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Por The New York Times

¿Puede una gran aldea llena de casas minúsculas reducir la indigencia?

Esta aldea captó cientos de millones de dólares de recursos públicos y privados, y dio lugar a iniciativas similares en todo el país.

10.01.2024 14:46

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2024-01-10T14:46:00-03:00
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Por The New York Times | Lucy Tompkins

(Headway)

En las afueras de Austin, Texas, lo que comenzó como un experimento marginal pronto se ha convertido en algo fundamental para intentar reducir la indigencia en esta ciudad. Para Justin Tyler, hijo, es su hogar.

Tyler, de 41 años, vive en la aldea Community First, la cual pretende ser un modelo de vivienda social permanente para las personas que viven en situación de calle constante. En el otoño de 2022, Tyler se sumó a los casi 400 residentes de la aldea cuando se mudó a uno de sus alojamientos típicos: una casa de 18,5 metros cuadrados de una sola habitación equipada con una cocineta, una cama y un sillón reclinable.

Tyler llegó en un estado lamentable, con problemas de alcoholismo, los pies inflamados por la gota y un tremendo dolor de espalda por haber estado casi diez años durmiendo en parques públicos, vehículos y bancas de la calle.

Al principio, no hablaba con nadie. Fue a la clínica y comenzó a tomar medicamentos, pero después de más o menos un mes, se animó a conocer a sus vecinos.

“Durante un tiempo ahí, yo no quería que nadie me viera ni que me conociera”, comentó. “Ahora yo lo prefiero”.

En los próximos años, Community First estará lista para llegar a casi 2000 casas en tres puntos, lo que sin duda la convertiría en el proyecto de este tipo más grande del país, lo suficientemente grande como para albergar de manera permanente a cerca de la mitad de la población de Austin que vive en situación de calle constante.

De acuerdo con un censo de Yetimoni Kpeebi, un investigador de la Universidad Estatal de Misuri, desde 2019, el número de estas aldeas en todo el país casi se ha cuadruplicado, de 34 a 124, y habrá docenas más.

Mandy Chapman Semple, una consultora que ha ayudado a ciudades como Houston a transformar sus sistemas para atender a los sintecho, señaló que el crecimiento de estas aldeas refleja la necesidad de sustituir las viviendas de bajo costo que solían estar muy disponibles mediante estacionamientos para casas rodantes y unidades de una sola habitación y que están desapareciendo con rapidez, pero mencionó que dichas aldeas son una solución que dista mucho de ser perfecta.

“Creo que donde se nos presentan retos es que las ‘casas minúsculas’ han recibido un abanico de definiciones”, comentó Chapman Semple. Muchas de esas definiciones se alejan de las normas de vivienda y casi siempre carecen de servicios básicos como calefacción y agua corriente, lo cual, según ella, limita su capacidad de satisfacer las necesidades de la población para la que están destinadas.

Pero Community First está impulsando el modelo de casas minúsculas a una escala mucho mayor. Aunque casi todas sus viviendas carecen de baño ni cocina, sus líderes lo ven como un intercambio necesario para poder albergar de manera creativa y económica al creciente número de personas que viven en las calles de Austin. Y a diferencia de casi todas las otras aldeas, muchas de las cuales ofrecen refugio temporal de emergencia en estructuras que podrían parecer depósitos de herramientas, Community First ha sido diseñada como hogares donde se pueden quedar para siempre las personas con algunas de las necesidades más apremiantes. Ninguna otra aldea de casas minúsculas ha intentado darle albergue permanente a tanta gente.

En 2019, el ayuntamiento progresista eliminó la prohibición de acampar en los espacios públicos de Austin en un intento por descriminalizar a las personas en situación de calle. Pero cuando la gente empezó a poner tiendas de campaña en lugares más visibles, muchos residentes y propietarios de negocios sintieron que la indigencia estaba saliéndose de control. Pronto, un comité local de acción política recabó suficientes firmas para someter a votación una nueva prohibición de acampar, la cual aprobaron mayoritariamente los electores solo dos años después de que la prohibición anterior se había eliminado.

En octubre, el cálculo oficial señalaba que 5530 personas vivían sin refugio, un aumento del 125 por ciento en comparación con los dos años anteriores.

Mientras tanto, Community First se ha estado construyendo con rapidez fuera de los límites de la ciudad. En unos ocho años, este proyecto que se consideraba modesto ha crecido hasta formar una comunidad en expansión a la que la ciudad está recurriendo como una fuente de vivienda social que se necesita con urgencia. Ahora, esta aldea ha captado cientos de millones de dólares de recursos tanto públicos como privados y ha dado lugar a iniciativas similares en todo el país.

Este crecimiento rápido se ha dado a pesar de los retos tan importantes. Los próximos años serán una prueba de si estos problemas se atenderán o se intensificarán cuando la aldea crezca cinco veces más de su tamaño actual.

La comunidad contra Community First

Para Alan Graham, la ampliación de Community First no es más que la última etapa de un proyecto en constante evolución.

En 1998, Graham, quien ahora tiene 67 años, se convirtió en el fundador de Mobile Loaves and Fishes, una organización sin fines de lucro que desde entonces ha reunido una flotilla de vehículos que hacen recorridos diarios para entregar ropa y alimentos a las personas en situación de calle que viven en Austin.

Un día que estaba entregando comida, Graham conoció a Ellis Johnston, un hombre corpulento de voz suave que estaba viviendo en una tienda de campaña cerca de una quebrada propensa a las inundaciones y sobrevivía con trabajos de jornalero.

Johnston, de 58 años, se crio en Austin. Fue un gran jugador de futbol americano en el bachillerato hasta que una lesión acabó con sus aspiraciones de ir a la universidad. Después, terminó haciendo trabajos de mantenimiento, bebiendo, consumiendo drogas y, al final, cumpliendo en la cárcel una condena por posesión de drogas. Con antecedentes penales y sin familiares cercanos ni ninguna otra persona que lo apoyara, terminó en la calle.

Graham le ayudó a Johnston con cuestiones básicas y a encontrar trabajos ocasionales. Pero después de verlo a él y a otras personas seguir en la calle un año tras otro, Graham comenzó a comprar casas rodantes usadas y, en el transcurso de una década, ayudó a Johnston y a más de cien personas a mudarse a estacionamientos de casas rodantes en los alrededores de Austin.

En 2006, Graham le presentó al alcalde de Austin una idea: crear un estacionamiento de casas rodantes para que la gente saliera de la indigencia constante.

En 2008, el ayuntamiento votó de manera unánime para rentarle a Graham un terreno de 6,8 hectáreas perteneciente a la ciudad a fin de que materializara su idea.

Cuando los residentes que vivían cerca del sitio propuesto se enteraron del proyecto, se pusieron furiosos. Ni una sola persona de los 52 miembros de la comunidad que asistieron votaron a favor del proyecto.

Después de que fracasaron los planes para el terreno de la ciudad y de que también fueron rechazados otros sitios propuestos, Graham dejó de tratar de construir el desarrollo dentro de los límites de la ciudad.

Pero en 2012, adquirió un terreno en una región del condado de Travis, al noreste de Austin. Estaba lejos del transporte público y de otros servicios, pero tenía una gran ventaja: la falta de leyes de zonificación de ese condado limitaba la facultad que tenían los vecinos para detener el proyecto.

Graham recaudó 20 millones de dólares y comenzó a construir. A fines de 2015, Johnston se fue del estacionamiento de casas rodantes donde había estado viviendo y se convirtió en la segunda persona en mudarse a la nueva aldea, la cual creció con mucha rapidez. En tan solo dos años, Graham compró una propiedad colindante, casi duplicó el tamaño de la aldea a 20 hectáreas y abrió el espacio a cientos de residentes más.

Y luego, en 2022, comenzó la construcción de la ampliación más grande: le añadió a la aldea dos sitios más y la amplió a 51,3 hectáreas para tener casi 2000 casas.

Lo que se requiere para construir una aldea

En la aldea, todos pagan renta, la cual es de 385 dólares mensuales en promedio. Las casas minúsculas que componen dos terceras partes de las viviendas cobran un poco menos, pero no cuentan con agua corriente; sus residentes usan los baños y las cocinas comunitarias.

Al igual que Johnston, muchos residentes tienen empleo en la aldea, estos se crearon para ofrecerles a los residentes oportunidades flexibles de obtener algún ingreso.

Pero aproximadamente cuatro de cada cinco residentes viven de las prestaciones del gobierno, como por discapacidad o seguridad social. Sus ingresos son de 900 dólares mensuales en promedio, lo cual hace que sea imposible pagar ni siquiera las casas minúsculas sin recibir ayuda, explicó Graham.

Por aproximadamente 25.000 dólares anuales, la organización de Graham subsidia la vivienda de una persona en la aldea. (Los servicios incluyen atención médica primaria y otras organizaciones brindan orientación contra las adicciones). Hasta ahora, eso ha sido pagado en su totalidad por donaciones privadas y en un pequeño porcentaje por las rentas.

Según Graham, esto no sería posible sin una operación de recaudación de fondos que recurre a los grandes filántropos de Austin. Para construir las otras dos ampliaciones que siguen, Graham estableció la meta de recaudar 225 millones de dólares, de los cuales ya ha obtenido cerca de 150.

Dennis Culhane, un investigador en ciencias sociales de la Universidad de Pensilvania que ha pasado varias décadas estudiando la indigencia moderna, comentó que entendía la necesidad urgente de vivienda, pero no confiaba por completo en la idea de las casas minúsculas como una respuesta definitiva.

“Es algo mejor que los refugios, pero no lo que esperamos de un país con nuestros recursos y dimensión, también hay normas de vivienda con las que estas casas no cumplen”, señaló. “De alguna manera, es un retroceso”.

Graham comentó que con un certificado médico, la gente podía asegurar una casa rodante o una casa fabricada en la aldea, aunque estas son escasas y hay una lista de espera muy larga. Explicó que el tener casas minúsculas en la aldea les permitía construir con una parte mínima del costo normal cuando había pocas opciones y que esto ayuda a garantizar que los residentes no estén aislados en sus unidades, lo cual fortalece el espíritu de comunidad de la aldea.

“Si la gente desea vivir en una casa minúscula debe tener esa opción, y si son pobres tenemos que respetar su derecho civil de vivir en ese lugar y recibir subsidios para vivir ahí”, explicó Graham. Pero reconoció que para algunas personas “tal vez este no sea el modelo”.

“No podemos darles gusto a todos”, afirmó.