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Cortá con tanta dulzura

Tomar refrescos y jugos en la infancia eleva el riesgo de hipertensión en la adultez

Un estudio siguió a más de 25.000 personas durante 25 años: el hábito desde la niñez elevó el riesgo de presión alta en la vida adulta.

05.08.2026 07:30

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Un juguito en caja, una lata de refresco o una bebida deportiva después de un partido son parte del paisaje de casi cualquier infancia. Se los suele ver como algo inofensivo o incluso saludable —sobre todo en el caso del jugo—, pero un nuevo estudio sugiere que ese hábito, sostenido desde la niñez, puede pasar factura décadas más tarde, al generar un riesgo más elevado de tener presión alta en la vida adulta.

La investigación, publicada por la Asociación Americana del Corazón (AHA), siguió hasta 25 años a más de 25.000 personas que al inicio tenían entre 9 y 16 años. Según cita el sitio Science Daily, su autora principal, Vasanti Malik, profesora de la Universidad de Toronto y de Harvard, advirtió que los hábitos alimentarios de las primeras etapas de la vida pueden dejar consecuencias duraderas, y señaló que la presión alta aparece cada vez antes.

Además, indicó que es algo creciente entre adultos jóvenes, adolescentes y niños, lo que vuelve clave la prevención temprana. Si bien la profesional no se refería a Uruguay cuando hablaba, claramente sus dichos deben llamar a la reflexión por estos lares.

Cuánto suben el riesgo los refrescos

Quienes tomaban dos o más porciones diarias de bebidas azucaradas (refrescos, jugos artificiales, limonadas, tés dulces o bebidas deportivas) tenían un 52% más de riesgo de desarrollar hipertensión que quienes bebían menos de tres porciones por semana. Una porción se definió como una lata o vaso de unos 355 mililitros.

El riesgo variaba según el tipo de bebida. Cada porción diaria de refresco se asoció a un 23% más de riesgo, mientras que cada porción diaria de bebida deportiva (de las que suelen promocionarse como saludables) llegó a un 36%.

Freepik

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El jugo no es automáticamente sano

El jugo de fruta natural también apareció vinculado al problema cuando se consumía en cantidad. Quienes tomaban 1,5 porciones diarias o más (una porción equivale a un vaso de unos 240 mililitros) tenían un 35% más de riesgo que quienes bebían menos de una porción por semana, informa Science Daily.

Entre los tipos de jugo, cada porción diaria de jugo de naranja se asoció a un 20% más de riesgo, mientras que el de manzana y otros no mostraron ese aumento. Si bien aclararon que en algunos casos se puede haber contabilizado por error algún jugo artificial como si fuera de fruta natural, ahí hay un dato clave.

Según Amit Khera, cardiólogo y vicepresidente del comité de guías dietéticas de la AHA, existen dos ideas equivocadas: que la fructosa es dañina sin importar de dónde venga y que los jugos son beneficiosos por defecto. Pero el estudio muestra que ninguna de las dos cosas es cierta: lo que importa no es tanto la cantidad total de fructosa como el alimento que la contiene. Por eso las bebidas azucaradas y el jugo elevan el riesgo, mientras que la fruta entera no.

Cambiar una bebida por día

El estudio también modeló qué pasaría al sustituir esas bebidas. Reemplazar una porción diaria de bebida azucarada por fruta entera se asoció a un 22% menos de riesgo de hipertensión y cambiar una porción de jugo por fruta entera, a un 19% menos.

Sustituir las bebidas azucaradas por agua o leche se vinculó a hasta un 13% menos de riesgo, aunque hacer lo mismo con el jugo no arrojó un cambio significativo. La relación se mantuvo incluso después de considerar la calidad general de la dieta, la actividad física y otros factores.

A partir de eso, Malik recomendó limitar las bebidas azucaradas y aclaró que el jugo puede ser inofensivo en cantidades bajas pero perjudicial en las altas: debería ser siempre 100% fruta y consumirse con moderación. La fruta entera, sostuvo, tendría que priorizarse por encima de cualquier bebida azucarada.