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Herramientas para el futuro

Educación financiera desde la infancia para aprender a decidir

Comprender el valor de los recursos, diferenciar necesidades de deseos y evaluar alternativas son aprendizajes que pueden comenzar mucho antes de recibir el primer sueldo.

16.09.2026 09:30

Lectura: 3'

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¿Cuándo debería empezar la educación financiera? La respuesta habitual suele situarla cerca de la vida adulta, cuando aparecen el primer ingreso, una cuenta bancaria o un crédito. Sin embargo, muchas de las capacidades que permiten administrar el dinero se construyen desde la infancia: elegir, esperar, priorizar, cuidar los recursos y comprender que toda decisión tiene consecuencias.

Con esta mirada, el Colegio La Mennais comenzó en 2025 a incorporar la educación financiera de manera progresiva en su propuesta educativa. En Inicial y Primaria, el trabajo se inició a partir de Mi Dinero, Mi Futuro Uy, proyecto creado por Luciana Castro, madre de la comunidad educativa, con talleres adaptados a cada edad que promueven conocimientos, hábitos financieros saludables y decisiones responsables.

El objetivo no es formar pequeños expertos en finanzas. Educar financieramente supone brindar herramientas para tomar decisiones informadas y responsables: reconocer que los recursos son limitados, distinguir necesidades de deseos, planificar, evaluar alternativas y asumir las consecuencias. Por eso, el tema se vincula con la autonomía, el pensamiento crítico, la responsabilidad y el consumo consciente.

Foto: cedida a Montevideo Portal

Foto: cedida a Montevideo Portal

En los primeros años, estos conceptos se presentan mediante cuentos, juegos y situaciones cercanas. Una actividad propone una historia cuyo desarrollo cambia según las decisiones de los niños. Así descubren que existen distintas opciones y que cada una conduce a resultados diferentes. Con los alumnos mayores, el trabajo incorpora presupuestos y situaciones de consumo en las que deben administrar recursos limitados y establecer prioridades.

En Bachillerato, los talleres desarrollados junto con Desem aplican la metodología de aprender haciendo: los estudiantes elaboran presupuestos y trabajan con consumo consciente, ahorro, crédito, medios de pago, inversiones y prevención de estafas a partir de situaciones reales. La intención institucional es articular progresivamente estas experiencias para dar continuidad al aprendizaje a lo largo de la trayectoria educativa.

El desafío resulta especialmente relevante en un entorno donde los jóvenes reciben consejos financieros en redes sociales, muchas veces sin contexto ni respaldo. Frente a esa sobreabundancia de información, el colegio puede ayudarlos a distinguir datos de opiniones y a formular preguntas antes de actuar: ¿lo necesito?, ¿puedo pagarlo?, ¿qué alternativas existen?, ¿qué riesgos implica?

Entendida de este modo, la educación financiera excede el manejo del dinero. Es una preparación para la vida: ofrece criterios para elegir con libertad, responsabilidad y conciencia. Sus resultados quizá no sean inmediatos, pero deja herramientas para cuando los alumnos deban tomar sus propias decisiones económicas.

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