Modo hogar: por qué los vínculos son clave para nuestro bienestar
En un encuentro organizado por Divino, el psicólogo Alejandro De Barbieri presentó su último libro titulado “Lo que cura es el vínculo”.
Un hogar cambia cuando alguien llega. No necesariamente porque se muevan los muebles o se enciendan las luces, sino porque la presencia de otra persona puede transformar el espacio en un lugar de encuentro, escucha y refugio. Lo mismo que su ausencia.
Esa idea atravesó el encuentro que el psicólogo Alejandro De Barbieri protagonizó el lunes 26 de octubre en la casa central de Divino, donde presentó su último libro, Lo que cura es el vínculo, en una nueva edición de Modo Hogar, la propuesta de la marca que invita a reflexionar sobre el hogar y el bienestar.
En un momento de la charla, De Barbieri recordó espontáneamente el poema “Mi casa, esta mujer”, del escritor argentino Santiago Kovadloff, y compartió algunos de sus versos. La lectura funcionó como una pausa para volver sobre una pregunta que recorrió toda la conversación: ¿qué hace que un lugar se convierta en hogar y qué papel tienen los vínculos en esa construcción?
La propuesta fue más allá de pensar la casa como un espacio físico. El hogar también puede ser una forma de estar con otros, un entorno en el que sea posible bajar la guardia, sentirse escuchado y encontrar apoyo. En tiempos de hiperconexión, exigencias cotidianas e individualismo, esa dimensión adquiere especial relevancia.
La psicoterapia es una herramienta valiosa, pero el cuidado de la salud mental no empieza ni termina en el consultorio. La familia, los amigos, los centros educativos y los ámbitos laborales también forman parte de las redes que pueden sostener a una persona en momentos difíciles.
“La mente no está solo en el cerebro; la terapia no está solo en el consultorio”, planteó De Barbieri durante el encuentro. La idea es ampliar la mirada: el bienestar emocional también se construye en los espacios cotidianos, en la posibilidad de hablar de lo que nos pasa y en la presencia de personas dispuestas a escuchar sin juzgar.
En ese sentido, el psicólogo puso el foco en la importancia de generar vínculos más atentos y comunidades capaces de acompañar. El cuidado no tiene por qué recaer exclusivamente en una persona ni depender únicamente de la atención profesional; también puede expresarse en gestos cotidianos, conversaciones sinceras y redes que permitan pedir ayuda.
La dificultad para acceder a la atención profesional también formó parte de su planteo. De Barbieri señaló que unas 30.000 personas esperaban por atención en salud mental en ASSE y subrayó la importancia de fortalecer las redes comunitarias y los espacios de escucha mientras llega la asistencia. La cifra remite a un dato que autoridades sanitarias habían divulgado en 2025.
La conversación también llegó a la vida cotidiana y a la forma en que nos relacionamos con quienes tenemos más cerca. La hiperconexión permite estar disponibles todo el tiempo, pero no siempre implica estar presentes. Las pantallas pueden ocupar el espacio de una conversación, una comida compartida o un momento de atención plena con los hijos.
Entre las inquietudes planteadas por los asistentes aparecieron el individualismo, la crianza y la dificultad de dejar de lado el celular para conectar de verdad con los demás. Son preguntas que aparecen en la vida familiar y que invitan a revisar hábitos sin convertirlos necesariamente en motivo de culpa: a veces, recuperar el vínculo empieza por algo tan sencillo como escuchar, mirar a los ojos o compartir un rato con más calma y sin distracciones.
La atención hacia el otro también fue uno de los ejes de la charla. De Barbieri retomó una frase atribuida a Simone Weil sobre cómo amar implica prestar atención. Una idea simple, pero exigente en una época en la que la atención está fragmentada entre notificaciones, tareas y preocupaciones.
En el trabajo, en la pareja, con los amigos o en la crianza, prestar atención supone reconocer que el otro está ahí, con sus necesidades y su mundo emocional. También implica habilitar conversaciones sobre aquello que cuesta decir. La salud mental deja de ser entonces un asunto exclusivamente individual y se convierte en una responsabilidad compartida.
En Lo que cura es el vínculo, De Barbieri propone pensar el bienestar desde distintas dimensiones de la vida: el cuerpo, las emociones, los vínculos y el sentido que cada persona encuentra en lo que hace. La escucha, el acompañamiento y los pequeños gestos de cuidado aparecen como formas de primeros auxilios emocionales que pueden marcar una diferencia en la vida cotidiana.
La charla, con preguntas y reflexiones del público, volvió una y otra vez a esa necesidad de encontrar espacios donde sea posible mostrarse sin tener que resolverlo todo en soledad. Se refirió también a la educación, la carga mental de las mujeres y la dificultad de los hombres para pedir ayuda, pese a que esto se ve que empieza a cambiar.
Destacó que no se trata de sustituir la atención profesional cuando es necesaria, sino de reconocer que nadie debería tener que atravesar sus dificultades completamente aislado.
En ese punto, la idea de hogar recuperó su sentido más amplio. No se limita a las paredes, los muebles o la decoración: también está hecho de las personas que nos reciben, de las conversaciones que nos permiten aflojar y de la confianza de saber que hay alguien del otro lado.
Por Valentina Rodríguez
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