Sobre fines del año pasado, Florencia acudió —luego de varios años de charlas y llantos— a una comisaría para denunciar a su padre. Ella sabía que la relación con él no era buena, pero con el correr del tiempo se dio cuenta de que había sido víctima de una serie de abusos psicológicos y físicos.
Definió que el vínculo, desde que ella era mayor de edad, se dio en un contexto de convivencia forzada, porque nunca la dejaron independizarse y le prohibieron salir del terreno de sus padres, donde se daban situaciones de control extremo.
“Mi padre presenta consumo problemático de alcohol. Dentro de esta dinámica, se me exige constantemente que me calle, que no discuta porque ‘mi madre está mal’. Cada vez que intento poner límites, se me invalida y se me responsabiliza por los conflictos. Mi palabra no es respetada”, indicó en la denuncia policial a la que accedió Montevideo Portal.
La vida quiso que Florencia formara una familia y tuviera tres hijos, todos actualmente menores de edad. Si bien, tras separarse, no todos viven juntos, sí convive con los más chicos, por lo que ellos también mantienen relación con sus abuelos.
Los menores fueron una especie de botín, según la denuncia, que utilizaron para amenazar a la mujer y decirle que, si se iba, se los sacarían.
“Esas amenazas se produjeron especialmente en un período en el que yo me encontraba separada y pretendía rehacer mi vida, momento en el que fui hostigada con insultos y controles constantes sobre mis entradas y salidas. Me exigían que continuara con el padre de mis hijos bajo la amenaza de quitarme a los niños”, agrega el texto policial.
Las razones que tenía Florencia para irse eran varias. Entre ellas, que su hermana vive en el mismo lugar y es consumidora de drogas, por lo que los menores convivían con esa realidad.
Abusos sexuales
La situación, según pericias psicológicas realizadas después de la denuncia, ha impactado en los menores de edad. Una de las hijas de Florencia, de 13 años, presenta graves afectaciones emocionales, y tuvo intentos de autoeliminación “que aparentan ser producto del contexto familiar que atravesó desde bebé”.
Otro de los hijos, de cuatro años, presenta un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, lo que ha dificultado la convivencia en ese contexto. “La denuncia coincide con cambios importantes en su comportamiento, evidenciando el impacto negativo que este entorno genera en su bienestar”, indica otro de los estudios.
Un mes después de que Florencia hiciera la denuncia, la niña de 13 años verbalizó episodios de abuso sexual crónico por parte de su abuelo, según otra de las pericias firmada por un pediatra.
En esa charla que tuvo con su madre, también le comentó que su hermana, ahora de cuatro años, también sufrió episodios similares. En ambos casos se hizo la denuncia y las niñas fueron vistas por especialistas.
En el relato hecho ante la Policía, la niña de cuatro años dijo: “Mi tata me tocó la cola y me pegó. Me tocó la cola con el dedo y con la lengua”. Ante esta situación, Florencia decidió irse del terreno y, pese a que no vive en las mejores condiciones, entiende que es lo mejor para su familia.
A nivel judicial, al hombre se le impusieron medidas limitativas respecto al acercamiento a las menores y a su hija, pero aún no ha sido imputado.