Educación financiera desde la infancia para aprender a decidir
Comprender el valor de los recursos, diferenciar necesidades de deseos y evaluar alternativas son aprendizajes que pueden comenzar mucho antes de recibir el primer sueldo.
¿Cuándo debería empezar la educación financiera? La respuesta habitual suele situarla cerca de la vida adulta, cuando aparecen el primer ingreso, una cuenta bancaria o un crédito. Sin embargo, muchas de las capacidades que permiten administrar el dinero se construyen desde la infancia: elegir, esperar, priorizar, cuidar los recursos y comprender que toda decisión tiene consecuencias.
Con esta mirada, el Colegio La Mennais comenzó en 2025 a incorporar la educación financiera de manera progresiva en su propuesta educativa. En Inicial y Primaria, el trabajo se inició a partir de Mi Dinero, Mi Futuro Uy, proyecto creado por Luciana Castro, madre de la comunidad educativa, con talleres adaptados a cada edad que promueven conocimientos, hábitos financieros saludables y decisiones responsables.
El objetivo no es formar pequeños expertos en finanzas. Educar financieramente supone brindar herramientas para tomar decisiones informadas y responsables: reconocer que los recursos son limitados, distinguir necesidades de deseos, planificar, evaluar alternativas y asumir las consecuencias. Por eso, el tema se vincula con la autonomía, el pensamiento crítico, la responsabilidad y el consumo consciente.
Foto: cedida a Montevideo Portal
En los primeros años, estos conceptos se presentan mediante cuentos, juegos y situaciones cercanas. Una actividad propone una historia cuyo desarrollo cambia según las decisiones de los niños. Así descubren que existen distintas opciones y que cada una conduce a resultados diferentes. Con los alumnos mayores, el trabajo incorpora presupuestos y situaciones de consumo en las que deben administrar recursos limitados y establecer prioridades.
En Bachillerato, los talleres desarrollados junto con Desem aplican la metodología de aprender haciendo: los estudiantes elaboran presupuestos y trabajan con consumo consciente, ahorro, crédito, medios de pago, inversiones y prevención de estafas a partir de situaciones reales. La intención institucional es articular progresivamente estas experiencias para dar continuidad al aprendizaje a lo largo de la trayectoria educativa.
El desafío resulta especialmente relevante en un entorno donde los jóvenes reciben consejos financieros en redes sociales, muchas veces sin contexto ni respaldo. Frente a esa sobreabundancia de información, el colegio puede ayudarlos a distinguir datos de opiniones y a formular preguntas antes de actuar: ¿lo necesito?, ¿puedo pagarlo?, ¿qué alternativas existen?, ¿qué riesgos implica?
Entendida de este modo, la educación financiera excede el manejo del dinero. Es una preparación para la vida: ofrece criterios para elegir con libertad, responsabilidad y conciencia. Sus resultados quizá no sean inmediatos, pero deja herramientas para cuando los alumnos deban tomar sus propias decisiones económicas.
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