En una época en la que la política compite con el entretenimiento, captar la atención se volvió casi tan importante como el mensaje. En ese cruce —entre emoción, estrategia y velocidad— se instala la XXIV Cumbre Mundial de Comunicación Política, que del 21 al 23 de abril desembarca por primera vez en Montevideo con una agenda intensa y los últimos cupos disponibles.
En diálogo con Montevideo Portal, su presidente, Daniel Ivoskus, la define como un “encuentro de formación y capacitación con alto nivel de networking. La Cumbre funciona como una especie de festival de ideas aplicado a la política”. Durante tres días, las salas de convenciones de la Intendencia de Montevideo concentrarán charlas, debates y experiencias que cruzan cuatro miradas: la política, el periodismo, la consultoría y la comunicación.
La lógica no es la de un congreso tradicional. Con varias salas en simultáneo, cada asistente arma su propio recorrido en función de intereses y temas. “Podés entrar y elegir tu agenda en tiempo real”, explica Ivoskus. La contracara es inevitable: incluso quedándose todo el día, es imposible abarcarlo todo.
El contexto explica parte del interés. Para el consultor, la comunicación política se volvió más compleja que nunca: ya no se trata de “vender un producto”, sino de trabajar con sociedades atravesadas por emociones, inmediatez y sobreinformación. En ese escenario, dice, el desafío no es solo construir buenos mensajes, sino lograr que alguien los escuche. La competencia ya no es solo entre candidatos, sino contra el flujo constante de contenidos que disputan el tiempo de las personas.
Esa transformación también impacta en cómo se construye liderazgo. “Cada vez se necesitan menos candidatos superpoderosos y más equipos multidisciplinarios”, señala Ivoskus. Equipos capaces de interpretar una sociedad más dinámica, pero también más exigente, donde la exposición es total: la frontera entre lo público y lo privado prácticamente desapareció.
Foto: cedida a Montevideo Portal
Aunque los ejes de la Cumbre incluyen campañas electorales, nuevas tecnologías, comunicación de gobierno, medios, opinión pública y vínculo con los jóvenes, Ivoskus evita encasillar el fenómeno solo en tendencias. Para él, el cambio es más profundo: evoluciona la sociedad y con ella la política. La irrupción de outsiders, la aceleración de las crisis y la hiperconectividad obligan a repensar no solo qué se comunica, sino cómo y para quién.
La elección de Uruguay como sede no es casual. En un contexto regional convulsionado, el país aparece —según el organizador— como un caso de estabilidad institucional y calidad democrática. “Hay cosas que para los uruguayos son normales, pero en el mundo no lo son tanto”, plantea en referencia a la convivencia política, el respeto en la confrontación y las reglas de juego claras. Pone como ejemplo que en el país se pueda producir sin conflicto un cambio de mando entre un partido y otro.
Con más de 200 conferencistas confirmados y una agenda que cruza experiencias de distintos países, la edición local busca posicionar a Montevideo como punto de encuentro para pensar el presente y el futuro de la comunicación política. Y también como espacio práctico ya que quienes participen se llevarán herramientas aplicables, ya sea en medios, campañas o gestión.
La cuenta regresiva ya empezó. Con la capacidad casi completa, desde la organización insisten en que es el “último aviso” para sumarse a un evento que combina formación, intercambio y tendencias en tiempo real.
Para conocer la agenda completa e inscribirse, se puede consultar la web oficial de la Cumbre y sus redes sociales.
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