Empresas, Estado y sociedad civil: qué puede hacer cada uno ante los desafíos sociales
El Foro Social de ACDE se centró en educación, familia y pobreza con experiencias concretas y un llamado a profundizar la articulación.
El segundo Foro Social de la Asociación Cristina de Dirigentes de Empresas (ACDE) llegó este martes 18 de agosto a su tramo final con una pregunta que atravesó buena parte de la jornada: qué puede hacer cada actor de la sociedad para transformar la realidad de las personas y, sobre todo, qué se puede hacer cuando Estado, empresas y sociedad civil trabajan en conjunto. Durante la mañana, en el Auditorio del LATU, la discusión pasó de la educación a la infancia, la familia y la pobreza, con experiencias concretas, datos y testimonios que buscaron ponerle rostro a esos desafíos.
La presidenta de ACDE, Elisa Facio, explicó a Montevideo Portal que una de las principales decisiones de esta segunda edición fue profundizar en menos temas. “Estamos muy contentos después de la realización del primero, que fue como romper el hielo. Y para este foro decidimos concentrarnos en algunos temas y darle más tiempo”, señaló. La intención fue evitar una agenda demasiado amplia para poder profundizar en asuntos en los que la organización entiende que las empresas pueden tener un papel relevante.
La educación fue uno de ellos. La jornada comenzó con una presentación del economista Ignacio Munyo sobre educación dual, seguida por una mesa dedicada al tema y la conferencia de Marcelo Bisogno, director técnico del Instituto Nacional de Estadística. Para Facio, el vínculo entre empresas y educación ofrece múltiples posibilidades, desde el acompañamiento de trayectorias educativas hasta acciones dentro de las propias organizaciones.
Puso como ejemplo el trabajo de las fundaciones Salir Adelante y Sophia, que acompañan a estudiantes mediante donaciones y también a través de padrinos y madrinas que siguen sus trayectorias. Pero señaló que las empresas también pueden mirar hacia adentro y detectar situaciones que muchas veces permanecen invisibles.
Elisa Facio. Foto: Montevideo Portal
“Hay muchas posibilidades. La empresa puede identificar, por ejemplo, si entre sus funcionarios tiene personas que de repente no terminaron el liceo. Existen instrumentos de Inefop que permiten acompañar a trabajadores para que puedan completar sus estudios y desarrollar nuevas capacidades dentro de la empresa, de su cadena de valor o incluso en sus familias”, destacó.
Facio recordó, en ese sentido, una reflexión que había realizado Aldo Favre, gerente senior de Personas y Cultura de Montes del Plata, durante la mesa de educación. Cuando una persona que no terminó el liceo tiene la posibilidad de hacerlo de adulta, explicó Favre, la satisfacción puede ser enorme porque logra saldar algo que durante años sintió como pendiente. Y el impacto no queda solamente en esa persona: “Muchas veces las personas siguen estudiando después de terminar el liceo y es un impulso enorme para la familia, para los hijos que ven el ejemplo”, resumió Facio.
La segunda parte del foro llevó esa discusión hacia la infancia y la familia, en una mesa moderada por Rodrigo Strauch, socio de ACDE, que reunió experiencias desde distintos ámbitos. Nicolás Lasa, director nacional de Desarrollo Social del Mides explicó que Uruguay Crece Contigo acompaña a unas 5.500 personas por año y trabaja con “rutas de desarrollo” que buscan reducir distintos indicadores de pobreza multidimensional.
La estrategia, señaló, debe contemplar distintos niveles: las personas, las familias y las comunidades. “La inclusión es a partir de las comunidades porque ellas sostienen más allá de nosotros”, planteó.
Foto: Montevideo Portal
Lasa también puso sobre la mesa una de las claves para entender la pobreza infantil: la situación de las mujeres. “El Estado solo no puede y por eso es fundamental la articulación con la sociedad civil”, afirmó. Y agregó: “La reducción de la pobreza infantil no se aborda si no se trabaja la pobreza de las mujeres”.
Los cambios en la composición de los hogares también forman parte de ese desafío. Según los datos presentados por Lasa, entre 2013 y 2023 los hogares monoparentales se triplicaron, mientras que los hogares extendidos se redujeron a la mitad. En el total de los hogares, los monoparentales representan actualmente el 17%, una proporción que asciende al 28% en los sectores de menores ingresos.
En ese contexto apareció la experiencia de NIDO, una comercializadora solidaria de la cooperativa Construyendo Puentes Dignos (C.Pue.D) cuyo objetivo es promover la autonomía económica de mujeres que tienen hijos a cargo. Su directora, Mariela Pérez, explicó que el 87% de las participantes son mujeres con hijos y que el modelo busca adaptarse a sus tiempos y responsabilidades.
La propuesta permite que las mujeres trabajen en horarios compatibles con el cuidado de sus hijos y que otras emprendedoras cubran sus turnos cuando ellas no pueden estar. También se capacitan en las propias tiendas y pueden desarrollar sus actividades de manera simultánea con sus responsabilidades familiares.
Pérez contó que la iniciativa nació de una experiencia que comenzó en 1998, cuando recorría barrios llevando ollas populares. En aquel momento se encontró con madres que no tenían una alternativa para salir de la dependencia económica: si cuidaban a sus hijos no podían generar ingresos, y si salían a trabajar no tenían quién los cuidara. NIDO nació, en parte, de la búsqueda de una respuesta a ese dilema.
Foto: Montevideo Portal
“Que el niño pudiera ver a su madre trabajar y capacitarse”, explicó, se convirtió en una de las claves del proyecto. Su intervención despertó aplausos espontáneos entre los asistentes. “No son procesos fáciles, pero sí son posibles”, afirmó.
Una de las mujeres que llegó al proyecto, Giovana, compartió su propia historia. Había pasado por refugios del Mides, no tenía ingresos y dependía de la asistencia estatal. Con tres hijos pequeños, no podía trabajar porque debía cuidarlos. En NIDO encontró una forma de generar ingresos y conciliar con las tareas de cuidado.
La organización comercializa productos gastronómicos y también prepara viandas para empresas. Giovana contó que pudo comenzar a pagar su alquiler y que ahora busca independizarse para dejar su lugar disponible para otra mujer que necesite la oportunidad. Para continuar con el proyecto, desde NIDO buscan 25 “embajadores” que aporten 5.500 pesos por mes.
También desde el sector empresarial se presentaron experiencias de trabajo con impacto en la vida cotidiana de los trabajadores. María de la Paz Arocena, directora de Orofino, contó el proceso que comenzó con un proyecto junto a Deres, alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y que con los años incorporó distintas capacitaciones.
Este año sumaron educación financiera y ampliaron un programa de salud que había comenzado con chequeos y luego incorporó alimentación, fruta, deporte y alianzas con Teletón y Techo. La nueva propuesta, denominada Salud 360, incluye además talleres sobre salud mental.
Foto: Montevideo Portal
Arocena relató algunos resultados concretos de esas iniciativas. En seguridad de la información, por ejemplo, las capacitaciones ayudaron a que los trabajadores comenzaran a protegerse mejor frente a estafas y riesgos en redes. En bienestar y salud mencionó el caso de una persona con diabetes que logró revertir su situación. Y en trabajo digno recordó a un joven que llegó a la empresa con 19 años, hace 18, a través de un convenio con la Asociación Cristiana de Jóvenes. Hoy es jefe de cotización de Orofino, una posición fundamental para una empresa importadora.
Sobre la necesidad de multiplicar las experiencias Facio se refirió al Semáforo de Eliminación de la Pobreza, la metodología creada por el paraguayo Martín Burt, CEO y fundador de la Fundación Paraguaya, quien llegó al foro como invitado especial.
ACDE conoció la herramienta el año pasado, durante un congreso de la Unión de Asociaciones Empresariales Latinoamericanas realizado en Guadalajara. A Facio le llamó especialmente la atención que no se trata simplemente de medir la pobreza, sino de utilizar esa medición como punto de partida para generar un plan de mejora.
“Es una forma de medir, pero es una autoevaluación para tomar como base para armar un plan de mejora. No es solo una medición”, explicó.
Martín Burt. Foto: Montevideo Portal
Burt comenzó su exposición con una imagen de una olla popular y con una pregunta que lo acompaña desde hace años. Como integrante de la directiva de los bancos de alimentos, dijo que muchas veces se pregunta por qué hay personas que no tienen comida. Su planteo fue que el crecimiento económico ayuda a reducir la pobreza, pero existen sectores que no necesariamente se benefician de ese crecimiento.
A partir de su experiencia como alcalde de Asunción, donde impulsó unas 600 comisiones vecinales, contó que descubrió que había personas que conseguían aumentar sus ingresos y, sin embargo, continuaban siendo pobres. Allí identificó otro componente que consideró central: la motivación.
El Semáforo de Eliminación de la Pobreza desglosa la situación de una familia en 50 dimensiones. Algunas son indicadores objetivos y otras incorporan aspectos como la autoestima y la confianza en uno mismo. La familia responde una encuesta y, mediante tecnología, puede conocer su situación en unos 20 minutos dividida por colores: rojo, amarillo o verde.
Pero la propuesta no busca quedarse en una clasificación. “No armamos un índice, sino un semáforo para que vean sus fortalezas y lo que pueden alcanzar”, explicó Burt. A partir de los resultados, cada familia recibe una herramienta para identificar qué acciones puede llevar adelante y construir un plan de mejora. En cada comunidad, además, se genera un banco de soluciones.
Foto: Montevideo Portal
La metodología comenzó en Paraguay y, según explicó Burt, actualmente se aplica en más de 60 países. También se lleva a cabo a través de programas con empresas y ya hay más de 20 adheridas. En esos casos, las compañías trabajan con sus propios empleados para identificar obstáculos y avanzar en la mejora de sus condiciones de vida, con un impacto que, de acuerdo con su experiencia, también se refleja en la productividad.
La propuesta parte de una premisa que Burt repitió durante su exposición: no es posible sacar a un niño de la pobreza sin trabajar con su familia. Por eso planteó que el objetivo debe ser mucho más ambicioso que reducir la pobreza: “Aspirar a eliminar la pobreza”.
“El gobierno no va a poder, pero una familia sí”, sostuvo. Y afirmó que una familia uruguaya, si está motivada y capacitada, puede aprender herramientas para mejorar su situación, incluso generar ahorros familiares.
Burt también habló del papel que puede tener la tecnología. Actualmente están utilizando inteligencia artificial para acompañar los procesos de las familias y ayudarlas a identificar caminos de salida. “En cinco años una familia humilde puede ser verde en todo”, afirmó. Y cerró con una apuesta especialmente ambiciosa para Uruguay: “Creo que Uruguay puede ser el primer país del mundo en superar la pobreza”.
Foto: cedida a Montevideo Portal
La propuesta del Semáforo es, precisamente, uno de los proyectos que ACDE pretende que pueda encontrar nuevos actores en Uruguay. Facio explicó que la organización invitó al foro a representantes del Congreso de Intendentes, organismos vinculados a la cooperación multilateral y distintos actores que podrían tomar la metodología como insumo y adaptarla al país.
Más allá de cada experiencia, Facio rescató al finalizar la jornada algunas ideas que, a su entender, sintetizaron el espíritu del encuentro: el vínculo como sostén de las trayectorias y la necesidad de preguntarse qué se puede hacer juntos. También mencionó la importancia de fortalecer a la clase media, una preocupación que, dijo, aparece en otros países, como Estados Unidos.
Pero por encima de las herramientas, los programas y las cifras quedó una definición que ACDE considera fundacional. “Poner en el centro la dignidad de la persona”, señaló Facio. Hace 73 años, recordó, ocho amigos crearon ACDE justamente a partir de esa convicción: poner a la persona en el centro.
El cierre fue coherente con ese mensaje. Los niños del coro Giraluna de Nuevo París subieron al escenario e interpretaron El tiempo está después. Las voces de los niños, acompañadas por las palmas del público, pusieron un punto emotivo al foro y dejaron como última imagen una idea que había atravesado toda la mañana: detrás de cada indicador social hay una persona, una familia y una historia, y cualquier transformación requiere que los distintos actores encuentren la forma de trabajar juntos.
Por Valentina Rodríguez
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