Tener un hijo puede hacer que ames menos a tu pareja en el primer año
Un estudio siguió a parejas antes y después del bebé y halló un descenso en el amor durante el primer año tras el parto.
25.06.2026 07:00
Montevideo Portal
El bebé por fin se durmió y, en lugar de aprovechar para mirarse, para charlar o compartir un momento más íntimo, la pareja termina absolutamente fundida, dormida y sin contacto alguno, en extremos opuestos del sillón del living. La escena se repite en miles de casas durante el primer año de vida de un hijo: poco sueño, poco tiempo y la sensación de que el romance quedó en pausa.
Esa intuición ahora tiene respaldo. Un estudio que siguió a parejas antes y después de tener su primer hijo encontró que, durante los 12 meses posteriores al parto, las personas dicen amar menos a su pareja y sentirse menos comprometidas con sostener la relación.
La investigación estuvo a cargo de Agnieszka Sorokowska, de la Universidad de Breslavia (Polonia), y se presentó el mes pasado en el encuentro científico Love, Actually and in Theory, en Edimburgo, Reino Unido. Los resultados los difundió la revista New Scientist.
Un bebé y la caída del amor
El equipo reclutó a casi 300 parejas heterosexuales sin hijos que llevaban al menos dos años juntas. Cada seis meses, durante un mínimo de dos años, cada integrante respondió por separado una encuesta donde puntuaba, en una escala del 0 al 6, cuánto amaba a su pareja y cuán comprometido estaba con la relación.
Hasta ahora, buena parte de la evidencia mostraba que la satisfacción en la pareja suele bajar en los dos años que siguen al nacimiento, pero rara vez se comparaba ese momento con la etapa previa al embarazo. La novedad de este trabajo fue justamente empezar a registrar a las parejas desde antes de que el bebé llegara, para tener un punto de partida real con el cual comparar.
De ese grupo, 71 parejas tuvieron un hijo durante el seguimiento. Fueron esos casos los que mostraron el cambio: una caída en el amor declarado y en el compromiso durante el primer año tras el nacimiento. Entre las parejas que no tuvieron hijos no se registró esa variación en el mismo período.
La idea, además, nació de una experiencia personal. “Me quedé embarazada y entonces escribí la solicitud de subvención para investigar este tema”, contó Sorokowska, según recoge New Scientist.
El embarazo no fue el punto de quiebre
Un detalle llamó la atención del equipo: el embarazo en sí no tuvo ningún impacto sobre el amor ni el compromiso. El descenso apareció recién después del nacimiento. Como resume New Scientist, “el agotamiento que supone cuidar de un recién nacido deja poco espacio para el romance”.
Entre los factores que podrían explicar el enfriamiento del vínculo, los especialistas señalan la revolución física y hormonal que sigue al parto y la sensación de quedar sobrepasados por la crianza. Valentina Rauch-Anderegg, psicóloga independiente de Zúrich (Suiza), lo grafica con un ejemplo: “Simplemente sentarse en el sofá a ver Netflix con la pareja o salir a caminar se vuelve imposible”.
La lectura, entonces, no es necesariamente que el amor se apague, sino que las rutinas que lo alimentaban quedan en suspenso. Por eso la propia especialista evita el alarmismo. “No podemos afirmar que todas estas parejas tengan problemas que requieran terapia, pero sin duda pueden notar algún cambio en su relación”, aclaró.
Un cambio que no sería para siempre
La gran pregunta es si el efecto dura. Sorokowska planea seguir encuestando a estas parejas hasta que sus hijos lleguen a la adultez. Por ahora, trabajos anteriores apuntan a que la situación mejora de a poco.
Tras la fuerte baja inicial, dice Rauch-Anderegg, “se observa un ligero descenso entre el primer y el segundo año, y luego parece recuperarse lentamente”. Dicho de otro modo: el primer año concentra el golpe más fuerte, pero no define el destino de la pareja.
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Qué puede ayudar a sostener el vínculo
Las sugerencias de la psicóloga van menos por la épica y más por lo concreto: pedir ayuda a los seres queridos y poner en palabras lo que a cada uno le preocupa. La clave, desde su punto de vista, es acordar de antemano qué se quiere preservar de la relación aun con un hijo en el medio, y entender que esos espacios compartidos pueden achicarse, pero no desaparecer del todo.
“Es importante que se comuniquen con claridad sobre su visión de tener un hijo: ¿cuál es la esencia de su relación que desean mantener incluso con un bebé? Ya sea una excursión anual o 20 minutos de tiempo a la semana con la pareja”, planteó.
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