En 2022, Ana Paula Orellano dejó Argentina para instalarse en Uruguay. Primero, llegó a Montevideo, donde estuvo unos 20 días instalada para obtener la residencia. De aquel entonces recuerda sus idas rutinarias a la Dirección Nacional de Identificación Civil. Hasta que un día obtuvo su cédula provisoria. 

De la capital viajó a Maldonado, donde finalmente se instaló. Sus primeros trabajos fueron changas en la construcción. En junio de 2022 comenzó a cuidar autos en Punta del Este, una actividad que realizó hasta fines de enero de este año, cuando protagonizó una situación “humillante y degradante” por parte de un turista argentino y la Policía, dijo a FM Gente y ratificó a Montevideo Portal

“Me tocó pagar un derecho de piso importante aquí en Punta del Este, hasta hacerme conocida”, dice la excuidacohes. La argentina tuvo que ganarse la confianza de los vecinos de la zona, así como de los turistas.

Su primera cuadra fue en la parada 2 de la Brava, sobre la avenida Francisco Salazar, pero no “era muy linda”. Pidió un cambio en la Intendencia de Maldonado que la llevaría a un lugar definitivo. Según recuerda Orellano, en esa calle la “gente estaba siempre muy apurada y acelerada”, por lo que llevar a cabo su tarea de cuidacoches “no era fácil”. “Yo estaba aprendiendo, era la primera vez que lo hacía. No sabía yo”, recuerda.

La comuna de Maldonado trasladó a Orellano a la intersección de Gorlero y la 29, en plena Península. Dice la cuidacoches que tuvo “una bienvenida muy linda”, en la que todo fue “mucho mejor”. En esas cuadras los autos andaban más lento y las personas que estacionaban sus autos eran, generalmente, las de “todos los días”. 

Con el tiempo, Orellano se convirtió en un personaje de la cuadra, una trabajadora más. Los vecinos le hicieron “muchos obsequios en las fiestas”. “Siempre tuve mucho mucho respaldo de parte de ellos. Hasta ese momento en el que pasó esto. Y ahí fue donde me sentí un poco desolada”, admite.

El 31 de enero la vida de Orellano cambió cuando un turista perdió las llaves de su vehículo y la culpó de haberlas agarrado, dice. Según el relato de la cuidacoches, una familia argentina llegó ese día en dos autos diferentes. Uno de ellos quedó en una cuadra cercana y otro en la que ella cuidaba. Un hombre se bajó al supermercado y la mujer y sus hijos se fueron al apartamento que habían alquilado. Cuando volvieron al auto, se encontraron con que al intentar abrirlo comenzó a sonar una alarma.

Nadie tenía las llaves. Tampoco las encontraron en el trayecto de unas dos cuadras que había desde el auto al edificio en el que se quedaban. “Ahí entraron a acusarme a mí de que yo las había tomado”, relató la mujer. Era la primera vez que veía a su familia. “Tengo buen trato con todo el mundo y la gente tiende a presentarse conmigo fácilmente”, recordó. 

Una vecina de la zona, a quien Orellano conocía, le dijo a los turistas que había visto a la cuidacoches agarrar las llaves. Ella lo niega. Las acusaciones del turista llegaron hasta la Policía, que le realizó a la cuidacoches un “cacheo" en plena cuadra, frente “a todo el mundo”

Nunca me sentí tan humillada así públicamente. Esa falta de tacto de la Policía me cayó muy mal. Sin respaldo moral; a raíz de la humillación recibida, mucha gente cambió conmigo. Mucha gente cambió la actitud y ya no es lo mismo. Ya no me siento igual”, expresó. 

Orellano presentó una denuncia policial, que fue archivada. El hombre no llevó la causa a mayores. La cuidacoches dijo que nunca había pasado por algo igual. Días después, las llaves del auto del argentino aparecieron en un kiosco de la calle 30 y Gorlero. Una persona caminaba cuando las encontró y las dejó en el local comercial. 

“Jamás me pidieron disculpas, ni la familia ni nadie. Todo fue una acusación verbal”, dice la mujer. La cuidacoches reclama que la acusaron “sin pruebas” y que la “humillaron frente a todo el mundo”. “No me llevan ni siquiera a la comisaría por lo menos para respetar mi privacidad y mis derechos. Entonces ya está. ¿Qué me puedo esperar para mañana?”, insistió.

Ante la “incomodidad” que sintió, Orellano prefirió “abrirse”. Ahora está en “busca de nuevos horizontes”. No encontró otra opción para seguir con el mismo trabajo pero en otra cuadra, por lo que busca un “cambio diferente”. “No quiero volver a vivir una situación tan humillante y degradante como esa”, dice la mujer.

Orellano afirma que está “abierta a todas las posibilidades que se presenten” y sigue en búsqueda de un nuevo trabajo.