“Muchos políticos creen que lo saben todo y no entienden que la geología es estratégica”
Leda Sánchez habló del escaso presupuesto que recibió el OGU, su postura sobre las prospecciones sísmicas y cómo evalúa el gobierno de Orsi.
22.04.2026 09:45
Por Tomás Gebelin
TGebelin
Leda Sánchez ha sido, en estos últimos años, la voz cantante entre quienes buscan desmitificar que Uruguay es un país sísmicamente seguro. Doctora en Ciencias Geológicas y directora del Observatorio Geofísico del Uruguay (OGU) lleva más de una década construyendo —casi en soledad— una red nacional de monitoreo sísmico que hoy cuenta con 25 estaciones, sin presupuesto estable, con el apoyo del Ejército y la Armada y a puro esfuerzo personal junto a su marido.
En esta entrevista, Sánchez habla sin filtros sobre el estado de la infraestructura edilicia montevideana, el desfinanciamiento del observatorio y la falta de visión estratégica del Estado uruguayo en materia de geología. Además, adelanta que están en conversaciones para que el OGU pueda trasladarse a la órbita del Ministerio de Defensa Nacional.
También da su opinión sobre las prospecciones sísmicas offshore, la posibilidad de encontrar petróleo en la plataforma continental y el gobierno de Orsi. Militante de izquierda por convicción —“de la izquierda de verdad”—, es tan directa al hablar de tectónica como de política. Una científica que no endulza nada y que, si Yamandú Orsi la escuchara, le recordaría que lleva años esperando un convenio que nunca llegó.
Empecemos por el eje central de tu carrera pública: la idea de que Uruguay no es sísmicamente seguro. ¿Sentís que lograste concientizar o lograr un cambio en esa creencia?
Yo creo que sí. ¿Por qué? Porque cuando pasa algo, ya sea un evento sísmico, una voladura de cantera o algo que la gente no puede explicar, se comunica conmigo. O me mandan un correo electrónico o me llaman. Mi teléfono lo encuentran en la web, o sea, no es que sea difícil comunicarse conmigo. O llaman a la facultad. Y entonces eso te muestra que no solo de Montevideo, sino que de todo nuestro país, la gente se comunica.
Eso está buenísimo porque entendés que cambió el paradigma. Quizás no a todo el mundo le entre, y además mucha gente tiene amnesia de los fenómenos que ocurren un año antes, dos o tres. Y ni que hablar para atrás, pero ese es el modus operandi del uruguayo: se olvida de que hubo tales y tales eventos. Entonces, creo que sí ha cambiado el paradigma de la percepción de lo que son los riesgos naturales.
¿Y lo sentís también porque más gente se ha interesado en el tema? ¿Ha entrado más gente a la universidad a estudiar el tema?
No, pero sí hay un cambio que es tecnológico. Hoy todo el mundo tiene acceso a celulares, a redes, entonces se comunica y te informa a través de esos medios. Eso es groso y eso lo vemos. Vemos el cambio que hubo desde 2016 hasta hoy, diez años. En 2016, la mayor parte de los reportes eran por correo electrónico, por la página web del observatorio. Y hoy ya te mandan un WhatsApp, te mandan un mensaje por Instagram, X o lo que sea. Entonces eso nos acerca mucho más a la gente.
Hace un tiempo, estimaste una magnitud máxima probable de 6,3 para un sismo en los próximos 25 años en Uruguay. Si trasladamos eso a hoy, ¿qué podría suceder?
Dependiendo de que hayan pasado 25 o 50 años y dependiendo de dónde se dé el epicentro y la profundidad del evento, Montevideo se hace mierda. ¿Por qué? Porque no tenemos las estructuras preparadas para que se generen estos eventos sísmicos. Y, además, tenemos cosas que cuando vos las ves y analizás decís: “Pucha, esto es peligroso”.
Vos mirás todos los edificios que hay en Punta Carretas, además de que están uno pegado al otro, no hay forma de que la estructura oscile por sí sola; va a estar pegada a otro y va a oscilar de otra manera. A eso le sumás que tienen problemas de agua. O sea, los edificios en Punta Carretas, por ejemplo, tienen bombas para sacar el agua de las bocas de tormenta porque se les inunda, porque por ahí circula agua, porque hay ríos subterráneos. Y el agua corre y corre un montón, entonces vas debilitando con los años las estructuras: se oxidan los hierros, se descascara el hormigón, tenés problemas continuos de humedad en los sótanos y en las plantas bajas. Todo eso ayuda —más otras cosas— a incrementar la vulnerabilidad de los edificios. Entonces, ahí te sube el riesgo, más allá de que la probabilidad de ocurrencia de un evento sísmico sea baja y que en general son de magnitudes bajas a moderadas.
¿Por qué los eventos sísmicos en Uruguay se sienten más que en Chile, por ejemplo, siendo de menor magnitud? La diferencia está en la profundidad. Estos eventos son someros, se dan a poca profundidad: 5, 7, 8, 12, 15 kilómetros, y en Chile se dan a 35, 40, 45, 50, 70, entonces lo que vos sentís en la superficie es bien distinto. En Chile hay un sismo de magnitud 2 y no te das cuenta. Acá, uno de magnitud 2 en Velázquez fue sentido.
Pasando al tema del observatorio: en agosto del año pasado publicaste que la propuesta de presupuesto había quedado de lado, y en octubre afirmaste que hubo un “desmantelamiento”. ¿Qué pasó?
El presupuesto del observatorio iba a través de la Dirección Nacional de Minería y Geología, a la cual también le recortaron un montonazo el presupuesto; le dejaron dos mangos. Porque los políticos —que yo entiendo que muchos de ellos son analfabetos funcionales, que creen que saben todo y no saben nada— no entienden que la geología, saquemos de lado la sismicidad, es estratégica para un país.
Y voy a decir algo que a mucha gente le rechina, pero que es real: la inversión en conocimientos geológicos se hizo en el período de la dictadura. Las misiones alemanas y las misiones francesas que vinieron a generar conocimiento en geología se hicieron en ese período. Y, después, es como que la geología quedó de lado. Todo lo que nosotros usamos es geología: la pasta de dientes, la arena para la construcción, el cemento. Tendría que haber una inversión seria para un trabajo serio de geología de campo, terminar de conocer bien qué es lo que hay, qué es lo que nos falta, qué es lo que nos sobra, dónde podemos hacer una buena explotación. Es como que hay un tabú con la geología.
¿Cómo está funcionando el observatorio hoy en día?
Seguimos a pulmón, no te queda otra. Tenemos 25 estaciones. No es lo mismo el mantenimiento de ocho que de 12, 16, 20, y hoy 25. Entonces los costos incrementan y los tiempos necesarios para hacer el mantenimiento son mayores sin recursos. Lo mantenemos con mi marido. El apoyo continuo y permanente ha sido siempre del Ejército Nacional: nos podemos instalar, tenemos seguridad, tenemos conectividad, nos dan hospedaje, nos dan de comer. Es lo único que hemos tenido.
Es más, cuando a veces en algunas estaciones tenemos algún problema, yo llamo a algunos referentes que tengo en cada uno de los cuarteles y ellos van, siempre se fijan en la llave de luz, se fijan en un conjunto de cosas que ya saben cómo resolver. Hoy tenemos también con la gente de la Armada dos estaciones, una en el Comando de Infantería Marina de Montevideo y otra en Prefectura, en Soriano.
¿Qué debería suceder en el corto plazo para lograr un cambio?
Tuvimos un par de charlas con la ministra de Defensa, Sandra Lazo, para ver si el observatorio podía ser incorporado a la estructura del Ministerio de Defensa. Estamos en eso. En todas partes del mundo funciona que el Estado es el que sostiene los observatorios sismológicos y la universidad es la que genera el conocimiento y hace el trabajo de investigación. Hace un mes y medio, más o menos, estuvimos haciendo la redacción del convenio. Ahora estamos viendo. El Ministerio de Defensa tiene un montón de quilombos, pero vamos a ver si sale algo por ahí.
Mencionabas también que tener una red sismológica nacional funcionando puede traducirse en ahorros concretos para el Estado.
Exacto. Cuando vos hacés emprendimientos de envergadura con empresas internacionales que hacen una inversión en infraestructura, se pagan seguros. Cuando tenés una red nacional de sismología funcionando, el costo de los seguros baja. Yo no sé si están considerando eso cuando hacen contratos. El ahorro es sustancial. Me lo comentaron personas que me decían que tenés que gestionar esto para que el gobierno nacional tenga su dossier de que acá se hace esto, que están las estaciones, que este es el catálogo sísmico. Eso baja los costos en inversiones grandes de infraestructura. Podríamos generarle al Estado un ahorro sustancial en ese tipo de inversiones.
Cambiando de tema; hay mucho debate sobre las prospecciones sísmicas offshore para buscar hidrocarburos en la costa oceánica. ¿Cuál es tu postura al respecto?
Lo que puedo decir es que la información que arroja es fundamental para el país; el conocimiento es soberanía. Efectivamente, afecta a la fauna, pero acá no tenemos ni siquiera línea de base, o sea, no sabemos cómo es la población de los bichos en la plataforma y no sabemos cuánto puede ser el efecto que genere en ellos. Que seguramente perturbe, sí. Pero hay cosas que perturban también y mucho más, como la pesca de arrastre, y por eso no estamos haciendo campaña ni poniendo cartelitos.
Sí se afecta, obviamente, pero también sabemos que cuando el ecosistema marino se ve afectado por un evento extremo, después se recupera. Ya tuvimos prospecciones sísmicas offshore y vimos que los ecosistemas se recuperaron. Hay cosas que afectan, pero también hay otras cosas que afectan y que tampoco nos cortamos las venas por eso. El efecto que tiene el agro en las cuencas hidrográficas es brutal. Lo importante es ser coherente y tratar de minimizar de forma consistente los daños mayores. Lo del mito del Uruguay Natural es eso: un mito, un eslogan.
También comentaste que tenés baja expectativa de que se encuentre petróleo. ¿En qué te basás para afirmar eso?
Yo trabajo en temas de tectónicas y mi visión desde el punto de vista de los modelos que hay de las distintas plataformas, de los márgenes conjugados del lado nuestro y del lado africano, es que creo que no, que es muy difícil encontrar hidrocarburos en esta plataforma, que además es una plataforma volcánica, bastante más compleja. Y si se encuentra, que no sea en cantidades explotables. Ahora, como no trabajo en el tema, digo “yo creo” o “yo opino”, no quiere decir que tenga la verdad absoluta.
El otro día justo hablaba con una colega y me decían que las probabilidades eran más altas de lo que yo opino. Y si fuese así, es un golazo, porque al país le cambia la ecuación económica. No ahora, no en 10 años, sino en 20, 30, 40 años. Seguramente yo ya no lo vea, pero mejoraría sustancialmente la ecuación económica para el país.
¿Te considerás una militante de izquierda?
Soy de izquierda, sí. De la izquierda de verdad, no de la mierda que hay ahora.
¿Cómo estás evaluando el gobierno del Frente Amplio? ¿Qué fortalezas y qué debilidades identificás?
El Frente Amplio sigue teniendo problemas de comunicación: no le llega a la gente, no saben comunicar las cosas que se van haciendo. Creo que es un gobierno que arrancó demasiado cauto, con un problema de seguridad psicológica: no dicen realmente lo que piensan. Yo sé que hay ministerios que los dejaron hechos mierda y sin un mango, y no lo dicen. Hay una cobardía en decir las cosas como son.
Sigue habiendo una disociación entre el Parlamento y el resto del pueblo: ellos son una cosa y el resto somos otra, que servimos en los períodos electorales. Y también está esa conducta generalizada de ningunear a la academia, a los colegas. Desde la clase política ningunear a nuestra población académica no es bueno, porque hemos aportado un montón al país. Cuando tenés un problema de agua, andá a buscar a tus investigadores que trabajan en el tema; eso nos despegaría como país.
Ahora, las fortalezas: sí creo que se han empezado a hacer cosas, y hay ministerios donde se están haciendo bien, con responsabilidad y sin esa actitud de “yo me la creo toda”. El ministro de Ambiente, por ejemplo, me llamó y me dijo: “Contame, explicame, no entiendo, dame evidencia, dame los documentos”. Eso no lo hace todo el mundo.
Si en este momento Yamandú Orsi te estuviera escuchando, ¿qué le dirías?
A ver, Yamandú, en 2016 tuvimos el terremoto de Las Piedras, dijimos que íbamos a hacer un convenio, voy a seguir esperando. Después tuvimos el de Atlántida, que también hablé con él y dijimos que íbamos a generar un incremento de equipos en el departamento de Canelones. Todavía sigo esperando. En el presupuesto nacional del Ministerio de Industria nos pelaron el presupuesto. Ahora, cuando pasa algo: Leda. Entonces no está bueno eso, porque no es serio.
Por Tomás Gebelin
TGebelin
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]