Desde la Cámara vienen
desarrollando una iniciativa inédita en el mundo que es el etiquetado de los
fuegos artificiales de acuerdo a su impacto sonoro. De esta forma cuentan con
etiquetado verde para los que hacen menos de 80 decibeles, amarillo, que
significa ruido intermedio y hacen hasta 110 decibeles y rojo para los que
hacen entre 110 y 120. Desde hace un tiempo dejaron de importar los mayores a
120 para contribuir con ese sector de la sociedad que busca que se genere el
menor ruido posible.
La Cámara Uruguaya de Fuegos Artificiales (CUFA) se transformó en un
pionero en el mundo al generar un etiquetado para los fuegos artificiales según
el impacto sonoro, lo que no se ha desarrollado aún en otros países. Desde la
Cámara, aseguran que no son ajenos a la nueva realidad y que, si bien el sector
que contempla el tema del ruido “no es mucho, pero sí muy activo”, buscan también
desarrollar medidas para considerar esa demanda por parte de ese sector de la
sociedad.
También iniciarán a mediados de este mes una intensa campaña de uso responsable
de los fuegos artificiales e incorporan material biodegradable y responsable
con el medio ambiente.
En ese sentido, Gustavo Prato, presidente de CUFA, aclaró que, contrariamente a
lo que piensan muchas personas, no existen los fuegos artificiales que no
generan un impacto sonoro. Sin embargo, la idea es contar con opciones de
productos que tengan poco ruido “para que, en un país libre, con democracia
plena, sea el consumidor quien elija qué productos usar y sean ellos quienes
segmenten el mercado”, expresó Prato.
El presidente de la Cámara criticó algunas legislaciones departamentales que
hablan de pirotecnia sonora y no sonora, sin contemplar los decibeles. Eso,
para Prato, es como legislar límites de velocidad sin usar la variable de
kilómetros por hora. El etiquetado con el que cuentan, y que pocos países lo
tienen, consiste en tres colores: el verde que sería de bajo impacto sonoro y
que va hasta 80 decibeles, el amarillo de ruido intermedio que es hasta 110
decibeles, y el rojo que va de 110 a 120 decibeles. En cuanto a los de 125 y
130 decibeles, Prato explicó que se dejaron de importar con el objetivo de
acompañar y contemplar a una parte de la sociedad.
“Por más que sea una minoría, nosotros no estamos en desacuerdo en tratar de
acompañar y de poner nuestra empatía. Creemos que de la otra parte debería
haber tolerancia, estaría bueno que se valorase lo que estamos haciendo, y que
haya empatía hacia todos los que quieren festejar y mantener las tradiciones”,
indicó el presidente de la Cámara.
En cuanto a la línea de fuegos artificiales de bajo impacto sonoro, Prato
explica que a pesar de lo que se puede creer, es muy difícil conseguirla en
China, el país desde donde la importan.
“Eso ocurre porque los principales mercados del planeta como EE.UU., —que
consume el 70% de los fuegos artificiales que se producen en el mundo— y
Europa, no la solicitan, por lo que producir para un pequeño mercado como
Uruguay es muy difícil, y eso hace que se haga cuesta arriba comprar en China y
lograr que nos produzcan solo para nosotros y otros pocos países más”, contó
Prato.
Prato cree que el tema del etiquetado que han implementado va a ser tomado como
ejemplo en otros países y están tratando de que esos productos se vendan más.
“Estamos luchando para conseguir pirotecnia con el menor impacto sonoro posible
—porque no se producen sin sonido— pero no es un producto fácil de conseguir.
Esos productos, además, lo que tienen, es que sus efectos no son tan
sensacionales como serían los otros porque es más difícil generar una palmera
de colores con menos potencia de ruido”, explicó.
Actualmente en Uruguay son unas 5 mil familias en todo el país que se dedican a
vender fuegos artificiales en las clásicas “mesas” en las calles. Sobre ese
tema, Prato aseguró que en el país no solo hay una tradición de tirar fuegos
artificiales sino también de venderlos. “Hay mucha gente que ya lo tiene como
una profesión, que se ha pagado sus estudios, que lo usa para pagar las
cuentas, la comida de navidad o para sobrevivir. Si hay tantos vendedores es
porque hay consumidores, por lo que mucha gente sigue manteniendo la tradición
de tirar fuegos artificiales. De los diputados actuales, 4 alguna vez vendieron
en su vida fuegos artificiales. Todas las clases sociales han usado la venta de
fuegos artificiales como fuente de trabajo y todo el mundo conoce a alguien que
vende o vendió alguna vez”, sostuvo el presidente de la Cámara.
En cuanto a los controles a los que son sometidos los productos, otro de los
temas cuestionados, el presidente de la Cámara dijo que todos los productos que
traen pasan por un riguroso control por parte del Ministerio de Defensa y que
Uruguay “es un ejemplo de control”.
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