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Sin el diario del lunes

“Se está feudalizando el poder”: Lacalle Herrera alertó “déficit democrático” en Uruguay

Durante un conversatorio sobre el país en 10 años, el herrerista y Sanguinetti profundizaron en el futuro y la “frondosidad” del Estado.

08.10.2026 20:37

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Los expresidentes Luis Alberto Lacalle Herrera y Julio María Sanguinetti participaron este jueves en un conversatorio organizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), en el que analizaron los principales desafíos que tendrá Uruguay durante los próximos diez años.

El intercambio, moderado por el politólogo argentino Andrés Malamud, tuvo como punto de partida una pregunta sobre cómo imaginan al país hacia la próxima década. Lacalle Herrera aprovechó su primera intervención para cuestionar lo que definió como una “complacencia superficial” respecto a la situación institucional uruguaya. 

Según el expresidente blanco, existe una imagen de Uruguay como un país ejemplar por su convivencia política, la estabilidad de sus partidos y el normal desarrollo de sus elecciones, pero eso no debería impedir mirar los problemas internos.

“Me parece que no alcanza y que nos estamos quedando un poco narcotizados con esta imagen idílica”, afirmó. Como ejemplo, mencionó la posibilidad de que una persona permanezca tres años privada de libertad sin sentencia, algo que calificó como un peligro desde el punto de vista democrático. 

Lacalle Herrera también puso el foco sobre los sindicatos. Señaló que los partidos políticos y los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial tienen sus autoridades y funcionamiento regulados, y cuestionó qué mecanismos de legitimación y control existen sobre organizaciones sindicales que, a su entender, ejercen una influencia considerable. “Déficit democrático también en eso”, expresó. 

El exmandatario sostuvo además que la discusión política uruguaya está concentrada en temas “adjetivos” y “periféricos”, mientras asuntos como el proceso penal, el funcionamiento del Estado y el papel de los sindicatos no reciben una discusión de fondo.

“De lo central no hay una discusión. No se está discutiendo lo esencial”, afirmó. Para Lacalle, diez años son suficientes para transformar el país, pero advirtió que los cambios deberían comenzar desde ahora. 

En ese marco, apuntó contra el funcionamiento de algunas empresas públicas y utilizó a Ancap como ejemplo. “Estamos feudalizando el poder en el Uruguay”, sostuvo, y dijo que el ente se convirtió en una “ínsula” con una lógica de funcionamiento separada que los gobiernos deberían enfrentar.

También cuestionó que las respuestas a los problemas fiscales pasen por un aumento del endeudamiento o de los impuestos y pidió “cortar donde sobra” dentro del aparato estatal. 

Lacalle Herrera habló en particular de la “frondosidad del Estado” y reclamó una fuerte reducción de normas y trámites. Como alternativa, planteó que el propio Estado pregunte a ciudadanos, comerciantes e importadores cuáles son las regulaciones que dificultan su actividad para estudiar cuáles pueden eliminarse.

“Empiecen mañana para no perder tiempo, pero no esquiven los problemas verdaderos”, expresó al dirigirse a quienes tendrán responsabilidades de gobierno durante la próxima década. 

Por su parte, Sanguinetti comenzó su exposición con una mirada más cautelosa sobre la posibilidad de anticipar cómo será Uruguay en 10 años. El colorado señaló que acontecimientos recientes que parecían difíciles de imaginar pocos años antes muestran la “magnitud del imprevisto” y obligan a mirar el futuro “con una formidable humildad”. 

A su entender, más que predecir exactamente qué ocurrirá, Uruguay debe identificar los errores que no puede cometer. En ese sentido, mencionó los desafíos que atraviesan las democracias y sostuvo que, mientras la migración ocupa buena parte de la discusión política europea, en América Latina el principal factor de preocupación es la seguridad. 

El expresidente colorado planteó que los gobiernos deben ser capaces de resolver las angustias cotidianas de la población para evitar un deterioro de su vínculo con el sistema político.

“O resolvemos los problemas a la gente, sus angustias, sus temores, aquellos que en su vida diaria la condicionan, o simplemente nos van a abandonar”, sostuvo. 

Sanguinetti también defendió las transformaciones que Uruguay realizó durante las últimas décadas y rechazó la idea de que el país permanezca inmóvil. Mencionó, entre otros ejemplos, los cambios en la matriz productiva, la ley de puertos y el desarrollo de políticas dirigidas a la primera infancia.

Hacia adelante, señaló como desafíos el riego, la transformación productiva, la educación y el impacto de la inteligencia artificial, sobre la que reconoció que resulta difícil anticipar hasta dónde modificará la vida cotidiana y el trabajo. 

La educación ocupó una parte importante de su intervención, en la que cuestionó la resistencia a las evaluaciones y sostuvo que el sistema necesita mayores niveles de exigencia, medición y rendimiento profesional.

A su entender, el avance de la inteligencia artificial vuelve todavía más importante formar personas capaces de pensar y adaptarse a un escenario en constante cambio. “Lo que tenemos que generar es neuronas entrenadas”, resumió. 

Ambos dirigentes también se refirieron a los cambios políticos que atraviesa América Latina. Por un lado, Lacalle rechazó que pueda hablarse simplemente de una “ola de derecha” y afirmó que observa, en cambio, una “ola de razonabilidad gubernativa”, vinculada con un reclamo por mayor cuidado del gasto público y la generación de oportunidades. 

Además, el herrerista agregó otro desafío para la próxima década: la ampliación del territorio marítimo uruguayo. Señaló que el país aumentó considerablemente el espacio bajo su jurisdicción y sostuvo que eso abre oportunidades y responsabilidades en áreas como la pesca, el transporte, la minería y la defensa.

Según Lacalle, esa nueva dimensión debería incorporarse a la formación de los jóvenes y también obligará a repensar la coordinación entre distintos organismos del Estado. 

El Mercosur también apareció sobre el final del encuentro. Lacalle Herrera recordó que participó de la creación del bloque y sostuvo que este debe adecuarse a un escenario internacional muy distinto al que existía cuando se firmó el Tratado de Asunción.

El expresidente cuestionó especialmente la transformación del Mercosur en un “espacio político” y defendió que Uruguay mantenga una política exterior independiente. También consideró necesario revisar reglas que en su origen buscaban proteger a los países pequeños, pero que posteriormente se convirtieron en obstáculos para avanzar. 

Por otro lado, Sanguinetti se mostró optimista sobre el futuro de la democracia uruguaya. Dijo imaginar dentro de diez años una institucionalidad “sólida” y “fuerte”, apoyada en la permanencia de los partidos políticos tradicionales y su capacidad de dar estabilidad al sistema. 

No obstante, advirtió que la seguridad deberá dejar de ocupar el lugar que tiene actualmente en las preocupaciones ciudadanas. “Creo que en estos 10 años el tema de seguridad tiene que salir de la agenda. Porque si no sale de la agenda, ahí sí que la democracia se va a afectar”, afirmó. 

Lacalle cerró con una defensa del papel histórico de los partidos políticos en Uruguay, aunque alertó sobre una amenaza hacia el futuro: el ingreso de dinero de origen indeseado al financiamiento electoral.

Según el expresidente, el sistema deberá “blindarse” frente a ese riesgo y avanzar hacia propuestas políticas más claras y concretas, que permitan a los ciudadanos saber exactamente qué ofrece cada candidato.

Pese a las advertencias planteadas durante su exposición, Lacalle coincidió con Sanguinetti en que los partidos seguirán siendo centrales para la estabilidad nacional y concluyó que “van a ayudar a que el país permanezca en esta unidad social que es un verdadero tesoro”.