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ROCKUNG FU

Paco Pintos: bajista de La Triple Nelson, chofer y practicante de artes marciales

La banda prepara el reestreno de su disco “De amor, de locura y de guerra”, mientras el artista habla de sus múltiples facetas.

29.07.2026 14:51

Lectura: 7'

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Por Agustín Bassini
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Fernando Paco Pintos lleva 35 años dedicado a la música. Bajista de La Triple Nelson desde hace 28 años, también es chofer y practica artes marciales. En diálogo con Montevideo Portal, repasó su trayectoria y la historia de la banda.

Las artes marciales te dan cierta calma y autoconocimiento. No es para enfrentarse con nadie, más que nada es para enfrentarse con uno”, explicó Pintos sobre su práctica de kung fu, tai chi y chi kung, junto a su instructor Pablo Pérez Boggio. Esa búsqueda de equilibrio también define su relación con la música: “La música pertenece más al mundo de la magia, más a la parte mágica del ser humano que a la parte real”.

Pintos presenta junto a su banda La Triple Nelson el reestreno del disco Amor, de locura y de guerra en la Trastienda Montevideo. El show se llevará a cabo el sábado 15 de agosto.

Infancia musical y dictadura

Paco nació en Paysandú, donde vivió con sus dos hermanos mayores, quienes le llevaban 10 y 15 años. “Ellos tenían un tocadiscos y escuchaban mucha música. En mi casa había música de todo tipo desde mi niñez”, recordó. Entre sus favoritos estaban The Beatles, Violeta Parra, Daniel Viglietti, Luis Alberto Spinetta y el disco Música para niños de Tótem.

La dictadura cambió todo. “Con la dictadura desaparecieron los discos, desaparecieron los libros, desapareció el tocadiscos. Fue una especie de bofetada general. Durante mucho tiempo, en casa no hubo música”, relató. “Fueron cosas más de índole política que invaden la familia”, agregó, aunque el recuerdo musical quedó intacto.

Sus primeros pasos como guitarrista los dio en una plaza junto a un amigo del barrio. “Mi primer desafío fue aprender ‘Nevando está’ de Eduardo Falú, que es muy difícil. Ese logro hizo que la música fuera siempre mi refugio”, contó.

Cómo nació La Triple Nelson

La Triple Nelson se formó gracias al baterista Leo Vargas, quien conocía a Paco y a Christian Cary por separado. “Christian tocaba en un boliche llamado Azabache haciendo un tema de Los Redondos. Yo hacía otros trabajos con Leo: shows en bares”, recordó Pintos.

Lo que permanece y lo que cambió

El corazón. Le ponemos el corazón a todo”, respondió Pintos sobre qué sigue igual desde los inicios. “Íbamos a tocar dónde sea, cómo sea, en el formato que sea. Seguimos haciendo lo mismo: hace poco tocamos en Concordia y en Paysandú; tuvimos que reducir el cuadro, conceder cosas, no ir con equipo ni sonidista, confiar en la gente local que tiene experiencia”, afirmó.

Lo que cambió fue la trayectoria. “Nos da cierto peso. Hemos hecho 13 discos, grabamos en Buenos Aires, Texas, Montevideo, La Paloma, Punta del Diablo. Montamos un estudio. Ese bagaje de conocimiento y de confianza que al principio obviamente no lo tenía”, explicó. “Estamos contentos con lo hecho, pero no nos dormimos en los laureles, seguimos buscando cosas para hacer”.

“La esencia de la banda puede ser el blues”, definió Pintos.

La emoción en vivo


Entre los recitales memorables recordó el show con Pappo en Shangrilá. “Tocamos en un bar para treinta personas. Compartimos escenario con Pappo, a quien considerábamos un ídolo, un capo. Había muy poca gente, era un lugar superreducido. Eso nosotros lo guardamos en el corazón”, dijo.

También destacó el show con la Filarmónica en el parque Rodó. “Nunca habíamos llevado a tanta gente a un lugar. Era gratis, una noche de verano. Fueron casi 20.000 personas. Se veían las luces de los celulares a través del lago”, recordó emocionado.

Nos emociona cuando la gente canta. Estamos llegando a alguien con algo que se te ocurre en un cuarto con una guitarrita y ahora lo ves con luces, con la gente. Es una cosa hermosa, es indescriptible de transmitir con palabras”, señaló.  

Grabando en el desierto de Texas

El disco De amor, de locura y de guerra los llevó a Sonic Ranch, un estudio en la frontera entre El Paso (Texas) y Ciudad Juárez (México). “Tomamos tres aviones: uno hasta Panamá, otro hasta Houston y otro muy chico hasta El Paso. Después tomamos un Uber de una hora y media a través del desierto. Terminamos en un estudio en el medio de la nada, en el medio del desierto”, relató.

Le preguntaron al conductor mexicano del Uber si era tranquilo El Paso. “Sí, esto acá es muy tranquilo, acá no pasa nada”, respondió. Cuando le preguntaron por Ciudad Juárez del otro lado, contestó: “Pues, ni tanto”.

Estábamos con la mejor tecnología, la más vintage. Nunca habíamos accedido a ese tipo de sonidos. Christian tenía 60 guitarras, de la marca que quieras, del modelo que busques. Tocó con una guitarra que era de Stevie Ray Vaughan que se había vendido al estudio”, contó Pintos.

“Las consolas eran consolas Neve que ya casi no se usan, que son legendarias. Salen tres millones de dólares. Había un delay de cinta, el tipo de delay con el que grababa Pink Floyd. Nunca habíamos visto uno en un estudio real. Lo usamos como cinco veces en los temas porque le daba un toque increíble”, detalló.

Este disco realmente para nosotros es un punto de inflexión a nivel sonoro y a nivel de haber hecho un salto al vacío. Fuimos a grabar a ese lugar sin nuestros propios instrumentos”, reflexionó.

La Filarmónica: el primer punto de inflexión

“El momento de la Filarmónica fue un punto de inflexión. Siempre fuimos un trío y tocábamos en diferentes lugares. Éramos una banda bastante conocida, más que nada entre los músicos, pero nunca habíamos accedido al gran público”, explicó Pintos.

“Esa sociedad con la Filarmónica nos permitió tocar para más gente y desarrollar otro tipo de arreglos y de música. Contamos con Pablo Rey como nuestro amigo arreglador. Hizo básicamente el 90% de los arreglos de ese disco y de ese show. Hizo que la música floreciera y nos dio otras posibilidades imaginativas de cómo hacer más cosas, de no quedarse reducidos al trío”, agregó.

Aunque la experiencia fue enriquecedora, la vuelta al trío tiene un significado especial. “Es como una bendición para nosotros. Cuando somos tres tocando, somos como una unidad”, dijo.

“Pandemia de guerra”: una canción que cobra vida

Hicimos la canción hace tres años aproximadamente, cuando empezó la guerra allá en Medio Oriente, que estaban ahí empezando los tiros. Cuando la hicimos recién empezaba. Ahora se desató otra guerra un poco más al lado. También estaba la guerra con Ucrania”, contextualizó Pintos.

“La guerra en vez de irse apagando ha ido como floreciendo. La canción se despertó. Cada vez que la tocamos nos pone la piel de gallina. Dice las cosas terribles que pasan en cada vez más lugares del mundo. Fue como una bofetada de realidad que nos dio la canción”, explicó.

Definición de éxito

Mantener una banda con amigos durante 28 años. Eso es un éxito. Tener una familia también es un éxito. Salir a la calle y no tener nada de qué preocuparme, eso también es un éxito”, definió Pintos.

Por Agustín Bassini
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