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Contenido creado por Jimena Rodríguez
En primera línea
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Elisa Facio: “La inteligencia artificial pone de manifiesto la relevancia de lo humano”

06.10.2026 10:00

Lectura: 8'

2026-10-06T10:00:00-03:00
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Elisa Facio

Elisa Facio es ingeniera en Computación y especialista en Ingeniería de Software.

Fue presidenta de ANDA y ministra de Industria, Energía y Minería entre 2023 y 2025.

Con una extensa trayectoria en el ámbito empresarial y tecnológico, actualmente preside la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

La ingeniera reflexiona sobre liderazgo, innovación e inteligencia artificial y cómo adaptarse al cambio sin perder de vista a las personas.

¿Cómo recordás tus primeros pasos en el mundo de los negocios?

En el mundo de los negocios ingresé como consultora en informática junto a un par de socios. Fue una época de mucha efervescencia en el área de TI porque comenzaba el uso de las redes de PC. Todo era nuevo y lo encarábamos con mucho entusiasmo.

Tengo un recuerdo muy lindo de la primera vez que asistí al directorio de una empresa a justificar una inversión importante. Todos los directores eran varones y tenían el doble de mi edad. Fue una instancia de mucho estrés que pude sortear con éxito porque aprobaron el proyecto.
 
¿Qué actividades disfrutás hacer durante tu tiempo libre?

Disfruto mucho estar con mi familia, estoy casada con Fernando, con quien tenemos 5 hijos y 6 nietos. Además, compartimos actividades con nuestros hermanos y sobrinos, y con mi mamá, que tiene 91 años y vive en Maldonado. Somos una familia muy unida.

Por otro lado, siempre he participado de actividades de voluntariado en distintos ámbitos. Actualmente soy presidenta de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa.

Me encanta viajar, leer, ir a la playa y tomar sol. También me encanta cocinar, tejer y coser.

En un mercado chico como el uruguayo, ¿cuál dirías que es la clave para escalar un proyecto a nivel regional o global?

La clave para cualquier logro es tener claro el objetivo. Después, están la confianza en uno mismo, las redes de contactos y la capacidad de armar equipos potentes.

Es imprescindible ser perseverante, ya que las cosas no siempre salen bien en el primer intento. Lo importante es identificar los problemas, corregir el rumbo si es necesario y seguir adelante con esperanza.

La esperanza es una virtud muy importante en el mundo empresarial. No la esperanza pasiva, sino la esperanza que nace de la convicción, ayuda a sobreponerse y lleva a la acción.

¿Cuál es el mayor riesgo financiero o estratégico que tomaste y qué te dejó esa experiencia?

Identifico dos momentos de mi carrera que fueron muy arriesgados desde el punto de vista estratégico.

El primero fue cuando pasé del mundo de la tecnología, que es en el que me formé y tenía experiencia de 30 años, al área comercial y de marketing. Me cambió completamente el marco de referencia. Fue muy enriquecedor por cómo me amplió la visión de los negocios. Conté con la generosidad de los profesionales que me acompañaron en ese desafío.

El segundo fue cuando asumí como ministra de Industria, Energía y Minería. La responsabilidad y el nivel de exposición estaban más allá de lo que podía imaginar como profesional. Fue una experiencia que disfruté profundamente y me permitió poner mi vocación al servicio del país. Resulta muy motivador comprobar cuánto se puede aportar a la sociedad desde una responsabilidad de esa naturaleza.

Esa experiencia también me enseñó que las decisiones empresariales y las decisiones públicas tienen algo en común: siempre hay múltiples intereses legítimos que considerar, información incompleta y consecuencias que pueden ir mucho más allá del momento en que se toma una decisión. Agradezco al presidente Lacalle Pou y al ministro Paganini la confianza y el apoyo.

¿Qué rol juega la innovación en tu empresa y cómo fomentás la creatividad en tus equipos de trabajo?

La innovación es imprescindible en todos los aspectos de la vida, no solo en lo tecnológico. Y en los negocios es esencial. Se trata de tener espíritu crítico, cuestionar por qué las cosas se hacen de determinada manera y buscar alternativas.

Buscar soluciones a los problemas complejos para mejorar la calidad de vida de las personas es lo que me llevó a estudiar ingeniería.

Para fomentar la creatividad en los equipos de trabajo hay que dar libertad y aceptar que puede haber errores.  

¿Cuál es el mejor consejo de liderazgo o gestión que te dieron y que todavía aplicás hoy?

Los tiempos de los demás no son los mismos que los tuyos.

Suele ocurrir que uno le da muchas vueltas a un tema, investiga, reflexiona y, cuando está completamente convencido de que es una buena idea, la comparte con otros. Debemos tener en cuenta que los demás no pasaron por nuestro proceso y es posible que sea la primera aproximación que tienen al tema. 

Incorporar a todo el equipo desde el principio es una buena estrategia. Darle tiempo a las cosas, muchas veces es uno mismo quien tiene que darse tiempo, es muy necesario.

En un directorio, esto es particularmente importante: la calidad de una decisión no depende solamente de tener la respuesta correcta, sino de lograr que las personas que tienen que llevarla adelante comprendan el problema, aporten su perspectiva y se comprometan con la decisión.

¿Qué decisión estás tomando hoy debido al avance de la inteligencia artificial que hace tres años ni siquiera imaginabas que tendrías que tomar?

La inteligencia artificial pone de manifiesto la relevancia de lo humano. Los criterios, las valoraciones, la empatía y los sentimientos de las personas son lo que hace la diferencia.

Por eso, considero que en este momento es fundamental profundizar en las bases filosóficas y espirituales de la vida.

La encíclica Magnífica Humanitas, sobre la custodia de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial, ofrece una mirada profundamente iluminadora sobre los desafíos y oportunidades que plantea esta nueva etapa de la humanidad.

Y, obviamente, estar al día en la materia, tanto para lo personal como para lo corporativo. Es una oportunidad que tienen las personas y las organizaciones de ser más productivas, innovadoras y generar mejores resultados en todos los aspectos.

Estoy trabajando en la capacitación de dirigentes de empresa para que puedan adoptarla con esta visión estratégica.

La pregunta del directorio ya no es si vamos a usar inteligencia artificial, sino para qué, con qué riesgos, con qué gobernanza y qué decisiones queremos seguir reservando al juicio humano.

¿Cómo te imaginás el futuro de tu sector de actividad de acá a cinco años frente a los cambios globales?

Mi sector de actividad es muy diverso, pero mi experiencia me ha llevado especialmente al management, la estrategia y la conducción de organizaciones.

Creo que en los próximos años el rol de los directorios va a adquirir todavía mayor relevancia. En contextos de enorme velocidad e incertidumbre, el directorio debe ser capaz de hacer las preguntas correctas, anticipar escenarios, cuidar la gobernanza y ayudar a la organización a distinguir entre lo urgente y lo verdaderamente importante.

Los motores del mundo del trabajo van a ser la economía del conocimiento y la innovación. Las empresas necesitarán flexibilidad, apertura al aprendizaje y estructuras de gobernanza claras y robustas.

La inteligencia artificial va a aportar herramientas extraordinarias para analizar información, anticipar escenarios y ofrecer alternativas. Pero justamente por eso el desafío del directorio será mayor: habrá más información y más posibilidades, pero también será necesario contar con criterio, discernimiento, prudencia y fortaleza para decidir.

Me interesa especialmente acompañar a directorios en este proceso: ayudarlos a incorporar nuevas perspectivas, analizar los desafíos estratégicos y mantener siempre presente que una empresa es una comunidad de personas y que sus decisiones tienen impacto económico y social.

¿Qué pesa más cuando una empresa crece: ganar dinero, generar empleo, cuidar la reputación o dejar un legado?

La empresa tiene que ser rentable para existir, y para eso debe ofrecer productos o servicios por los que alguien esté dispuesto a pagar. También necesita una buena reputación, porque la confianza es un activo fundamental para cualquier organización.

Pero la empresa es mucho más que una unidad productiva que genera ganancias. Es una comunidad donde las personas trabajan, se desarrollan y generan valor para la sociedad. De esa forma, genera empleo de calidad, construye confianza y puede dejar un legado.

Esto también plantea una responsabilidad particular para los directorios. Las decisiones estratégicas tienen consecuencias sobre accionistas, colaboradores, clientes, proveedores y sobre la sociedad en la que la empresa está inserta. Por eso, además de preguntarnos si una decisión es rentable, tenemos que preguntarnos si es sostenible, si es coherente con los valores de la organización y qué impacto tendrá sobre las personas.

Para quienes vivimos la actividad empresarial como una noble vocación, estas dimensiones forman parte de una misma realidad con centro en la persona y el bien común.



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