La colocación de rejas, concertinas, alambres electrificados y todo tipo de parafernalia “disuasoria” no es un fenómeno nuevo en Montevideo, pero sí es creciente. La tendencia a “enrejarse” comenzó en la década de los 90 y, desde entonces, no ha hecho más que ir en aumento, dado que la realidad social de la ciudad no favorece lo contrario.

La instalación de ese tipo de estructuras ha sido objeto de consideraciones de todo tipo, desde las sociológicas hasta las puramente estéticas. También la normativa debió adaptarse al auge de la instalación de fierros. En Montevideo, en noviembre de 2024, se produjo un caso que partiría aguas en ese sentido: un joven de 30 años murió luego de tropezar y caer sobre una barra metálica con punzones situada a baja altura, con el probable fin de disuadir a indigentes o transeúntes de sentarse en ese lugar.

Ahora, un nuevo y curioso ejemplo de “arquitectura defensiva” generó controversia en redes sociales.

La disputa comenzó a partir de una publicación de Daniela Bouret, historiadora y comunicadora cultural que, años atrás, dirigiera el Teatro Solís. En su perfil de Facebook, Bouret compartió una foto tomada en la esquina de las calles Mario Cassinoni y Charrúa.

Allí, y tal como se aprecia en la imagen, los vecinos de un edificio colocaron un enrejado que impide el acceso a un sector de acera debajo del inmueble.

“Esta reja en la ochava no protege nada: no hay ventana, no hay acceso, no hay vida. Sin embargo, se enreja”, escribió la profesional.

“Esto no es seguridad: esto se llama arquitectura defensiva, pero de la peor, la que excluye”, añadió.

“Y no me vengas con que las personas en situación de calle se podían establecer ahí, o que no es mi casa. Porque cuando la ciudad se construye así, deja de ser un lugar de encuentro y se convierte en la versión más triste, en un dispositivo de rechazo”, concluyó.

La publicación generó de inmediato numerosas reacciones y comentarios. Mientras algunos internautas coincidieron en lo señalado por Bouret, otros señalaron que el vallado probablemente obedecería al hartazgo de los vecinos ante “campamentos” de personas en situación de calle.

“Si ese espacio estuviera sin rejas, ahí habría al menos tres o cuatro pichis durmiendo”, señaló un internauta, quien luego “adaptó” al ámbito local un razonamiento clásico de la xenofobia: “Si tanto le preocupa esa gente, le sugiero que se los lleve para su casa y conviva con ellos”.

“El problema no es la reja del escándalo: el escándalo es que como sociedad y como gobierno no encontremos una solución digna para las personas en situación de calle y para los vecinos de todo Montevideo”, consideró otra usuaria de la red.

“Es muy feo hasta que no te toca. Cuando te arman campamentos y tienes que llamar todos los días a la policía, IM, MIDES o lo que sea para retirar gente que vive, come y hace sus necesidades allí, no te queda más remedio que utilizar ese tipo de medidas”, señaló otra.

“Reja”

Por esta foto que se viralizo de una casa en Cassinoni y Charrúa en donde enrejaron una esquina para que no les durmiera más gente de noche

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La discusión, ya acalorada, escaló cuando la cuenta de X @uytendencias replicó la imagen e incluyó variantes “on demand” para los usuarios.

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Más allá de la pertinencia o no de la colocación de rejas en una esquina, la gran cantidad de comentarios que recogieron los posteos son señal evidente de que se trata de un tema que, en un sentido u otro, convoca y moviliza a la sociedad.