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José Sabía

“Sin antecedentes”: meteorólogo advierte por lo que llega en diciembre y qué pasará luego

El experto comentó que las medidas que ha tomado el gobierno son escasas y, precisamente, habló sobre la mochila que se recomendó.

25.10.2026 08:00

Lectura: 8'

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Por Joaquín Symonds

José Serra hace más de 20 años que es meteorólogo y el paso del tiempo le ha permitido ver cómo la especialidad ha evolucionado, pasando a ser algo vital para el diario vivir de los uruguayos e incluso de los gobiernos a la hora de tomar algunas decisiones. 

Quizá esa relevancia aumentó ante la llegada del fenómeno de El Niño, que apareja desastres asociados a inundaciones y precipitaciones abundantes. Serra, en entrevista con Montevideo Portal, explicó que la anomalía ya se está desarrollando, pero mencionó que el problema de fondo no es El Niño, sino el calentamiento global. 

El experto analizó lo que se viene, habló de las medidas que ha tomado Uruguay y apuntó contra algunas decisiones, como la mochila que recomendó el Sinae. 

¿Cómo ves hoy la meteorología en Uruguay? ¿Cómo ha evolucionado?

La meteorología en Uruguay venía siendo una disciplina de segunda o de tercera y hoy está en primera plana. La gente está comprendiendo la magnitud de la situación. Es algo fundamental para la prevención.

Con respecto al fenómeno de El Niño, ¿qué es lo que efectivamente se puede decir hoy?

El Niño no es que pueda pasar: está pasando. El fenómeno ya está instalado. El último episodio fue en 2015-2016, cuando las temperaturas del Pacífico alcanzaron aproximadamente los 2,6 ºC por encima de lo normal. El fenómeno actual está alcanzando una temperatura muy cercana a los 4 ºC. No podemos compararlo con otro, no tenemos antecedentes. Los modelos dinámicos disponibles muestran una situación muy compleja en un futuro inmediato, es decir, en el presente. Todo esto puede configurar una catástrofe. 

¿Qué implicaría esa situación compleja para Uruguay?

Abundantes precipitaciones en la región norte, noroeste, noreste y este-noreste del país. Los volúmenes de precipitación pueden triplicar o cuadriplicar el valor medio mensual normal. Y no solo se trata de la precipitación provocada por El Niño, también hay un aporte de grandes volúmenes de agua desde las nacientes del río Uruguay. Esa combinación contribuye a un desastre mucho más grave de lo que pensamos.

¿Eso implicaría también abrir represas por desbordes?

Salto Grande tiene abiertos sus vertederos en este momento. Yacyretá e Itaipú también. La razón es que es impensable contener los millones de metros cúbicos por segundo que están evacuando. Esa evacuación también provoca alzas e inundaciones en más zonas. No se puede pensar en cerrar esas represas por lo que podría causarles el volumen de agua. Como escenario extremo remoto, el agua hasta podría pasarles por encima, lo cual sería una catástrofe. Esperemos que eso no suceda.

¿Las tendencias muestran alguna fecha puntual en la cual se espera una explosión del fenómeno en Uruguay?

El mes de diciembre es el momento más crítico. Es un proceso gradual que se irá intensificando desde ese momento en adelante. Ya se están registrando muchos días sin sol, lo que genera depresión en la gente. Como meteorólogo trato de mandar algún mensaje subliminal para que la gente no entre en depresión: el sol está, no lo vemos. Es transitorio, esto va a pasar. Lo que sí hay que tener en cuenta es que los suelos están saturados en la región norte y centro del país, en la capacidad del campo. Esa saturación afecta a todos los factores productivos: agricultura, agronomía, transporte, turismo.

Más allá de diciembre, ¿qué puede pasar en el verano? ¿Será un verano típico con olas de calor o predominarán las lluvias?

Hay que distinguir entre pronóstico climático y pronóstico meteorológico. Y hay un segundo actor que no se está valorando suficientemente, además de El Niño. Estamos ante una variabilidad climática natural, propia de la transición del invierno al verano, potenciada por el cambio climático, el calentamiento global sostenido desde 2014 hasta el presente y el fenómeno de El Niño potenciado por la actividad antropogénica. El segundo actor que me preocupa es el alza en las temperaturas no solo del Pacífico, sino también del Atlántico, el Mediterráneo, el Índico, el Ártico y el Antártico. La hidrosfera está tomando temperaturas muy grandes. La cadena causal es clara: mayor temperatura del agua genera mayor evaporación, que deriva en condensación y precipitación. Este proceso de calentamiento general, a la larga, es más nocivo que el fenómeno de El Niño. Hay una alteración de todo el ecosistema marino.

¿Y cuál sería el pronóstico concreto para el verano?

Habrá una ventana en enero, febrero y principios de marzo donde El Niño no será tan significativo. Diciembre no lo incluyo como verano desde el punto de vista climatológico para este ciclo. En esa ventana veraniega habrá una merma en las precipitaciones, mayor cantidad de días de cielos cubiertos, y en diez días de verano pueden darse dos o tres días de lluvia. No será un verano típico: sin frecuentes olas de calor ni pulsos de aire cálido. Las temperaturas serán normales o levemente por debajo de lo normal, a consecuencia de la cubierta nubosa, y las precipitaciones levemente por encima de lo normal. El fenómeno de El Niño se mantendrá activo hasta junio-julio, lo que implica que afectará también parte del otoño e incluso parte del invierno. Como no tenemos antecedentes, no podemos compararlo. La verdad, es una incertidumbre decir cómo va a evolucionar después del verano. ¿Vendrá La Niña? ¿Una fase neutra? No lo sabemos.

¿Ves que hubo una reacción positiva a nivel gubernamental frente al fenómeno?

Me identifico como ciudadano, además de meteorólogo, y la Constitución me ampara para dar mi opinión. Como meteorólogo privado, tras más de 20 años como funcionario del Estado en la Dirección Nacional [de Meteorología], puedo decir que los privados fuimos los primeros en hablar de este fenómeno atmosférico. Desde febrero-marzo ya advertíamos: mire que se viene complicada la situación, basándonos en información de la OMM, la NOAA, la OMI, entre otros organismos internacionales. El Estado recién en los últimos dos o tres meses empezó a tomar alguna acción. Y esas acciones son más que acción, reuniones: comisión para esto, comisión para lo otro. A mí eso me duele bastante. Si un meteorólogo privado puede advertir que esto está por pasar, por lo menos escuchen, vean. En otras administraciones del organismo oficial nos escuchaban, nos hacían partícipes, teníamos reuniones, había interacción. La OMM incentiva a que las instituciones estatales coparticipen con los privados, como ocurre en Europa y en varios países de América Latina. En Uruguay se dejó esa práctica. Es un problema de gestión. Hemos tenido una respuesta tardía. Se pensaban hacer vallas en Paysandú y Salto como medida preventiva, pero ya está lloviendo. Eso se debió de pensar años antes. El fenómeno de El Niño siempre existió. Tuvimos en 2024 a Porto Alegre bajo agua, en 2023-2024 la crisis hídrica con Montevideo sin agua potable. Todos estos fenómenos meteorológicos cada vez van a ser más severos y más frecuentes, y debemos adaptarnos.

¿Cómo valorás la implementación de alertas en celulares?

Qué bien, bárbaro. Pero hay que plantear la pregunta: si la alerta suena a las 3:00 o 4:00 de la madrugada y el celular está en la mesa de luz, ¿cuál es el impacto real? También se habla de la mochila de emergencia, y uno se pregunta: ¿a qué nos enfrentamos? ¿Erupciones volcánicas, tsunami, una guerra? Uruguay tiene sus propios eventos históricos: tornados en Fray Marcos y Dolores, inundaciones del año 59, depresiones atmosféricas en 2005. La mejor mochila, la mejor manera de mitigar el impacto sobre la población es una alerta temprana. Hay que cambiar los paradigmas de trabajo observacional en meteorología.

¿Cuál es tu diagnóstico sobre la red de observación meteorológica en Uruguay?

La observación es el pilar de la meteorología, es el cimiento. Sin observación no se pueden correr modelos meteorológicos ni hacer investigación. En Uruguay se cambió la matriz de observación: se eliminaron las estaciones convencionales y se pasó a usar estaciones automáticas. Valoro la tecnología, pero las estaciones automáticas tienen una limitación importante: no registran fenómenos de tiempo presente como granizo, visibilidad ni tipo de nubes. Las estaciones convencionales empleaban de dos a seis personas, las 24 horas, los 365 días del año. Eran accesibles socialmente: el maestro podía concurrir con sus alumnos previa llamada. Con las estaciones automáticas se pierde el fin social, la información y la divulgación. El hombre de campo o el maestro rural ya no tiene ese acceso directo. Bajamos en la calidad de información. Además, se cortaron las series históricas sin hacer un paralelismo: no se comparó el comportamiento de la estación convencional con la automática antes de hacer la transición. Yo introduje el concepto de meteopolítica hace aproximadamente un año: las políticas de Estado en función de la meteorología. Esto es parte de eso.

Por Joaquín Symonds