“Nicho de raros”: quiénes son los uruguayos que irán por primera vez a Mundial de Escalada
Cuatro escaladores competirán en Santiago de Chile del 23 al 25 de octubre, autofinanciándose casi en su totalidad.
Por Avril Andrés
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Uruguay clasificó por primera vez en la historia al Mundial de Escalada (IFSC), que se realizará del 23 al 25 de octubre de 2026 y Santiago de Chile será la sede. Allí se competirá en las disciplinas de Dificultad (Lead) y Velocidad (Speed).
Los representantes uruguayos serán Valentín Machado, Silvina Luongo, Sofía Martínez y Santiago Bardier, acompañados por un cuerpo técnico encabezado por el coordinador Antonio Velasco, la deportóloga Priscila Torres y los coaches Manuela Lev y Piero Zanzottera, un escalador argentino con experiencia internacional que se sumó al equipo a pedido de la Asociación Uruguaya de Escalada (AUDE).
Esta oportunidad existe porque en febrero de este año la AUDE fue aceptada como miembro número 103 de la Federación Internacional de Escalada (World Climbing / IFSC). Ese paso burocrático, en principio puramente administrativo, abrió una puerta que nunca antes había existido para el país.
“Es raro porque no era algo que esperaba, estoy emocionada, me parece que va a ser tremenda experiencia, como un delirio… ir a un mundial”, le dijo a Montevideo Portal la escaladora Sofía Martínez, de 34 años, madre, trabajadora gastronómica y estudiante de diseño gráfico que lleva seis años en la escalada.
“Es una locura, un poco es como un sueño de fiebre, no tiene sentido”, expresó Santiago Bardier, de 21 años, estudiante de Ingeniería y que se relacionó con el mundo de la escalada en diferentes momentos de su vida. La descubrió entre los 8 y los 10 años, volvió entre los 14 y los 15, y desde los 19 no paró más.
UNOS LOCOS DE LA ESCALADA
“Unos locos de la escalada”, “nicho de raros”, “muy particulares”. Así se definen entre risas Martínez y Bardier. No viven del deporte ni pasan el día agarrados a rocas, pero entrenan varios días a la semana, en gimnasio o al aire libre, como hobby, entrenamiento o meditación.
“La escalada es uno de los pocos, si no el único momento, en el que me puedo concentrar solo en una cosa y es en lo que estoy haciendo ahí”, explica Martínez, que debe estar atenta en dónde coloca la mano y el pie para evitar caerse.
Bardier coincide con su compañera en que “es un deporte en el que cuando lo estás haciendo no podés pensar en nada más que eso”.
“La dopamina que te genera lograr hacer una ruta que venís haciendo hace dos semanas y no te sale un solo paso… cuando te sale, es la mejor cosa que te pasó en la vida”, explica.
Por otro lado, Martínez destaca el sentido de comunidad. Si a alguien le sale una ruta, todos le festejan como un logro propio.
“Te conectás con la niña que tenés adentro, con la diversión, es jugar, es como salir del caos un poco, es meditación física”, dice.
En Montevideo, los gimnasios de escalada no abundan. Por eso, cuando desde La Beta Escalada se enteraron de que habían clasificado al mundial, les ofrecieron entrenar gratis y en el horario que quisieran. Así, el gimnasio se convirtió en su lugar de entrenamiento de confianza y en un apoyo clave para preparar la competencia.
UNA COMPETENCIA CUESTA ARRIBA
La escalada tiene tres modalidades: Boulder (en bloque), Lead (dificultad) y Speed (velocidad). El Boulder no forma parte de este mundial. En él, los escaladores enfrentan recorridos cortos pero técnicamente exigentes, sin cuerda y con colchonetas, resolviendo la mayor cantidad de problemas en el menor número de intentos.
En Lead, la disciplina en la que participará Uruguay, los escaladores deben llegar lo más alto posible en una pared de gran altura, asegurados con cuerda, en un tiempo limitado. Gana quien alcanza la mayor altura. En Speed, dos escaladores compiten simultáneamente en paredes idénticas con una ruta fija; gana quien llega primero a la cima.
Uruguay no puede participar en velocidad porque requiere una pared con una ruta específica que no existe en el país. “Habría gente que se gozaría si hubiese una pared de velocidad”, dice Bardier.
Martínez menciona que “armar un gimnasio no es changa”. “Todos los que tenemos en Uruguay son hechos a pulmón y metiendo un montón de esfuerzo y trabajo”, aclara.
La clasificación al mundial se define a partir de dos competencias nacionales de Lead.
“Ves que quedaste en la segunda y decís ‘qué bien’, pero después es un viaje porque vamos a ver y a escalar con los mejores escaladores del mundo”, cuenta Bardier, y agrega: “Es como estar nadando en la Playa Ramírez e ir a una competencia con Michael Phelps, es una locura”.
A PULMÓN
“Esto es el verdadero do it yourself [hacelo vos mismo]”, resume Martínez sobre el financiamiento.
“Por mi parte, con una agencia de viajes conseguí que me apoyen con medio pasaje, estoy re agradecida”, cuenta. La Secretaría del Deporte aportaría los uniformes. “Hasta ahí tenemos, esto es todo el apoyo que hemos recibido, después todo es autofinanciado. Bardier está vendiendo unas rifas y estamos abiertos al que quiera apoyar de cualquier forma”, comenta la escaladora.
Martínez viaja el 21 de octubre y Bardier el 19, cuatro días antes del inicio oficial.
“Con Valentín vamos a aprovechar que es en Santiago de Chile, que nos queda cerca y va a estar lleno de los mejores escaladores del mundo, para robar todos y cada uno de los piques”, dice Bardier emocionado.
Hubo un momento en que la participación de Bardier casi se frustra. La Federación Internacional exige una encuesta con datos de altura, peso y otras variables, tras años de problemas de desórdenes alimenticios en el circuito. A la escalada, históricamente, le favorecen los perfiles más delgados.
Bardier, de complexión naturalmente flaca, dio un índice de masa corporal bajo y tuvo que realizarse varios estudios. La médica del equipo, Priscila Torres, consiguió una densitometría ósea con fecha para noviembre en tiempo récord —era lunes, se necesitaba para el jueves, y la consiguió para el día siguiente— y acompañó a Bardier hasta el Comité Olímpico para gestionar una carta que habilitara su participación. “Me salvó, literal”, dice él.
“Es divino el grupo, todos con tremendo amor al deporte porque en realidad todos estamos haciendo todo lo que podemos para que pase”, reflexiona Martínez, y agrega: “Si hay una persona a la cual decirle que gracias a él está pasando todo esto es Antonio Velasco, el amor que le tiene a la escalada, le ha metido a este evento como nadie”.
LA ESCALADA LATINOAMERICANA
Además de competir, en Santiago de Chile el objetivo es aprender, hacer contactos y meterse en la escalada latinoamericana.
“La idea es que la escalada se unifique, que podamos ser un cuerpo solo en Latinoamérica y hacernos un espacito ahí”, dice Bardier, que también menciona, entre risas, que su objetivo es aprender, ver cómo funciona una competencia internacional y aprender de los mejores.
Además, aspira a ganar, pero su expectativa es llegar, al menos, a la “segunda presa”, un punto de sujeción o apoyo en la pared artificial o la roca natural. Para lograrlo, sabe que la actitud también juega un papel importante: “Si voy pensando que soy una cagada y que no voy a hacer nada, voy a andar peor”, afirma.
En cambio, Martínez indica que va para divertirse. “Es ir a pasarla bien y vivir una experiencia que jamás en mi vida me hubiera imaginado que iba a tener. También absorber todo, aprender lo más posible”, indica.
PARA LOS FUTUROS ESCALADORES
Para Martínez y Bardier, el Mundial representa mucho más que una competencia. También es una oportunidad para abrir camino en un deporte que todavía tiene un desarrollo incipiente en Uruguay y demostrarles a las nuevas generaciones que llegar a ese nivel es posible.
La escalada empezó como una actividad que practicaban por diversión y, casi sin esperarlo, los llevó a competir internacionalmente.
“Yo no espero llegar a ser una atleta de élite, ya no, pero sí abrir la puerta para justamente los que vienen. Es una comunidad que está creciendo”, explica Martínez.
Parte de ese futuro ya se ve en los más chicos. Martínez cuenta que una niña de ocho años, después de verlos competir, quiso empezar a practicar Lead y se sumó a los entrenamientos de adultos para aprender. También destaca el caso de Emilio, un escalador de 13 años que compitió en Argentina y obtuvo el primer puesto en las dos competencias en las que participó.
Para ella y Bardier, historias como esas son una muestra del potencial que existe en el país. Aunque Uruguay no tenga grandes montañas, sostienen que hay condiciones para desarrollar la escalada. El desafío, explican, es que ese crecimiento venga acompañado de más oportunidades para entrenar, competir y, eventualmente, profesionalizarse.
“¿Por qué puede ser que si al arquitecto lo tenés adentro, sí, pero cuando querés ser escalador o nadador o remero o músico o pintor es tan difícil? Estaría muy bueno que se pueda profesionalizar”, plantea Martínez.
Bardier menciona que Uruguay tiene jóvenes con condiciones para competir al máximo nivel. Por eso, el viaje al Mundial también tiene un sentido colectivo de dejar un precedente y facilitarles el camino a quienes quieran intentarlo más adelante. La experiencia de gestionar una clasificación, resolver cuestiones burocráticas y enfrentarse a cada dificultad puede convertirse en una referencia para los que vengan detrás.
Por Avril Andrés
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