“Para que vayan a la escuela sin sufrir”: uruguaya creó plataforma para niños con dislexia
La psicopedagoga Mercedes Lafourcade desarrolló LISA, que combina IA y juegos para mejorar la lectura y comprensión de textos.
A primera vista, LISA parece un juego. Tiene personajes, gemas, desafíos y rankings. Pero detrás de esa interfaz hay años de investigación académica, una historia familiar y una causa que su creadora, la psicopedagoga uruguaya Mercedes Lafourcade, convirtió en proyecto de vida.
LISA son las siglas de Lectura Inclusiva, Simplificada y Accesible. Es una plataforma digital que busca ayudar a niños con dislexia a leer mejor, usando inteligencia artificial para adaptar textos y una serie de actividades cortas y graduadas para desarrollar habilidades lectoras.
Este trastorno, que afecta principalmente a la lectura, la escritura y el procesamiento fonológico, afecta aproximadamente al 10% de la población, según la Organización Mundial de la Salud.
POR QUÉ NACIÓ LISA
Lafourcade es maestra y psicopedagoga, y siempre le preocuparon quienes no podían acceder a los textos o sentían que la literatura no era para ellos. Pero el impulso personal vino de otro lado.
“Las cosas de la vida, tuve dos hijos disléxicos. La dislexia es hereditaria y yo me casé con un señor disléxico. Tuve que cambiarlos muchas veces de colegio porque tuvieron problemas de acoso escolar, trastornos de ansiedad por estar siempre en esa situación de no poder estar a la altura de lo que se esperaba de ellos”, contó a Montevideo Portal.
“Se me hizo una causa en mi vida poder ayudar a los niños y a las personas en general que tienen una dificultad lectora, para que vayan a la escuela sin sufrir, disfrutar de la literatura, acceder al conocimiento y no sentirse diferentes ni inferiores”, agregó.
En 2017, Lafourcade fundó Basilisa, una editorial independiente que se define como la primera del mundo hispanohablante especializada en literatura accesible para niños con dislexia. Esa editorial fue el punto de partida para lo que vendría después.
LA INVESTIGACIÓN QUE LA SUSTENTA
El proyecto académico se gestó en el marco de una maestría en la Universidad de la República (Udelar), con el actual decano de la Facultad de Ciencias, Juan Valle Lisboa, como tutor de tesis.
También incluyó una colaboración con Finlandia. Desde el país buscaban una forma de hacer que los textos fueran más accesibles y se enteraron de que Lafourcade estaba desarrollando ese trabajo en Uruguay. Por eso, se contactaron con ella para solicitarle asesoramiento en la elaboración de prompts que permitan utilizar la inteligencia artificial para generar textos simplificados y accesibles para personas con dificultades de aprendizaje. “Los resultados fueron muy prometedores”, dijo Lafourcade.
Uno de los problemas que encontró en el camino fue que las fórmulas de legibilidad que existen, las que miden qué tan fácil o difícil es leer un texto, están pensadas para la población general y no tienen en cuenta a las personas con dislexia.
“Calculábamos la legibilidad de un texto con Fernández Huerta [fórmula de legibilidad], nos decía que era legible, y se lo dábamos a un lector con dislexia y lo leía con dificultad”, explicó.
Eso la llevó a desarrollar su propio instrumento: el Índice de Dificultad Lectora (IDL), una fórmula que analiza la frecuencia y complejidad de las palabras, la estructura de las oraciones y la carga cognitiva de cada texto, y lo clasifica según su nivel real de dificultad para lectores disléxicos.
“Hasta el momento no existía esa fórmula. Nadie medía qué tan difícil es un texto para la población disléxica teniendo en cuenta sus características cognitivas”, dijo.
La investigación empezó en 2019 y terminó este año. En el medio, Lafourcade publicó libros, recibió apoyo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y de la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE), vendió derechos de autor a editoriales de Francia y Argentina, y atravesó tres años de tratamiento oncológico por un diagnóstico de cáncer de mama.
“Se hizo un poquito largo el trabajo, pero creo que al final fue mejor que sea así”, reflexionó.
Durante el desarrollo de su tesis de maestría, Mercedes investigó el diseño y el efecto de los textos accesibles. En este proceso, descubrió que cuando se le entrega un texto simplificado a un escolar con dislexia o dificultades lectoras, este logra leer al mismo nivel que una persona sin estas dificultades. Al acumular una gran cantidad de datos y análisis lingüísticos para su investigación, decidió convertir todo ese trabajo en una herramienta práctica.
CÓMO FUNCIONA LISA
La primera versión de la plataforma LISA se creó en el año 2021. Esta versión inicial era más rústica y no contaba con inteligencia artificial, pero utilizaba un motor que identificaba palabras difíciles por colores y ofrecía sinónimos accesibles en los textos.
Hoy en día, cinco años después, LISA tiene dos funciones centrales. Por un lado, simplifica textos, los toma, los procesa con inteligencia artificial entrenada con la fórmula propia de Lafourcade, no con ChatGPT ni ninguna IA genérica, y los devuelve en una versión con la misma información, pero con una estructura lingüística más accesible.
“Si le das un texto a LISA para que lo simplifique, vas a ver que la simplificación es absolutamente sutil. Dicen lo mismo, pero le cambia un poco la estructura y con eso ya se ven resultados significativos en comprensión, velocidad y precisión”, explicó.
Por otro lado, ofrece actividades de intervención muy breves, de uno o dos minutos, diseñadas para trabajar habilidades específicas como fonológicas, sintácticas y de comprensión.
“La escuela se focaliza mucho en los conocimientos, y lo que hay que hacer es desarrollar las habilidades. No me alcanza con que un niño tenga conocimientos gramaticales; tiene que internalizar habilidades sintácticas”, dijo Lafourcade. La idea es que el niño eventualmente no necesite los textos simplificados. “Se trata de que algún día prescinda de eso”, afirma.
Las actividades están pensadas para que el niño siempre empiece desde el éxito, no desde el error.
“Están muy graduadas para que empiecen teniendo aciertos y después sea un poco más difícil. Ellos van a sentir que pueden leer, que pueden responder, que pueden entender”, explicó. Si hay un error, la plataforma da feedback inmediato y permite repetir la actividad, sin que se sienta como un fracaso”.
La dinámica de juego con personajes, gemas, monedas y rankings fue idea del desarrollador Lucio Schiavoni. Al principio Lafourcade era escéptica, pero la probó y vio los resultados.
“Algunos niños llegan a la consulta y me dicen ‘¿Podemos hacer LISA?’ porque quieren ganar gemas. Es una motivación extra que funciona”, reconoce.
Foto: @lisa_dislexia_alfabetizacion
MÁS DE MIL USUARIOS
LISA está pensada principalmente para profesionales de la psicopedagogía y para equipos clínicos, aunque también la usan docentes y familias. La plataforma aclara que no es un recurso escolar general, las actividades requieren mediación humana para funcionar bien.
“Un niño en familia puede utilizarla para simplificar sus textos y estudiar con autonomía, pero la parte de las actividades requiere del vínculo con un profesional”, precisó Lafourcade.
En su nueva versión, LISA 2.0, una maestra o psicopedagoga que compra una suscripción puede generar hasta 30 cuentas gratuitas para sus alumnos. Los planes van de 12,90 a 59,90 dólares por mes.
Más de 1.000 personas ya usan la plataforma, aunque muchas lo hacen en la versión gratuita.
“Todavía no hay un volumen de suscripciones suficiente como para que el proyecto tenga autonomía financiera. Estamos sin financiamiento en este momento”, reconoció Lafourcade, que apunta a poder sostenerse comercialmente para 2027.
Ya hay usuarios en Chile, Argentina y México, aunque a baja escala. “Sueño que se use en el mundo hispanohablante. Pero más que usen LISA, quiero que la gente se suscriba para poder sostenerlo y seguir creciendo”, dijo.
MIRADA SOBRE LA DISLEXIA
Lafourcade señala que el concepto de dislexia está cambiando porque ya no se ve como algo dicotómico, con dislexia o sin dislexia, sino como un continuo. Y en esa lógica, la responsabilidad no recae solo en el lector ni en el sistema educativo, sino también en el texto.
“Hay que analizar el texto y ver si es adecuado para ese niño y para ese nivel de lectura. Si le damos un texto simplificado a un escolar con dislexia, logra leer como una persona sin dislexia. Ahí se diluyen las barreras”, explicó.
“A lo que aspiro es a un cambio sustantivo en la educación. Una gran responsabilidad la tienen los sistemas educativos, no de Uruguay sino a nivel global. Creo que herramientas pensadas, validadas y diseñadas con un propósito serio pueden generar valor real en la educación”, cerró Lafourcade.
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