nunca en la vida vimos esto”, veían al Consejo Directivo del Sodre en pleno, en Artigas, en Rivera, en todos los departamentos y (nos recibían) tanto intendentes blancos, colorados, como también del Frente Amplio. Lo agradecían mucho.
También, tras un acuerdo con Mevir, conocí muchísimas localidades. El Sodre estuvo en lugares que nunca había estado —en San Luis o en Santa Clara de Olimar, bailando. A mí me permitió conocer esos lugares que lo agradezco como persona—, pero el Sodre llegó a lugares donde la gente llevaba la cuenta: “El Sodre estuvo acá en el 83, iba a venir en el 92, pero al final no vinieron, y estuvieron en el 2001”, te decían. La gente contaba cuántas veces fue el Sodre a lugares que están un poquito más arriba del norte de Río Negro.
Hice un programa que me gustó mucho, que lo creé yo, que se llamaba “El Sodre en las plazas”. Quise sacar el Sodre y además trabajé con todos los alcaldes de Montevideo llevando el Sodre a las plazas. Después, por falta de fondos no se pudo seguir, pero también me dio muchas satisfacciones. Y los llevé adelante sola, porque cada uno tenía sus áreas, nos dividíamos. Y me encantó. Me hubiese gustado que siguiera más, me acordaba de cuando (Federico) García Vigil había llevado la Filarmónica al Cerro y quería replicarlo.
Destaco que trabajé muy bien con todo el equipo del Sodre, con los 720 funcionarios y con el gremio. Cuando nos fuimos, cuando terminé mi mandato, el gremio me dijo: “Con este consejo directivo se trabajó mejor que con muchos otros anteriores”. Para mí, eso es una cosa muy agradable. Creo que es mito eso de que el gremio no te deja trabajar, es absolutamente mentira. Nosotros trabajamos muy bien con el gremio.
“Cavani era el único que podía hacer esa campaña, por su físico. Y yo, que no soy futbolera, le escribí una carta a él y a su señora, contándole mi idea. Y le puse: 'tú en otra vida fuiste bailarín'. Y le puse que era una salida laboral en el Uruguay. Jocelyn, su señora, me puso: 'Adela, contá con nosotros”.
Recuerdo muy bien la campaña con Edinson Cavani en zapatillas promocionando la Escuela Nacional del Sodre…
Esa campaña tuvo que ver con que un día un profesor de las escuelas del Sodre me cuenta que los niños, cuando tienen 7 u 8 años, los padres los sacan de las escuelas para que los compañeritos no les digan que son gays. Y todavía hay niños que esconden las zapatillas en la mochila para que no les hagan bullying, y por eso hay pocos bailarines hombres, faltan. Ahí yo dije: “Hay que poner a Cavani en calzas y en zapatillas”.
¿Pensaste específicamente en él?
Absolutamente. Era el único, probablemente, que lo podía hacer, por su físico. Y yo, que no soy nada futbolera, le escribí una carta a él y a su señora, contándole mi idea. Y le puse, picaronamente, “tú en otra vida fuiste bailarín”. Y le puse que era una salida laboral en el Uruguay. Y a la media hora tenía un Whatsapp de la señora, Jocely Burgardt, que es egresada del Claeh en Gestión Cultural, oriunda de Bella Unión, y había hecho un máster en Gestión Cultural. Me puso: “Adela, contá con nosotros”. La campaña costó 20.000 pesos, pero, sobre todo, tuvo tremendas repercusiones: salimos en portales de Francia, de ESPN, ganamos premios… Era una campaña con Cavani para atraer gente a las escuelas del Sodre, fue muy bien filmado por Carlos Ameglio, y era un minuto y medio en blanco y negro, y fue un golazo.
Él, un valiente total, estaba sin club en ese momento, se puso las zapatillas… Pensamos que íbamos a tener media hora de Cavani, y estuvo todo el día en el auditorio. Cayó de mañana con la pelota, el mate y la hija, con sus sobrinos también (que estudian piano) y pasó todo el día ahí, grabando. No quiso ir a almorzar al camarín, dijo: “Almuerzo acá con los muchachos”, y la rompió. Fue una generosidad tremenda…
¿Y qué te quedó en el debe? ¿Con qué no pudiste?
(El senador) Sebastián Da Silva me llamó para felicitarme cuando asumí y me dijo: “Tenés que pensar en cinco proyectos, para lograr tres”, y es un poco así. El día a día es durísimo, son muchísimos problemas, muchos funcionarios (son 720 personas que tenés que recibir), expedientes, reuniones, entonces es una cosa muy demandante y no te da el tiempo para todo... Y, además, es un consejo directivo donde tenés que tener unanimidad, conseguir los apoyos. Sos una mezcla de gerente, con cargo político, entonces tenés que gerenciar.
El Sodre no tiene un gerente, entonces, se rompe un vidrio y le escriben al presidente, porque a ver si hay que hacer un llamado a precios o no y termina en un Whatsapp al presidente o la presidenta. Entonces, te come el día a día y te queda poco tiempo para los grandes temas, que ojalá hubiesen sido más.
Hoy sos la directora general de Cultura de la Intendencia de Florida, comandada por el intendente Carlos Enciso. ¿Qué objetivos te trazaste al asumir el cargo?
Primero era conocer, y conocer Florida. Y no me no me tiembla el pulso en decir que tuve que lograr que me quisieran, porque varias personas de Florida me dijeron en confianza: “Mirá que acá no te vamos a querer”. Es un poco como a los porteños o porteñas en Montevideo.
¿Por ser montevideana?
Claro. Hay una barrera. Alguien me dijo: “Ustedes hablan diferente, se visten diferente, tienen otros modales”. Entonces tuve que hacer un esfuerzo por conocer el departamento, que lo conocía por el Sodre, por la vida y por andar, porque a mí me gusta mucho el interior, me gusta mucho el campo y soy una persona que por diversas razones ha andado bastante.
¿Y te hiciste querer?
Bueno, no lo voy a contestar yo. Me esfuerzo, en el sentido de que, por ejemplo, en Florida se dice “buen día” a alguien que no conocés y te cruzás por la calle. Alguien me dijo: “Mirá que vos podés ser muy buena persona, pero si vos no decís ‘buen día’, acá no te va a querer nadie. En cambio, si sos una persona medio jodida, pero decís ‘buen día’, ya tenés otras posibilidades”.
¿No deberías haberte mudado a Florida para ocupar ese cargo?
Alquilo una casa y duermo en Florida varias noches a la semana, y los demás días, viajo. Te diría que estoy en Montevideo dos veces por semana, el resto estoy viajando como tanta gente de Florida que va y viene y para quien el (ómnibus de) Cita es parte de la vida. Paso la mitad de la semana allá.
Como mujer blanca, con carné de afiliada, como dijiste, ¿qué opinión te merece todo lo sabido hasta ahora de la Operación Trazador? Y, en particular, la conferencia del edil Gonzalo Gómez…
Prefiero no contestar, porque me faltan elementos. No pertenezco al sector de (Jorge) Gandini, además, así que menos que menos.
La visita de León XIV, desde la cultura, ¿puede darle un valor agregado al departamento de Florida?
Es una gran oportunidad para Florida de aparecer en los medios del mundo. Desde el punto de vista de la cultura, el turismo y juventud, que también me atañe, estamos logrando que haya, por ejemplo, caballos en la llegada del papa. Este papa es muy del caballo. De hecho, le han regalado un caballo árabe en Perú, pasaba andando a caballo, hay muchas fotos del papa a caballo. Entonces, Florida es el caballo, y está bastante encaminado que haya caballos cuando él esté llegando, una especie de escolta. Por un tema de seguridad hay que tener mucho cuidado, desde el punto de vista de la seguridad del Vaticano, de la seguridad de la propia Presidencia de la República del Uruguay. Va a haber música, va a haber folclore, la noche anterior vamos a recibir a quienes estén por Florida con música también, porque la gente va a estar allí durmiendo y viendo qué hacer. Parece chico, pero después de la visita del papa, en Cardal está la Fiesta de la Leche, que es un arroz con leche gratuito que ya está por entrar al Récord Guinness. Esa tarde cierra Chacho Ramos. Entonces, bueno, Florida tiene muchas ofertas.
“Este papa es muy del caballo. De hecho, le han regalado un caballo árabe en Perú, pasaba andando a caballo, hay muchas fotos del papa a caballo. Florida es el caballo, y está bastante encaminado que haya caballos cuando él esté llegando, una especie de escolta”
¿Sos feminista?
Sí.
¿Y cómo te ha tratado el feminismo mainstream? Te lo pregunto porque muchas feministas del Partido Nacional y de la Coalición Republicana, en general, no la han pasado bien en la marcha del 8M. Me lo dijeron Beatriz Argimón y Mónica Bottero, por ejemplo.
Yo fui muchos años a la marcha… En un momento no me gustó que vi que el Pit-CNT estaba apoderándose mucho de la marcha, como en primer lugar. Y en ese momento, el Pit-CNT no tenía ninguna mujer en su Secretariado Ejecutivo. Después pusieron a alguien, pero en el momento en que yo dejé de ir, dije: “Pucha, el Pit-CNT está haciéndose cargo de esta marcha y no tiene una mujer en sus autoridades”. Hay opiniones y hay información. Si una cámara empresarial o un sindicato o una directiva de la Asociación o Federación Rural no tiene una mujer en sus cargos directivos, para mí eso ya es un indicador muy importante. Y, además, está casi que en un Excel, no es opinión. Ese es el famoso techo de cristal, la barrera (que dice) que las mujeres no deberían llegar a los puestos de decisión, (algo) que es tan viejo como la injusticia a estas alturas.
¿A mí cómo me ha tratado el feminismo? No sé, a mí no me gustan las mujeres que se quejan de que están en un cargo con cierta notoriedad y se quejan de lo que les pasa en las redes. No siento que haya habido animosidad hacia mí, tampoco soy una mujer de perfil tan alto. Pero ojo, no conozco las cifras respecto a cuánto más se ataca a las mujeres. Sé que hay más virulencia contra las mujeres que tienen más notoriedad.
En 2020, durante la pandemia, entrevisté a Mariana Wainstein, entonces directora general de Cultura del MEC para este espacio. Ella cuestionó la pretendida “superioridad moral” de la izquierda, así como el relato de asociar lo cultural o la cultura con la izquierda. “Nada más alejado”, me dijo. “Yo no puedo unir lo que para mí es la izquierda con lo que para mí es la cultura”, agregó. ¿Cuál es tu visión?
Es un tema que tiene muchísimas puntas. Yo creo que a veces los partidos tradicionales… Me animo a hablar del Partido Colorado porque hace muy poco escribí una columna sobre (el escritor Juan Carlos) Onetti, a quien creo que defendemos muy mal, pese a ser un escritor tan importante. Lo defiende mucho mejor España que Uruguay. Me parece que si vamos a criticar al de enfrente, antes tenemos que criticarnos nosotros mismos. Primero, una autocrítica. Preguntémonos si nosotros defendemos bien a nuestros artistas. ¿Qué es defenderlos? Para empezar, a irlos a ver, consumir lo que hacen. Lo dijo un día Omar Varela en unos Premios Oribe en el Teatro Notariado, se paró frente al escenario, abrió los brazos y dijo: “Políticos: ¡vengan a vernos!”. Ojalá muchos más políticos de todos los partidos fueran al teatro, a ver conciertos, leyeran más, vieran más danza, más carnaval, más tango, más rock, más todo. Primero porque los haría personas más empáticas. Yo soy una militante de la cultura. Voy a ver carnaval, voy a ver tango, voy a ver rock and roll. Yo leo lo que me gusta y lo que no me gusta, yo leo mucha prensa, todos los viernes compro Brecha y leo La Diaria. Yo leo todo lo que pueda, lo que caiga en mis manos. Y me encantaría que la clase política toda fuera más cercana a la cultura.
Cuando miramos hacia adentro decís: “Bueno, ojalá defendiéramos mejor a todos los artistas”. Se los defiende mejor si conocés lo que hacen. Es lo primero. Tenés que seguir sus carreras. Después podemos hablar de reconocimiento, de los premios, de los viajes, de si siempre es la misma camarilla la que viaja, si los jurados siempre llaman a los mismos (todas cosas pagas)… Eso sí vamos a hablarlo, pero primero: la clase política debe estar más cercana a la cultura. Hubo mandatarios en este país que fueron muy de la cultura, hubo otros que menos. Ojalá, y creo que es muy importante, que los políticos consuman la cultura de su tiempo.
Yo, cuando estaba en el Sodre, les avisaba a mis amigotes políticos —no tengo tantos, pero a los que tengo, les avisaba— “Che, vengan a ver a La Vela Puerca”, “están Los Traidores”, “venite a ver a Jaime Roos”. Porque no pretendo que vayan a escuchar Schumann, pero sí La Vela Puerca que es tu generación, o Jorge Nasser, ponele. Por suerte el presidente Lacalle Pou vino a ver a Nasser, porque él es seguidor de Jorge. Compró su entrada y vino a ver a Nasser, también vino a ver a Jaime Roos.
También creo que la gente de la cultura muchas veces se encarga de marcarle al que no es parte: “Vos de esto no entendés”. Y mirá que para saber de cultura tenés que haber andado mucho, leído mucho y visto mucho. Y de última, eso no está bueno, porque uno se va haciendo. Es como una gimnasia, cuanto más mirás más entendés. ¿Sabés por qué a veces los políticos no van a ver cosas de cultura? Porque sienten que van a quedar raros, porque sienten que se los va a juzgar como “¿qué hace este acá?” Si mañana estamos tú y yo en La Cretina viendo un show de Paul Higgs o del “Dinamita” Pereda o de Francis Andreu o Samantha Navarro, y hay un político ahí, capaz que van a pensar: “¿Este qué hace acá? Este está para sacarse del cartel, este está para jetear, para sacarse la foto”. Y no está bueno eso.
El paradigma que yo trazo es: ¿viste cuando vas al campo y vos no sos de campo, vas a una yerra y el gaucho y el peón te hace sentir que sos un gil porque no sabés —no sé— cómo se tiene que castrar o cómo se hace para sacarle las guampas al bicho? Te hacen sentir sapo de otro pozo y te hablan en raro, para que vos te sientas disminuido, y por esa misma razón vos no querés ir. Porque si yo fuera político yo no podría ir a hacer papelones o a quedar como que “entré acá con fórceps”.
Muchas veces se habla de dar “la batalla cultural”. La senadora Graciela Bianchi es una de las que hace más hincapié en eso. ¿Qué batalla cultural hay que dar, a tu juicio?
No me convence lo de batalla, entiendo por dónde va, pero no lo vivo así. Cierta izquierda ha puesto cosas en términos de lucha en varios terrenos y creo que eso impregnó la expresión. Creo, porque lo mío es una militancia, que la cultura mejora nuestras vidas y quienes somos. Creo que te hace una persona más empática, me gusta conmoverme con un libro o una canción o una película. Se los transmito a mis hijos y a mis sobrinos. Siempre estoy pensándolos, en qué les puedo recomendar. He cultivado mi amistad con amigas y amigos artistas y los sigo en sus carreras con mucho placer. Creo haber fomentado la cultura desde el lugar que estuve y en el que estoy.
Ahora, no soy tan ingenua: es importante promover artistas valiosos que la izquierda se ha encargado de dejar de lado o cajonear. Pero para fomentar la cultura hay que curtirla. Ir al cine, al teatro, a un tablado, leer, ficción y no ficción, escuchar música, ir a conciertos, leer comics y ensayos, ver exposiciones, apreciar buenas fotos. Es decir, la cultura como una forma de pararse ante el mundo. Voy al teatro y no me importa qué vota ni el director ni las actrices. Ahora, cuando Marianella Morena dijo “no podés ser artista y no votar al Frente” le salí al cruce. He salido al cruce en varias ocasiones, pero en buenos términos. Hay que hacer cosas por la cultura, levantar ideas propias, con independencia, y a veces ser valiente y decir sí que (Mario) Benedetti está sobrevalorado, por ejemplo. He sido crítica y sigo siéndolo con “la cultura de la ordinariez”, como tituló Claudio Paolillo la cultura de ir al Estadio y silbar cuando se canta el himno del equipo contrario. Esa es una linda discusión para dar: ¿qué hacemos con las hinchadas de futbol, con los canticos misóginos y homofóbicos que allí se dan? Qué lindo sería ver que un diputado o senador de cualquier partido salga a decir que fomentar eso y cantarlas es una forma de promover la violencia.
Y después hay cosas chicas que parecen chicas, pero no lo son: cuidar cómo uno habla. No sé en qué momento se instalaron palabras como “calendarizar” o “transversalizar”. No todo se visualiza, hay cosas que se ven, liso y llano. Tengo una manía contra expresiones como hoja de ruta, y a veces si uno observa, hay gente que habla así porque tiene poco para decir. O porque llenan el ojo y el oído de algún distraído o snob, porque, en definitiva, hablar así es un esnobismo o para hacerse el interesante.
Dejando de lado lo que atañe a tu cargo, ¿estás escribiendo algo?
Gracias por hacerme esta pregunta porque mi sueño era ser escritora, y quizá actriz. Tengo cuadernos y grabaciones de cuatro investigaciones que a la largo de la vida he ido dejando por la mitad. También una novela terminada que no me animo a publicar. Eso es malo. Hace años (el historiador José) “Pepe” Rilla me dio el consejo que no es bueno seguir pastoreando las cosas y no “parirlas”. Gracias a ese empuje terminé publicando Basta de tanto. Sigo escribiendo, por placer, pero debería poner foco —y supongo que coraje también— y publicar.
¿Y qué estás leyendo?
Terminé Koljós de Emmanuel Carrère y me pareció tan fascinante, luminoso, tan bien escrito que compré otros Carrère, aun sabiendo que son medio fallidos, algunos de sus primeros libros. Además, estuve en una reunión chica con él antes de lo del Solís, un lujo total. Éramos siete, así que pudimos preguntar e intercambiar tranquilos.
Me pasa con Carrére y con Houllebecq: estoy deseando que aparezca algo más. Ahora acabo de empezar con el de Elena Risso sobre el voto femenino en Cerro Chato. Se cumplen los 100 años en julio, es un tema que siempre me interesó y además Cerro Chato es de los cerrochatenses, como les gusta decir a ellos, pero también tiene esa particularidad de pertenecer a tres departamentos: Durazno, Treinta y Tres y Florida. Y todo lo que tenga que ver con Florida lo leo de manera casi obsesiva.
¿Extrañás el periodismo?
Extraño el periodismo, sí. Por suerte me quedan buenos amigos periodistas; no es lo mismo que estar todo el día en esa máquina que adoro y tanto me nutrió y nutre, pero al menos, disfruto de su inteligencia, sentido del humor y esa cosa medio punk que tienen ustedes.
¿Sos feliz?
De a ratos, como todo el mundo.
Por César Bianchi
@Chechobianchi
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