“Mejor llámeme en la tarde, hace cinco años que no duermo bien de noche”.
Esa fue la respuesta que Rosario de Los Santos dio a Montevideo Portal una mañana, cuando se la contactó para solicitarle una entrevista. Apenas días antes se habían cumplido cinco años del asesinato de su hija, Verónica Bangueses de Los Santos, ocurrido en agosto de 2021.
El caso fue noticia en su momento, no solo por tratarse de la muerte de una joven de 18 años a manos de su novio de 17, sino por la saña desplegada en el crimen.
“Una mañana nos levantamos y nos cambió la vida, fue espantoso”, recuerda, y señala a Franco Molina Arellano, el femicida, como “un maldito al que quisimos ayudar”.
Con los brazos abiertos
Verónica vivía con sus padres y sus tres hermanos en la zona de Maroñas, y Franco residía en Toledo. Ambas familias eran absolutamente disímiles: mientras el hogar de Verónica era funcional y basado en el cariño entre todos sus integrantes, el de Franco estaba marcado por la difícil convivencia entre sus tres integrantes: el joven, su hermano mayor y su madre, algo que se demostraría trágicamente luego.
Esa suerte de desamparo hizo que, con el paso del tiempo, Franco pasara a vivir casi de tiempo completo en casa de lo Bangueses. La relación tuvo algunas idas y venidas, como en una ocasión en la que Franco dejó a Verónica el día en que ella celebraba su cumpleaños: “Duramos mucho”, fue el argumento esgrimido para esa ruptura, que solo fue temporal.
Por su parte, la familia Bangueses intentó ayudar a Franco a salir adelante. Verónica estudiaba, pero él había abandonado el liceo. Fue el padre de ella, Guillermo, técnico en electrónica, quien lo acompañó a inscribirse en la UTU.
La tragedia
La última vez que Rosario vio con vida a Verónica fue la noche del 18 de agosto de 2021, cuando se asomó a la habitación de su hija para avisarle a ella y a su novio que les dejaba una tortilla para que cenaran. Luego recordó que en ese momento sospechó que quizá los jóvenes estuvieran disgustados: ambos veían “dibujitos chinos” en la tele, pero él estaba sentado a los pies de la cama y no miró a Rosario cuando les habló. “Todo bien, luego comemos”, fue la respuesta de Verónica. Por esos días, la pareja estaba a punto de cumplir un año de noviazgo.
A la mañana siguiente, la familia inició un nuevo día de rutina: Guillermo y su hijo Danilo se fueron temprano a sus trabajos, y Rosario inició sus actividades cotidianas, que incluían el cuidado de una mujer de 89 años enferma de demencia que tenía a su cargo. No le sorprendió que Verónica no saliera de su habitación a pesar de que Ramón, el perro de la familia, rascara la puerta del cuarto con insistencia, ya que asumió que se había quedado despierta hasta tarde viendo TV. Sin embargo, la terrible realidad se reveló pronto, cuando necesitó entrar al dormitorio de su hija para acceder a un tablero eléctrico que se encontraba allí.
Rosario tiene grabado cada detalle en la memoria, y los revivió en el año 2023 en diálogo con la comunicadora mexicana Beatriz Maldonado, que dedicó al caso de Verónica un episodio de su podcast Te cuento un crimen.
Una escena dantesca
Cuando Rosario intentó abrir la puerta, tuvo dificultades: la cama había sido atravesada adelante.
“Prendo la luz y me choco con la cama. Y cuando vi, todo el cuarto era una escena de terror, todas las paredes llenas de sangre”, recordó.
“Veo que atrás de la cama hay algo tapado con un acolchado y empecé los gritos, empecé a los gritos, desquiciada. Mi hermana dice que salí a los gritos mal. Agarré el teléfono y lo llamé a él. Me atendió la madre. Digo, ‘¿Qué le hiciste a Vero? ¿Qué le hiciste a Vero?’ y me cortó”, refirió entonces.
Lo que había bajo el acolchado era el cuerpo destrozado de su hija.
Sangre fría y brutalidad
Las pericias forenses determinaron que Verónica recibió 27 puñaladas, y que las primeras le fueron asestadas mientras dormía. La víctima llegó a despertarse e intentó defenderse, por lo que sufrió cortes en las manos y los brazos, pero no logró salvarse.
Tras perpetrar el asesinato, Franco abrió el armario de Verónica, sacó toda su ropa y la restregó en la sangre. En una de las paredes del dormitorio escribió: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. El arma homicida era un cuchillo de cocina de 15 centímetros de hoja que Rosario había canjeado con los puntos de una promoción en un supermercado. Luego recordó que, días antes del crimen, quiso usarlo y no lo encontró.
Luego de matar a Verónica, Franco se cambió de ropa, colocó la cama frente a la puerta y dejó solo un pequeño espacio para salir. Las cámaras de seguridad de la zona lo mostraron caminar todo el tiempo con una mano colocada en un bolsillo de su campera, hasta una parada donde tomó un ómnibus hacia la casa de su madre, Mirta, en la localidad de Toledo.
Mirta era enfermera y estaba trabajando cuando Franco llegó a casa. Allí estaba el hermano mayor del joven, a quien le llamaron la atención los cortes que tenía en las manos. Dijo que habían intentado rapiñarlo, y su hermano le hizo un vendaje. Luego, Franco le envió a su madre un lacónico e inquietante mensaje: “Ya está, ya lo hice”, y acto seguido se acostó a dormir.
Cuando Mirta llegó a su casa habló con Franco y este le confesó el crimen. De inmediato ella llamó al 911 y pidió una ambulancia para la dirección de los Bangueses, y explicó que allí podría haber una persona herida. La llamada ocurrió casi al mismo tiempo que Rosario, en su casa, hallaba a su hija muerta, y su hermana también llamaba al 911. Poco después, Mirta atendía en el celular de su hijo la llamada de la desolada mujer. Esa misma noche, acompañó a Franco hasta la Seccional 20ª de Canelones, donde el joven confesó el asesinato.
Sin explicaciones
Durante el juicio, Franco Molina no dio ninguna explicación sobre el móvil de su crimen, y solo se lamentó por las molestias que le causaba a su madre.
La defensa intentó atribuir la violencia del matador a su adicción a los videojuegos. Asimismo, en un primer momento el asesino dijo haber consumido medicamentos psiquiátricos robados a la anciana que residía en casa de la víctima, pero ese extremo no se demostró.
Por otra parte, el informe psicológico del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa) reveló que Franco venía de un ambiente familiar desestructurado y sin figuras paternas, que nunca había recibido tratamiento terapéutico por la negativa de su madre, que presentaba rasgos de narcisismo, que en todo momento intentaba dar la impresión de superioridad y que tenía una excesiva necesidad de ser admirado y tener poder, manipulación y control hacia otras personas.
Si bien el juicio fue a puertas cerradas, amigos y allegados de Verónica se concentraron frente a la sede judicial con carteles y camiseta con la foto de la víctima, y una leyenda unánime: "Justicia para Vero".
Rosario recordó que, tras terminar su declaración, Franco se volvió hacia los presentes y pronunció esa misma frase, palabras que ella recibió como una burla macabra y crudelísima.
Franco Molina fue condenado a nueve años y diez meses de prisión, y obtuvo una reducción de cuatro meses por brindar voluntariamente la clave de su celular. Pasó por varios centros de reclusión en Montevideo y en el interior. En una ocasión intentó suicidarse colgándose con una sábana, pero fue rescatado por los funcionarios del INISA.
Mientras tanto, Rosario y su hija Vanessa crearon la página de Facebook “Justicia para Vero (En memoria de Verito Bangueses)”, desde la que reclaman el total cumplimiento en régimen efectivo de la pena del femicida y publican actualizaciones sobre la “hoja de ruta” del convicto, al que no pierden pisada.
Nuevamente en la calle
Luego de cumplir el cuarto año de pena, Franco Molina empezó a disfrutar de frecuentes salidas transitorias del Hogar Cufré, donde pasó su última etapa de reclusión.
“Salía a las diez de la mañana del Inisa y volvía a las ocho de la noche, era todos los días. Hacía su vida, iba al gimnasio, se puso a estudiar”, contó Rosario a Montevideo Portal, y aseguró que durante esas salidas “no lo vigilaba nadie”.
Mientras pasaba tiempo fuera del Inisa, Franco inició un noviazgo con una mujer de 25 años, a quien no reveló nada de su pasado. La relación duró dos meses, justo hasta el momento en el que una amiga de la joven vio la página de Facebook de Rosario y descubrió la verdad.
“La chica me contactó, estaba en shock, llevaban dos meses saliendo y él le había dicho que era de una residencia estudiantil”, mentira que le permitía justificar la imposibilidad de quedarse de noche.
Además, según Rosario, Franco tiene a su vez un novio al que conoció en el Inisa, algo que tampoco le habría revelado a la joven. “La chica habló conmigo y me dijo que se había sentido totalmente manipulada”, narró la mujer a Montevideo Portal.
Otra tragedia familiar
Por otra parte, Franco también habría mentido a su nueva novia sobre su propia madre: Mirta Arellano murió el 7 de setiembre de 2024, apuñalada varias veces por su otro hijo, de 26 años, en la casa a la que se había mudado, en Pando. El matador fue declarado inimputable.
Sin embargo, Franco dijo a la joven que había perecido en un accidente.
“La madre de él era enfermera militar, nunca mantuve contacto con ella ni tuvo empatía con nosotros, pero… qué horrible, los dos hijos asesinos”, comentó.
El presente
Días atrás, el ataque a puñaladas contra una estudiante en la Facultad de Medicina causó conmoción, agitó las redes sociales y generó interés en otros casos similares. En ese contexto, se viralizó una publicación de la página “Justicia para Vero”. Allí, y bajo la leyenda “Puto cobarde femicida asesino”, la familia repudiaba el hecho de que el criminal hubiera recuperado la libertad con media pena todavía por cumplir y que, según contó Rosario, entrara a trabajar en la Intendencia de Montevideo (IM) en virtud de un convenio con el Inisa, institución esta última a la que también critica acerbamente en sus publicaciones.
Para Rosario, el Inisa “apaña asesinos”, y habría dado al matador de su hija privilegios inmerecidos.
“Se ganó el cariño de la directora y de los psicólogos, es muy manipulador”, asegura la mujer, quien entiende que hizo creer a los profesionales en una rehabilitación que ella no considera real, dado el perfil narcisista y manipulador que se mencionó durante el juicio. Por el contrario, cree que peligroso y muy capaz de volver a matar.
Además, asegura que esa presunta benevolencia de parte de las autoridades del Inisa habría sido ganada también a fuerza de delaciones. “Les decía todo lo que pasaba, estaba contando [a la directora] todo lo que pasaba con los otros chiquilines”.
A Rosario también le duele el hecho de que el asesino haya sido juzgado como menor, porque “estaba a semanas de cumplir los 18 años”, y de haberlos tenido en el momento del crimen su condena podría haber alcanzado los 30 años de cárcel. Por ello, en sus posteos en redes sociales, en ocasiones menciona al asesino como un adulto.
Ahora, con el asesino de su hija en régimen de libertad vigilada, Rosario evalúa acciones con su abogado, pero sabe que desde el ámbito jurídico no puede esperar gran cosa. Por eso, se aboca a su página con el fin de evitar que el criminal se vea beneficiado por el olvido y el anonimato.
“Yo quiero que haya justicia social para él, porque tengo más hijos, porque tengo nietos, porque nadie me va a devolver a Vero”, dijo la mujer, utilizando el concepto de “justicia social” en una acepción muy personal.
De momento, la viralización de su página parece haberle otorgado al menos una pequeña victoria: según contó a Montevideo Portal, la IM habría dado marcha atrás en la incorporación de Franco Molina.
“Por lo menos que vean la cara de él y que se sepa, que no haya ninguna Verito más”, expresó conmovida. “Lo que hizo no fue una equivocación, no fue un hurto”, apuntó, y recordó el asombro de la doctora que llegó a su casa la noche del crimen. "Cuando la vio, lo primero que dijo fue que la habían matado con tremenda saña", evocó.
“Mi hija era una botija divina, buena, que siempre quiso ayudarlo. Ni ella ni nosotros vimos el lado oscuro de él. Una mañana nos levantamos y nos cambió la vida” por “un maldito al que quisimos ayudar”, lamentó.
Hecha la ley
Montevideo Portal consultó a un experto en derecho penal acerca de los mecanismos que pueden permitir a un menor de edad, condenado por homicidio, obtener la libertad anticipada.
El profesional señaló que, una vez cumplida la mitad de la condena, la defensa puede solicitar ese beneficio. Su otorgamiento no es automático, y cada caso es evaluado individualmente. Sin embargo, consideró que “no es nada fuera de lo común” que lo obtengan.
Asimismo, subrayó que la pena impuesta a Franco Molina fue “casi la máxima” que la normativa contempla para menores de edad. Esa cifra tope es de diez años, y fue la que se dictó contra Santino Gandini, quien en agosto de 2023 mató a su exnovia, Valentina Cancela, en Punta del Este. Al igual que Franco Molina, Gandini tenía 17 años al momento de perpetrar el femicidio.
Para Rosario, la liberación de Franco Molina es una verdadera injusticia cometida por la Justicia. En ese sentido, recuerda que llegó a creer que la entrada en vigor de la Ley de Urgente Consideración, sancionada por el anterior gobierno en julio de 2020, restringiría las liberaciones anticipadas. Sin embargo, ese ítem no formaba parte de la norma.
“Es una injusticia, yo confié en el tema de la LUC y me di cuenta de que es todo una mentira: estoy tapada de odio”, concluyó.
- Víctima y femicidaVerónica Bangueses de Los Santos, de 18 años, fue asesinada por su novio Franco Molina Arellano, de 17, en agosto de 2021.
- Cinco años sin dormirLa madre de Verónica, Rosario de Los Santos, afirma que no duerme bien de noche desde hace cinco años, desde el crimen.
- 27 puñaladasLas pericias forenses determinaron que Verónica recibió 27 puñaladas, las primeras mientras dormía; intentó defenderse pero no lo logró.
- Escena de extrema sañaTras el crimen, Franco restregó la ropa de Verónica en su sangre y escribió una cita bíblica en la pared del dormitorio.
- Huyó en ómnibusDespués del asesinato, Franco se cambió de ropa y tomó un ómnibus hacia la casa de su madre en Toledo, ocultando heridas en las manos.
- Confesión a su madreFranco envió a su madre el mensaje 'ya está, ya lo hice' y luego le confesó el crimen; ella lo acompañó a entregarse en la Seccional 20 de Canelones.
- Sin móvil declaradoDurante el juicio, Franco Molina no dio ninguna explicación sobre el motivo del crimen y solo se lamentó por las molestias causadas a su madre.
- Familia acogió al femicidaLos Bangueses habían recibido a Franco casi como un integrante del hogar; el padre de Verónica incluso lo acompañó a inscribirse en la UTU.