En la guerra moderna, la superioridad no depende solo de tener mejores aviones, sino de tener suficientes.
Y, debido a esto, Estados Unidos enfrenta un desafío estructural creciente en su poder aéreo militar.
Es que la histórica potencia ha perdido pie en la capacidad industrial para producir cazas a gran escala, un rasgo que hoy se vuelve crítico, y por el que China empezó a destacarse.
Aunque sigue siendo una potencia dominante, el envejecimiento de las aeronaves de Estados Unidos y el desgaste operativo han llevado el sistema al límite, sin margen suficiente para responder a múltiples conflictos simultáneos.
En este camino, el F-35 se ha convertido en el pilar central de la estrategia estadounidense. Y, pese a su avanzada tecnología y su rol clave en combate, su producción limitada y la fuerte dependencia de una sola plataforma exponen una vulnerabilidad en la defensa norteamericana.
El contraste con China es cada vez más marcado. Según consignó el sitio especializado en tecnología Xataka, el gobierno chino apostó en cambio por acelerar la producción a escala de cazas, lo que incluso podría alcanzar los 300 aviones anuales antes de que termine la década.
Esto le permite no solo cerrar la brecha tecnológica con la otra superpotencia, sino también amenazar con superarlo en volumen y capacidad operativa.