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Internacionales

Un susto que son dos

“No te lo creés”: relato de uruguayos que vivieron los ataques de misiles en Catar

Los compatriotas trabajaban en Doha cuando por primera vez en sus vidas estuvieron en un territorio en guerra.

06.03.2026 11:46

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2026-03-06T11:46:00-03:00
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Por Valentina Temesio

Cuando el minuano Ignacio Fiorenza aceptó una propuesta laboral para trabajar en una fábrica de una empresa europea que opera en Catar, nunca pensó que vería misiles en el cielo y que tendría que pedir ayuda al Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay para poder volver a su país. Tampoco esa idea estaba en los planes de Néstor Dufau, un ciudadano de Juan Lacaze que también estaba en el país árabe.

Desde el pasado domingo, Fiorenza, Dufau y otros dos compañeros de Juan Lacaze fueron testigos del ataque de la República Islámica de Irán en Medio Oriente, que atacó las bases militares de Estados Unidos después de que bombardearan Teherán.

Con ayuda de sus empleadores y de Cancillería, los uruguayos lograron salir de Catar e ingresar a Arabia Saudita, la única vía para volver a América. Fiorenza y Dufau narraron a Montevideo Portal cómo se vive la situación en Medio Oriente e insistieron en que otros compatriotas, y también trabajadores de Argentina y Brasil, buscan volver a sus hogares.

Fiorenza llegó a Catar el pasado 26 de enero. El año pasado había trabajado en Arabia Saudita y le hicieron una propuesta para el país vecino. La aceptó. Se subió a un avión y volvió a Asia, donde todo “venía normal” hasta el sábado 28 de febrero.

La primera señal de que los uruguayos estaban en un territorio en guerra fueron alertas en sus celulares. Sonaban sin parar, aunque estuvieran en silencio y fueran de distintas marcas. El sonido se parecía al de una “sirena”.

De inmediato, su jefe, un alemán con quien se comunicaban en inglés, les dijo a sus empleados que salieran “lo antes posible”. Dejaron las cosas como estaban y se fueron sin entender mucho qué era lo que estaba pasando.

No te lo creés, no caés. Es algo en que no sabés qué va a pasar”, recuerda Fiorenza. Ellos corrían asustados hacia su hotel en el centro de Doha. Los cataríes seguían su vida como si nada hubiera pasado. Los comercios seguían abiertos, los deliveries seguían en la calle. Los uruguayos se encerraron en sus habitaciones, que comparten entre dos. Se hizo la tarde, cayó el sol y llegó la noche, cuando los misiles llegaron a Catar y apuntaron a la base aérea estadounidense.

Los uruguayos miraban y filmaban los misiles. Los escuchaban retumbar. Dice Fiorenza que es “un sonido impresionante”, “algo nunca visto”, como “una explosión en el cielo que retumba entre los edificios y tiemblan los vidrios”. El joven se acuerda de cuando los misiles de Irán se interceptaron con los Patriot del sistema de defensa catarí.

Para Dufau también fue una sorpresa. Seguía las noticias, sabía qué estaba pasando en el mundo, pero esta situación era difícil de prever. “Nunca pensamos que iba a explotar de la nada”, admite.

Desde su cuarto del piso 14 veía una “pequeña cortina de humo” a lo lejos. La primera imagen de varios días de bombardeos, de ver cómo los proyectiles caían a la ciudad, de los “bombazos” en la noche. “Para nosotros fue algo totalmente nuevo. Nunca había estado en una zona de guerra y escuchar todas esas detonaciones fue medio fuerte”, cuenta.

El trabajador uruguayo rememoró una noche en la que el nivel de alerta era el 2, y hubo, por lo menos, 30 misiles en el cielo. “Era un despelote de luces”, cuenta. Las primeras noches durmieron como pudieron. El estruendo de las detonaciones los despertaba. Les dejaba “el corazón a mil”.

Lo primero que pensó Fiorenza fue en volver a su casa. Y ahí comenzó una nueva aventura: buscar una forma de salir de Catar. La única vía posible era Arabia Saudita, un territorio que requiere un visado que tramitaron con la ayuda de las embajadas de los países árabes y funcionarios de Cancillería de Uruguay. Lo lograron en cuatro días.

Los uruguayos consiguieron los papeles necesarios para poder comenzar a irse de la zona de guerra. Su empleador les hizo nexo con un chofer saudí que manejó las cuatro horas desde Doha a Riad, donde el paisaje también estaba acompañado de misiles y explosiones. Llegaron a salvo.

Este 6 de marzo los trabajadores llegaron a El Cairo para seguir tomando aviones y volver a sus casas en Uruguay. Aún desconocen cuál será su ruta, pero sí sienten el alivio de estar a salvo, la “tranquilidad” de que “no va a pasar nada” y el deber de contar su historia para que los otros compatriotas que siguen en Catar también puedan tener su mismo final.

Por Valentina Temesio