Contenido creado por María Noel Dominguez
Modo saludable

Al dos por cuatro

Tango y Parkinson: la danza como terapia de recuperación en Buenos Aires

La danza ayuda al cuerpo y a la mente: está comprobado por miles de pacientes que utilizan sus bondades en la vecina orilla.

27.03.2026 07:35

Lectura: 4'

2026-03-27T07:35:00-03:00
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Buenos Aires y el tango son inseparables y esta unión llegó a la medicina. ¿Cómo ocurrió? Según un informe publicado en The New York Times, los talleres de tango diseñados para personas con la enfermedad de Parkinson ganaron espacio y pasaron a ser bastante más que una actividad recreativa. Son una herramienta de rehabilitación que permite a los pacientes recuperar el dominio sobre su propio cuerpo.

La enfermedad de Parkinson suele manifestarse a través de la rigidez, el temblor y la pérdida de equilibrio, factores que van despojando gradualmente a la persona de su fluidez motriz. Sin embargo, la técnica del tango ofrece una suerte de “antídoto mecánico”. El diario estadounidense visitó un taller que se realiza en el Hospital Ramos Mejía, en Buenos Aires, y relató que esa actividad comenzó hace 15 años, de la mano de una paciente que bailaba tango desde niña y notó que era algo que la ayudaba con los problemas de movilidad y marcha.

Nélida Garretto, neuróloga que trabaja en el programa de tango, explicó que este baile “es una actividad multidesafío, con estímulos motores, estímulos visuales, estímulos auditivos, todo eso simultáneo”. Ella y varios de sus colegas, consultados por el diario, indicaron que esta danza interviene directamente en la planificación del movimiento. Entonces, mientras la patología desorganiza las funciones motoras, “el tango restablece el orden”, devolviendo al cuerpo una lógica de movimiento que se creía perdida.

Uno de los aspectos más destacados por The New York Times es la transferencia de los beneficios del baile a las tareas más simples del hogar. Porque no solo se habla del floreo en la pista, sino de la funcionalidad. Luciana Firmani, una de las instructoras de otro taller —que se brinda en el Centro Cultural Borges— destacó la importancia de la biomecánica en cada paso. “Un elemento fundamental del tango es el traslado del peso de un pie al otro”, dijo, y lo relacionó con la técnica que puede permitir a pacientes sortear obstáculos urbanos, como subir a una vereda.

Movimientos como el paso lateral o la rotación del torso, fundamentales en la milonga, ayudan a los alumnos en situaciones domésticas que antes resultaban desafiantes. Gracias a estos ejercicios, los participantes adquieren la estabilidad que les hace falta para “abrir la puerta de una heladera” o la flexibilidad para “girar el cuerpo mientras se lavan los platos”.

Y para el Alzheimer y la esclerosis múltiple también se puede “recetar” tango, dijo al medio la psicóloga e investigadora argentina Débora Rabinovich.

Dignidad y conexión social

Además de su ayuda a la salud física, los talleres de tango tienen un fuerte impacto emocional en los pacientes. El estigma de la enfermedad de Parkinson suele traer consigo una mirada de compasión de los demás y generar sentimientos que lleven a aislarse a quien la padece. Sin embargo, eso desaparece en la pista de baile.

Una de las entrevistadas destacó la atmósfera de igualdad que se respira en las clases: “La clase es un lugar increíble porque no te hacen sentir diferente. Nos exigen lo mismo. No dicen: ‘Ay, tenés Parkinson, pobrecita’”.

Este enfoque en la capacidad y no en la limitación genera un cambio de actitud que se refleja en la postura física de los alumnos. La música ayuda, ya que “son temas muy marcados” el ritmo lleva a que los bloqueos motores se disuelvan. El artículo relata que, muchas veces, al finalizar las sesiones, varias personas que llegaron apoyadas en bastones o dando pasos muy vacilantes, se retiran caminando sin ellos.