En bulevar Artigas 1146, el restaurante Don Lemon llegó a los 22 años con el sello de la comida casera como tesoro y una historia de esas que se cuentan con emoción.

Beatriz habla con Montevideo Portal y se le quiebra la voz cuando repasa el camino. A su lado está Víctor, su compañero de vida desde hace 48 años, y cerca sus hijos, Ángel y Daiana. El negocio es, en esencia, eso: una familia que decidió apostar junta cuando el panorama era incierto.

Todo empezó en un momento de cambio. Víctor venía de trabajar más de tres décadas en el rubro gráfico hasta que la crisis lo obligó a reinventarse. Buscaron un local y encontraron uno armado, que nunca había llegado a abrir. Era una oportunidad y también un riesgo.

Al principio, fue duro. “No entraba nadie”, recuerda Beatriz. Ángel y Víctor sostenían jornadas larguísimas, desde la mañana hasta la madrugada, con pizzas y otras propuestas. Beatriz, mientras tanto, tenía su propia rotisería en Punta Gorda.

Hasta que un día decidió sumarse, pero con una condición: apostar fuerte. “Vitrina llena”, repite como mantra. Que quien entrara encontrara opciones, variedad, abundancia. Que valiera la pena.

Foto: Montevideo Portal

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Eran tiempos de sacrificio: mochilita, ómnibus de vuelta a casa, jornadas interminables. Pero algo empezó a cambiar. Llegaron grupos de productoras, estudiantes de la Facultad de Arquitectura, clientes que corrían la voz. Y un día consiguieron lo que tanto soñaron y lo cambió todo: cola en la puerta, mesas llenas, el trabajo desbordando. Ahí entendieron que el camino era el correcto.

El nombre también tiene su historia. “Don Lemon” nace de un guiño familiar: el humor ácido de Ángel, a quien sus amigos apodan Lemon. La mezcla terminó de darle identidad a un lugar que ya empezaba a construirla en la práctica.

Hoy, más de dos décadas después, el espíritu sigue siendo el mismo. Cocina casera, todo hecho en el local, con una apuesta clara por lo fresco y lo accesible. Aunque aclaran algo: no es solo “comida sana” en el sentido estricto. En Don Lemon conviven ensaladas y tartas con milanesas, papas fritas o churrascos, así como especialidades de la casa, de esas recetas que se fueron transmitiendo por generaciones. La clave está en la variedad y en acompañar el ritmo de quienes trabajan y viven en la zona.

El local, además del take away y el delivery a través de PedidosYa, tiene mesas tanto en el interior como al aire libre, lo que permite quedarse a comer y hacer una pausa en medio de la jornada. Mantienen el teléfono de línea pensando principalmente en sus clientes mayores, “los apapachados”, que siguen llamando para hacer pedidos. Pero también se adaptan a los tiempos y hace poco dieron el salto a redes sociales: hoy están en Instagram como @donlemon_uy y en Facebook como Don Lemon Restaurante, ampliando así el vínculo con sus clientes más allá del mostrador.

Foto: Montevideo Portal

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El restaurante tiene una de las valoraciones más altas entre sus clientes, algo que se percibe en lo cotidiano. Durante la visita para esta nota, un cliente se acercó con una sugerencia concreta: sumar viandas. Él y su equipo compran ahí seguido y ven potencial en esa línea. La idea no está descartada. Al contrario, forma parte de ese ADN de estar abiertos a lo que venga. Porque si algo define a esta familia es la capacidad de adaptarse.

También hay lugar para los gestos que no se ven en la vidriera. Cada viernes, desde hace años, Beatriz lleva lo que sobra a un grupo de personas en Solymar. Lo cuenta con orgullo y sensibilidad. “Me siento la mujer más feliz del mundo”, dice, y describe cómo, con ingredientes simples de una ensalada, quienes los reciben reinventan nuevas comidas.

El equilibrio entre familia y trabajo no siempre fue fácil, explican. Pero lo lograron. “Somos muy unidos”, dice Beatriz, y ahí vuelve la emoción inevitable. Hoy, Don Lemon abre de lunes a viernes a partir de las 11:00 horas, cierra al público a media tarde y sigue trabajando puertas adentro hasta entrada la noche. Al otro día, temprano, todo vuelve a empezar. Así, entre rutinas exigentes y momentos de disfrute, sostienen un proyecto que ya es parte del barrio.

“Vamos a seguir apostando hasta que la vida diga”, resume Beatriz. En esa frase, simple y contundente, está toda la historia.