Seré curioso

Seré Curioso con Abigail Pereira

Abigail Pereira: "Siempre fui política, líder, medio revolucionaria"

Mujer trans y actriz, ahora es la lengua filosa de la cadena Telemundo en Miami. La actual panelista de Algo Contigo contó cómo y cuándo prevé convertirse en mamá.

17.01.2017

Lectura: 19'

2017-01-17T00:00:00-03:00
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Cuando tenía 5 años, Maxi Pereira miró a Xuxa en la tele y supo que quería ser ella, o algo parecido. Se sintió identificado por el color y el corte de pelo, por lo que volteó a buscar un espejo y se vio igualito a la blonda brasileña, que bailaba y cantaba entre los niños. Maxi supo ahí, en su casa de Chacarita de los Padres, que quería ser ella. Que quería que, de grande, le dijeran ella y no él.

Desde hace unos cuántos años no lo embroman por llamarse igual que el lateral derecho de la selección, porque las leyes en Uruguay la rebautizaron Abigail y la gente la legitimó así socialmente. A fuerza de tenacidad y hacerse respetar, Abigail -rubia platinada como Xuxa- estudió enfermería, fue sindicalista y militó por las condiciones laborales de los de su gremio, estudió canto y baile, participó del Bailando por un Sueño con Tinelli, amenizó los mediodías domingueros de Canal 12, hasta que hace cinco años emigró a Miami, en busca del sueño americano.

Allá, a base de carisma, Abigail Pereira se ganó un sitio como experta en reality shows, y en shows propiamente dichos, que despliega entre la comunidad LGBT o para quien la quiera contratar. En una tarde de principios de enero se sacó los ruleros en la peluquería de Rosita Paiva en Carrasco, cruzó las piernas y se dispuso a contestar lo que sea sobre quién fue Maximiliano, quién es Abigail, por qué nunca se operaría los genitales ("no me molesta mi pene") y hasta confesó sus ganas de ser mamá, algún día.

Por César Bianchi
@Chechobianchi 

 

-¿Cómo te ganás la vida en Miami?
-Hago televisión, soy panelista de la señal Telemundo. Cada vez que la cadena tiene un segmento de un reality me llaman a mí como experta para un ciclo que se llama "Suelta la Sopa". Ahí hablan de espectáculos, es el lugar líder en ese rubro. Como experta analizo la participación de todos los integrantes del reality. Hubo Top Chef Estrellas, que fue un reality de famosos que tenían que cocinar, y otro fue artístico, que tenía que ver con el baile y el canto, lo que se generaba entre ellos, y se iban eliminando.

-Pero también actuás y bailás.
-Hago actuación para el Centro Cultural Español y también para el Paseo de las Artes, que son dos espacios de microteatro. Y después para el director Roca, para las producciones de Havanfama (Theatrical Company) y me han llamado del Teatro Flamingo, donde participé con la obra "Cinco diamantes", que ya son obras de mayor duración. Cuando digo microteatro es un concepto traído desde España de microobras de 15 minutos cada una, con repetición de seis o siete veces la misma obra el mismo día. Son unos siete contenedores distribuidos y todos los actores que están en cada uno de ellos tienen que desarrollar una historia que tenga que ver con el concepto común (sin ser la misma obra), entonces una persona paga su entrada y ve siete obras de microteatro en vez de una obra entera de larga duración. Y como cantante, hago shows por lo general en la comunidad LGBT, pero no me encasillo en eso; también hago shows privados en nightclubs en Orlando y precisamente en Miami, son performance con bailarines.

-Cuando te hacen una entrevista, ¿qué te gustaría que dijera el zócalo que te presenta debajo de tu nombre?
-Actriz. Eso encierra todo, porque una actriz puede cantar, bailar y desarrollar un personaje. Para mí, soy una actriz de comedia musical. Incluso me gusta más actriz que vedette. No me considero vedette.

-Has estudiado canto y baile, te has preparado. Pero también hacés entrevistas en televisión. ¿Pensás estudiar comunicación social o periodismo específicamente?
-Periodismo es algo que me encanta, pero periodismo de investigación. Yo ya soy transgresora, soy de ir más allá de la noticia, y no quedarme solo con el título. Me gusta profundizar... pero ahora no puedo hacerlo, no tengo tiempo. Pero me voy a tener que hacer el tiempo, porque me gustaría hacer eso en televisión.

 -¿Qué de todo lo que hacés te da más satisfacciones? 
-Actuar: interpretar un personaje y creérmelo. Aprenderme el texto y lograr lo que el director quiere que haga.

"A mí me tocó vivir con mi hermana en una zona de Miami que no era muy buena, y hasta me daba miedo vivir ahí. Y eso que había vivido en lugares inseguros en Uruguay, pero eran otros tiempos... Muchos creían que me bancaba un jugador de fútbol".

-Tus seguidores en redes sociales pueden ver fotos de las fiestas lujosas en las que solés participar. ¿Pero qué hay detrás del mundo de las estrellas en Miami, cuando se apagan los reflectores?
-En mi caso no sólo muestro el glamour, también muestro cuando me estoy haciendo máscaras de barro en la bañera, jodo cuando estoy sin maquillaje, canto canciones sin estar producida, conmigo ven todo... y como no tengo filtro, mis estados de ánimo se ven reflejados en mis redes sociales. Y muchas veces mis detractores lo usan, porque yo hago algo con humor y lo transforman en agresión, en querer lastimarme. 

-¿Hay algo de Abigail que no muestres en tus redes sociales?
-Mirá, hay cosas que no se ven... Yo, por ejemplo, todas las noches lloro, antes de dormir. Es una angustia que me viene y lloro antes de dormir, porque la exteriorizo. Y me siento bien después de llorar. El psicólogo me decía que vengo liberándome, y que ahora estoy un poco más feliz que antes. Como que lo libero al llorar. Lo siento y lo hago.

-¿Te costó mucho la adaptación?
-De lo difícil que puede ser instalarse cuando uno recién llega, te pueden pasar millones de cosas. A mí me tocó vivir con mi hermana, después de haberme independizado hacía mucho, en una zona de Miami que no era muy buena, y hasta me daba miedo vivir ahí. Y eso que había vivido en lugares más complicados e inseguros acá en Uruguay (soy de Camino Maldonado y Km. 12, casi Punta de Rieles), pero eran otros tiempos... y cuando uno ya se supera, es bravo adaptarse en otro país. Y a mí allá en Miami me daba miedo salir a tirar la basura, pensaba que me iba a pasar algo. Pero acá la gente pensó que yo vivía en una mansión o algo así, con todos los lujos, y no. Hasta inventaron que un jugador de fútbol me estaba bancando en Miami, y nada que ver: yo vivía con mi hermana en un apartamentito con una habitación sola y una cocina chica.

-¿Hace cuánto dejaste de pensar en cómo hacer para llegar a fin de mes?
-Hace tres años. Y eso que hace cinco que estoy allá. Logré una continuidad laboral, me costó dos años estabilizarme en Estados Unidos y me costó generar algo productivo y duradero, porque mirá que allá se gana en dólares pero se gasta en dólares también. Con el pasaje a Telemundo fue todo diferente, me estabilicé.

"Mi hermana pensaba que yo había ido a esa fiesta en Orlando... Prendí el celular, empecé a mirar las noticias, y no lo podía creer... Por una semana no salí de mi casa, estuve en depresión total".

-¿Estás viviendo la vida que soñabas vivir cuando eras adolescente y estudiabas enfermería?
-No, estoy viviendo una vida mucho más cómoda pero no la vida que soñé, porque yo soñé vivir en mi país.

-¿Y querías integrar el star system estadounidense o vivir de enfermera en Montevideo?
-Yo quería ser enfermera y vivir de eso. Era el oficio que me iba a sacar adelante, porque pensaba que la salud era el pilar importante en un país y me iba a sacar adelante. Pensaba yo, pero ahora veo que está cada vez peor en su remuneración...

-Y si apostabas a la salud, ¿por qué no mirar más alto y estudiar Medicina?
-Porque mucha gente, cuando estudia Medicina, recién en el tercer o cuarto año consiguen trabajo y entrar en contacto con pacientes. Yo pensé: "Voy a estudiar enfermería para estar, de entrada, en contacto con los pacientes y ver las peores cosas". Y si eso me gustaba, iba a seguir medicina. Cirujana cardiovascular quería ser.

-Tengo entendido que eras sindicalista...
-Siempre fui delegada, en todo. Siempre fui media revolucionaria. No era ser sindicalista por serlo, era tener un argumento que hiciera que yo me tuviera que enfrentar al sistema. Me enfrentaba y lo hacía. Participé del movimiento Claveles Rojos de la 609, sector de Víctor Vaillant, después pasé a la 90, el socialismo... ellos estaban medio enfrentados, pero estuve un año con cada uno. Me paseé por todos los asentamientos, ayudando a la gente, ya ahí era conocida, pero antes de serlo pinté muros en un comité, todo eso. Es algo que me nace ser: política, revolucionaria. es mi naturaleza, lo sentí hacer.

-Donald Trump, nóvel presidente de Estados Unidos, ha hecho duras declaraciones contra las minorías sexuales y contra los latinos. ¿Eso te hace sentir más insegura viviendo en ese país?
-No sé si insegura, es la incertidumbre lo que me molesta. Él no tiene filtro -yo admiro eso de las personas- pero cuando esa falta de filtro puede agredir o violentar los derechos de las personas, y de un colectivo, te deja una incertidumbre. Está todo el mundo preocupado, pero confiamos que los asesores y muchos legisladores republicanos y demócratas no van a llevar adelante muchas de las cosas que él prometió en campaña.

"Fisiológicamente no me molesta mi pene. Tuve una entrevista con un endocrinólogo y le dije que yo estaba en contra de la terapia hormonal. Yo no tengo el síndrome de rechazo al miembro que me tocó, que muchas transexuales tienen"

-¿Cómo reaccionaste cuando te enteraste de la mascare de la discoteca Pulse de Orlando el 12 de junio del año pasado, motivada por la intolerancia hacia el colectivo LGBT?
-Horriblemente, porque yo tenía una invitación para ir a esa disco, a esa fiesta. Me mandaron la invitación, pero avisé que no iba a ir porque tenía el estreno de una obra de microteatro. Salí tan cansada de la obra que cancelé el viaje, y al no ir yo, no fueron tres amigos más, que iban a ir conmigo, porque manejaba yo. Me acosté muerta de cansada y apagué el celular. Al otro día estaban tirando la puerta abajo porque yo no contestaba el teléfono. Mi hermana pensaba que yo había ido a esa fiesta en Orlando...  Prendí el celular, empecé a mirar las noticias, y no lo podía creer... Por una semana no salí de mi casa, estuve en depresión total. Tengo amigos y conocidos del ambiente, de Miami, que perdieron amigos íntimos en esa tragedia. Fue un shock para mí.

-¿Te molesta que te digan travesti?
-Nunca me molestó. Sí me molesta cuando dicen "el travesti", porque está mal empleado. Pero si dicen "la travesti" no me molesta. Es un término antiguo, pero desinforma. Travestirse está mal, porque la persona ya está vestida. No coincide con mi forma de ser porque yo no sólo me visto como mujer, vivo las 24 horas con el género de identificación femenino. Pero no me ofende que me digan travesti.

-Uno te escucha y ve que siempre tomaste tu sexualidad con mucho humor. ¿Es tu forma de exorcizar las posibles frustraciones?
-Es una herramienta transformadora para el otro, no para mí. Yo naturalizo, entonces al otro deja de llamarle la atención, deja de darle trascendencia, y automáticamente la gente cambia. Ya no piensa que dijo algo gracioso, lo obvia, y si quería lastimarme, ve que no causa efecto, entonces no lo hace más.

-¿Has pensando en operarte y quitarte el pene?
-No, y siempre lo dije. Sentirme mujer o sentirme hombre no está definido por la genitalidad de una persona. Una cosa es el sexo biológico con el que uno nace, y otra cosa es la identificación sexual o el género. Identidad de género es la vida de relaciones que tiene una persona con las demás personas, no está definido por un pene o una vagina.

-¿Pero vos te sentís cómoda con tu pene?
-Sí, totalmente. Fisiológicamente no me molesta, independientemente de la utilización o no -que eso es íntimo- pero, además, no me opero por algo más profundo, que investigué. Cuando yo lo evalué y tenía inquietudes a los 14 o 15 años, me reuní con el equipo de gente del Clínicas, tuve una entrevista con un endocrinólogo y le dije que yo estaba en contra de la terapia hormonal. Él me dijo que hacía bien porque todo lo que es intrínseco al organismo tiene sus resultados inmediatos, pero a posterior generan otras cosas. Y cuando yo planteé el cambio de sexo, me dijeron que tenía que estar muy segura, porque es un proceso irreversible, pero que aparte generaba ciertos traumas. Yo no tengo el síndrome de rechazo al miembro que me tocó, que muchas transexuales tienen: le agarran rechazo a su pene, yo no. Por eso ellos son transexuales y yo soy transgénero. Y no me realicé el examen porque hay una estadística que dice que muchas de las personas, tras el cambio de sexo, terminan en estados de depresión y hasta pueden llegar al suicidio. Entonces, no quería pasar por eso. Quiero que la persona que esté conmigo me quiera por quien soy, y no por lo que tengo entre las piernas.

-Y que te sienta mujer...
-Totalmente. Yo me siento mujer.

"Mi personalidad es la misma, yo nunca cambié. Nací varón porque mis cromosomas dieron que era varón y por eso me pusieron Maximiliano, pero yo siempre sentí que era una mujer."

-Estás en contra de las hormonas, pero te pusiste mamas...
-Soy operada, yo jamás tomé hormonas. Tengo prótesis. En 2008 fue la primera, en 2009 la segunda, en 2011 la tercera y en 2015 la última, para aumentar, para darle forma y mejoré las prótesis. Y como no tomé hormonas, al principio hubo que esperar un tiempo para que la piel se estirara y no tomar químicos.

-Tras la primera operación de 2008, ¿te sentiste mejor al verte al espejo?
-¡Sí! Fue como que me desarrollé de un momento para otro... era lo que había esperado tanto tiempo. Todo por lo que habían pasado mis amigas, con la etapa del desarrollo, yo lo tuve a los 21 años, fue como que me viniera la primera menstruación. Yo siempre deseé verme como mujer, lo sentí. Fueron orgánicos mis cambios, fueron de adentro para afuera. Cuando me puse senos fue uno de los sellos más importantes para el desarrollo femenino, y para sentirme totalmente identificada como mujer.

-¿A qué edad y cómo fue el momento en que supiste que querías lucir como mujer?
-Tenía cinco años. Me acuerdo tal cual. De hecho, me valió el nombre de Xuxa, como forma de hacerme bullying. Me súper divertía, y ellos pensaban que me hacía daño. Me acuerdo de tener esa edad, estar frente a la tele con la imagen de Xuxa cantando y bailando, yo tenía el mismo corte y color de pelo, me miré al espejo y dije: "Yo soy Xuxa". Me empezaron a llevar al psicólogo, porque yo decía que quería ser Xuxa.

-¿Esa inclinación fue resistida en el seno del hogar?
-Absolutamente. Aparte que ya habían tenido tres hijas y esperaban al varón. Mis tres hermanas mayores eran mujeres y vino el varón, pero el varón les salió así, qué le voy a hacer...

-¿Conservás algo de Maximiliano?
-Sí, conservo todo. Mi personalidad es la misma, yo nunca cambié. Yo nací varón porque mis cromosomas dieron que era varón y por eso me pusieron ese nombre, pero yo siempre sentí, desde que tengo uso de razón, que era una mujer.

-¿Alguien todavía hoy te dice Maxi para querer molestarte?
-Sí, obvio... En redes sociales mucho, y es gente que no me interesa. Imaginate que, si no me importó lo que dijera mi familia, ¡no me va a importar lo que opina un huevo de Twitter! Y ojo, no los bloqueo, a menos que sea con mucha intencionalidad, con ganas de hacer daño. Yo hago limpieza sin contestar en público, les contesto por privado y jamás con una agresión. Le digo que si le produce tanto odio ver mis publicaciones, que me bloquee y listo...

-¿En la escuela y en el liceo sufriste bullying?
-Sí, claro... Pero yo no sufrí tanto, porque siempre fui líder y usé el estudio como herramienta para estar a la vanguardia de la clase. Me respetaban mucho, en general (excepto tres o cuatro), y siempre fui respetada porque era la mejor de la clase. En el liceo fui abanderada del Pabellón Nacional, mientras que en la escuela me ganó uno que me sobornó con cinco dólares y alfajores, porque era por voto popular. Por las notas, no me hubiera ganado la bandera uruguaya.

-¿En algún momento de tu vida ejerciste la prostitución o lo pensaste?
-No, porque siempre quise despegarme de ese camino de la comunidad trans. La comunidad trans siempre está asociada a VIH, prostitución, mala educación, groserías y no querer una familia. Yo pensaba: si yo tomo ese camino, van a tener ese argumento para sentenciarme en mi carrera profesional. Entonces, si bien no discrimino a quienes ejercen la prostitución, yo nunca elegí ese camino. Me pone mala que siempre se relacione a las chicas trans con la prostitución; hay muchas que no se dedican a eso.

-Muchas veces, las circunstancias las acorralan y no les queda otra...
-Puede ser, pero hay argumentos para el otro lado. Yo me fui de mi casa a los 14 años y no tenía para comer, me fui a una casa con techo de chapa, piso de barro y sin agua caliente para bañarse, y jamás tomé la opción de prostituirme. Me iba a merenderos o hacer voluntariado, para comer lo que sobraba de los otros...

"La comunidad trans siempre está asociada a VIH, prostitución, mala educación, y no querer una familia. Yo pensaba: si tomo ese camino, van a tener ese argumento para sentenciarme en mi carrera profesional"

-Nunca, entonces, estuviste cerca de esa opción...
-Cerca siempre estás. Es más, estoy más cerca de la prostitución ahora que soy conocida y famosa, que antes cuando no lo era y tenía más necesidades. Yo en esto me muero con mis principios.

-¿Cuán verdaderamente tolerantes somos hoy los uruguayos, más allá de la multitudinaria Marcha por la Diversidad?
-Creo que muy poco. Somos intolerantes en todo: en la convivencia, en el fútbol, en la política, en el tránsito. Sí somos más tolerantes que antes, ha habido un proceso; pero no se acompañan los avances legislativos con el día a día, en el trato con los vecinos. Eso es lo que veo yo. Estamos a la vanguardia en lo legislativo (en Estados Unidos nos toman como ejemplo), pero en la cortita, en el día a día, lo dudo.

-¿Qué te haría volver a radicarte en Uruguay?
-Sentirme segura. Hablo de seguridad. Es el gran flagelo que tienen los uruguayos. Los que están acá y se quieren ir, es por la inseguridad.

-Los índices en seguridad están mejorando, según el propio Ministerio del Interior. Pongamos que de acá a un año mejora sensiblemente ese aspecto. ¿Volverías cuando acá no te pagarían como en Miami?
-Es verdad, pero este año voy a tener la ciudadanía estadounidense, entonces podría viajar con frecuencia. Si yo tengo opciones acá de tener buenos trabajos y vivir bien (no con mucho, sino vivir bien), vendría. También hay un acostumbramiento... pero yo amo a mi país. Yo vengo acá, y no me dan ganas de volver.

-No volverías a Uruguay para trabajar como enfermera...
-No te creas, no lo descarto. Me llevé todos mis estudios para Estados Unidos, y pienso que, si allá me dan la opción, quiero hacer las reválidas para Nursing assistance, el título de allá. Acá no me recibí de enfermera, me quedó una materia sola.

-Ahora estás haciendo una suerte de suplencia en Algo Contigo. ¿Cómo es eso de llegar a las casas de todos los uruguayos todos los días?
-Bueno, yo me metí en los televisores de los uruguayos con El Show del Mediodía. Los canales no tienen problema en contratarme porque es un negocio y lo que da rating, sirve. Yo a cada programa que voy es rating asegurado. Ahora estoy muy contenta con el ofrecimiento de la producción de Algo Contigo, primero con Sofía Rodríguez en la conducción, ahora con Luis (Alberto Carballo). Me han tratado bárbaro y ha tenido muy buena receptividad de la gerencia del canal, así que estoy muy contenta.

-¿Te gustaría formar una familia, con la figura paterna e hijos, o eso no entra en tus planes?
-Lo tengo como un proyecto, mucho más adelante. Voy a cumplir 31 años y no me siento preparada para la crianza de un niño y dedicarme a ser madre. He pensado en la inseminación artificial, y no me importaría ser mamá soltera, si llegara el caso, pero yo mezclaría el semen, hacer una inseminación y no me gustaría que me dijeran cuál fue el espermatozoide que fecundó un óvulo. Ponele que es un plan para dentro de seis o siete años.

-¿Sos feliz?
-Sí, ahora sí. O intento serlo.

Montevideo Portal | César Bianchi
Fotos: Juan Manuel López