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Educación con innovación

Colegio Santo Domingo cumple 150 años y redefine su modelo educativo en Uruguay

Con metodologías activas y espacio flexible, impulsa un modelo centrado en el alumno, su desarrollo integral y el vínculo con la comunidad.

04.05.2026 09:00

Lectura: 10'

2026-05-04T09:00:00-03:00
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El Colegio Santo Domingo celebra sus 150 años de historia con una apuesta a la innovación, la flexibilidad pedagógica y una propuesta que pone en el centro a cada estudiante, reconociendo sus procesos, sus intereses y su vínculo con la comunidad. Bajo el lema “150 años educando para un mundo en movimiento”, la institución atraviesa una transformación que combina nuevas metodologías, trabajo docente colaborativo, rediseño de espacios y una mirada integral sobre el aprendizaje.

La celebración del aniversario encuentra al colegio en una etapa de cambio profundo. Lejos de mirar su historia desde un lugar estático, Santo Domingo eligió poner el foco en el presente y en la proyección de su propuesta educativa. Esa idea de movimiento, explican sus autoridades, no es una consigna de ocasión, sino una forma de entender la enseñanza, el rol de la escuela y el lugar que ocupan los niños, adolescentes, docentes y familias dentro de la vida institucional.

“Cumplir 150 años en movimiento significa celebrar que seguimos siendo un proyecto vivo, capaz de responder a las realidades de cada tiempo”, señaló la directora general del colegio, Claudia Pérez Troncoso, en diálogo con Montevideo Portal. “Para nosotros, moverse es separarse de viejos paradigmas, salir de las comodidades y poner en el centro al estudiante, sus intereses, sus motivaciones y sus necesidades. También es salir de los muros de la escuela para encontrarse con otras realidades, para poner los dones de cada uno al servicio de la sociedad”, agregó.

Foto: cedida a Montevideo Portal

Foto: cedida a Montevideo Portal

Esa mirada se expresa hoy en un proceso de innovación pedagógica que el colegio comenzó a trabajar hace varios años y que se inscribe dentro de lo que denomina Itinerancia 2030. La iniciativa empezó a tomar forma en 2019, luego de un período previo de observación, estudio y formación docente. El objetivo no fue innovar por innovar, sino revisar en profundidad cómo aprenden los estudiantes y qué tipo de respuestas educativas demandan los tiempos actuales.

La directora de Primaria y dinamizadora de la innovación, Laura López Gómez, explicó que el cambio partió de una pregunta concreta sobre la experiencia escolar cotidiana. “Nos preguntamos cómo aprendían los niños que pasan muchas horas en el colegio y vimos que había otras maneras de vincularse con el conocimiento. A partir de eso, armamos un equipo impulsor de cambio, estudiamos, investigamos, nos formamos y empezamos a construir una propuesta con distintos ejes”, sostuvo.

Uno de los rasgos más visibles de esa transformación aparece en Primaria, sobre todo en primero y segundo año, en la cual el colegio implementó un formato de trabajo basado en hiperaulas, escenarios de aprendizaje y agrupamientos flexibles. En lugar de una lógica tradicional de clase única con un solo docente al frente, los niños transitan por distintos espacios y momentos pensados para estimular habilidades diversas, con propuestas en español, inglés y francés, instancias de arte, deporte, proyectos y espacios de revisión del propio proceso pedagógico pastoral.

Foto: cedida a Montevideo Portal

Foto: cedida a Montevideo Portal

Según López Gómez, el diseño apunta a que cada estudiante pueda recorrer el día desde una participación activa. “Hay un escenario de encuentro, otro destinado a para potenciar aprendizajes fundamentales, uno centrado en el aprendizaje en proyectos, otro vinculado al arte, otro al juego y al movimiento y otro de retroalimentación. Todo está muy planificado, pero dentro de esa estructura hay diversidad de experiencias, posibilidad de elegir, opciones, trabajo colaborativo y una búsqueda constante de autorregulación y pensamiento crítico”, explicó. 

A esa reorganización se suma la codocencia, otra de las claves del modelo. En varios momentos del día, más de un docente trabaja con el mismo grupo, lo que permite abrir la enseñanza, compartir miradas y acompañar adecuadamente las distintas trayectorias existentes dentro de un mismo nivel. Esa lógica se apoya también en equipos multidisciplinarios, integrados por especialistas que colaboran en la planificación, en el seguimiento de cada estudiante y en la construcción de estrategias personalizadas.

“La personalización no significa darles a todos lo mismo, sino ofrecer a cada uno lo que necesita para aprender mejor”, afirmó López Gómez. “Durante mucho tiempo la escuela atendía sobre todo a la media del grupo, pero quedaban menos contemplados otros perfiles. Nosotros queríamos responderles a todos, también a quienes tienen altas capacidades o formas distintas de acercarse al saber. Por eso diversificamos propuestas, armamos grupos flexibles y pensamos el aprendizaje como algo dinámico”, agregó.

Foto: cedida a Montevideo Portal

Foto: cedida a Montevideo Portal

En esa línea, las autoridades remarcan que una de las mayores diferencias del modelo está en la posibilidad de reconocer la singularidad de cada niño sin resignar exigencia académica. La apuesta no pasa por bajar contenidos, sino por reorganizarlos, volverlos significativos y trabajarlos desde metodologías activas que promuevan la exploración, la reflexión, la creatividad y la autonomía. Para el colegio, esa combinación es parte de una formación integral que incluye lo cognitivo, lo emocional, lo espiritual y lo comunitario.

Pérez Troncoso sostuvo que los cambios ya muestran resultados concretos en la vida escolar. “Vemos niños con más pensamiento crítico, con más capacidad de poner en palabras lo que sienten, lo que hacen, lo que les cuesta, lo que logran. Hay mucha más metacognición, mucha más argumentación, más herramientas para enfrentar desafíos. Aprenden desde la alegría y con una mayor disposición a asumir retos nuevos”, dijo. El proceso, de todos modos, no se limita a Primaria.

En primera infancia el colegio también incorporó propuestas renovadas, con escenarios adaptados a las edades más tempranas, espacios para la exploración, la indagación, el movimiento y el juego, además de un edificio remodelado que acompaña esas metodologías. En Secundaria, en tanto, la implementación avanza de forma gradual, con proyectos interdisciplinarios, con alternativas pedagógicas como espacios de encuentro multigrado y una apertura creciente hacia el trabajo por proyectos y otros formatos menos rígidos. 

Foto: cedida a Montevideo Portal

Foto: cedida a Montevideo Portal

Otro pilar central de la propuesta está en el vínculo con las familias, que el colegio define como una misión compartida. La innovación, entienden sus directoras, no puede sostenerse sin diálogo, participación y escucha activa. Por eso, desde el inicio del proceso se buscó involucrar a madres, padres y referentes, no solo para informarles los cambios, sino también para integrar sus miradas en la evolución del proyecto. “La familia es una pata fundamental de esta mesa, expresó Pérez Troncoso. “Nos interesa construir una relación cercana, de diálogo permanente, con participación real. Escuchamos lo que las familias observan en sus hijos, lo que viven en sus casas, lo que valoran, lo que cuestionan. Todo eso retroalimenta la propuesta, porque hay situaciones que a veces no se ven dentro de la escuela y sí aparecen afuera”, afirmó.

Ese mismo criterio de participación también se trasladó al rediseño de los espacios. Para Santo Domingo, la arquitectura no cumple una función decorativa ni estética, sino que forma parte de la pedagogía. La transformación del colegio incluyó obras ya concretadas, otras en marcha y nuevas etapas previstas, siempre con la idea de que el entorno acompañe la forma en que se enseña, se aprende, se convive y se descansa.

Durante 2025, la institución inauguró el nuevo sector de primera infancia y avanzó en la remodelación de espacios abiertos. Este año, además, prevé inaugurar una nueva ala en planta baja con un comedor unificado, una biblioteca polivalente y una zona blanda pensada para ofrecer momentos de calma, lectura, recogimiento o descanso. Se trata de ambientes flexibles, con mobiliario móvil, sectores accesibles para distintas edades y posibilidades de uso variadas según las necesidades pedagógicas de cada jornada.

Foto: cedida a Montevideo Portal

Foto: cedida a Montevideo Portal

Queremos que los espacios dialoguen con la forma en que los estudiantes aprenden”, indicó Pérez Troncoso. “Habrá zonas para estudiar, para presentar proyectos, para leer, para encontrarse, para estar solo un rato si alguien necesita más tranquilidad. También pensamos lugares que se puedan transformar según el momento del día. La arquitectura tiene que ser una aliada del aprendizaje, no un límite”, sostuvo.

López Gómez agregó que esa lógica ya se ve en distintos rincones del colegio, con propuestas que buscan responder a intereses diversos. “Hay chicos que necesitan movimiento, otros que prefieren un momento de lectura, otros que encuentran en el ajedrez, en el pingpong, en la música o en el arte una manera de habitar la escuela. La idea es que puedan encontrar ámbitos que los reciban, que los inviten a aprender de distintas formas y que les permitan sentirse parte”, señaló.

A la hora de pensar qué distingue a un alumno del Santo Domingo, las autoridades no hablan de un perfil cerrado ni de una identidad fija, sino de una búsqueda. Aspiran a formar estudiantes capaces de conocerse, de autorregularse, de argumentar, de trabajar con otros, de comprometerse con la realidad que los rodea y de poner lo aprendido al servicio de la comunidad. Esa construcción empieza desde edades tempranas y se profundiza con experiencias de servicio, voluntariado, deporte, convivencia y contacto con otros contextos sociales.

Foto: cedida a Montevideo Portal

Foto: cedida a Montevideo Portal

En ese marco, la dimensión espiritual sigue atravesando toda la propuesta educativa desde una lógica abierta. Las directoras remarcan que el colegio se inspira en valores cristianos. Se concibe como una institución de puertas abiertas, orientada a la fraternidad universal y al compromiso con la sociedad. La intención, dicen, no es dogmatizar, sino formar personas más humanas, que desde el encuentro personal y comunitario con Jesús sean más conscientes y disponibles para transformar su entorno. 

En la evaluación interna del proceso, ambas coinciden en que el mayor aprendizaje institucional fue animarse a cambiar. El camino, reconocen, implicó dudas, temores, revisión crítica de prácticas y mucha preparación previa. Sin embargo, entienden que esa decisión permitió volver a mirar la escuela con otros ojos, fortalecer el trabajo colectivo y renovar el vínculo con la vocación de educar.

Aprendimos a no tenerle miedo al cambio”, resumió Pérez Troncoso. “Sabíamos que había algo que teníamos que hacer, aunque no tuviéramos todas las certezas. Por eso nos formamos, hicimos microexperiencias, observamos mucho, ajustamos, escuchamos. No fue una moda ni una improvisación. Fue una decisión pensada, responsable, profundamente profesional”.

Para López Gómez, el proceso también transformó la mirada sobre la propia escuela. “Volvimos a enamorarnos de la vocación docente al descubrir que la escuela puede ser de otra manera. Hoy aprendemos mucho de los niños, de los adolescentes, de los docentes, de las familias. Hay más horizontalidad, más intercambio entre sectores, más visión compartida. Siempre decimos que no es una escuela ideal; es una escuela posible, construida entre todos”, concluyó.

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