Delta Air Lines entra por primera vez en la era Dreamliner con una orden de hasta 60 Boeing 787-10, marcando un cambio estratégico clave en su flota y un movimiento para reforzar su presencia en vuelos premium de larga distancia.
El anuncio representa una apuesta firme por el segmento de viajeros internacionales de alto valor, especialmente en el mercado transatlántico, donde cabinas como business y premium economy generan los márgenes más altos.
Hasta ahora, Delta había operado sus vuelos de largo alcance con modelos Airbus A350 y Boeing 767. La incorporación del 787-10 —la variante más grande de la familia Dreamliner— le permitirá ampliar capacidad, eficiencia y confort en rutas clave, reforzando su posición frente a rivales como American Airlines y United Airlines, que ya han apostado fuertemente por este modelo.
La decisión también tiene un fuerte componente comercial y simbólico, ya que marca el regreso de Delta a los pedidos directos con Boeing para aviones de fuselaje ancho, tras años de preferencia por Airbus.
Mientras United lidera en cantidad de Dreamliners en operación y American ya ha invertido en la renovación de sus cabinas premium, Delta quiere una porción más grande del pastel, y este movimiento es una señal clara de sus intenciones: ser líder en calidad, experiencia y rentabilidad en los vuelos de largo alcance.
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