Envejecer bien ha dejado de ser un misterio de gimnasios extremos o rutinas imposibles. La clave hoy es mucho más humana: no dejar de moverse. En un mundo obsesionado con las fórmulas mágicas, pocas figuras encarnan esta filosofía con tanta naturalidad como la actriz Susan Sarandon.
A sus 79 años, la actriz de Thelma & Louise (1991) o Las Brujas de Eastwick (1987) presume de una vitalidad envidiable. Entre rodaje y rodaje, su fórmula pasa por sustituir hábitos sedentarios como el coche o el sofá, por actividades de bajo impacto pero altamente eficaces. Nueva York es su gimnasio: “Voy a todas partes caminando. Voy en bicicleta por la West Side Highway y hago 30 minutos en la cinta de correr”, confesó en una entrevista con la revista People.
Defensora convencida del ejercicio, la actriz —que recibirá el Goya Internacional 2026 el próximo 28 de febrero— ha explicado en numerosas ocasiones cómo se mantiene en forma. Su estrategia no es un secreto guardado bajo llave, sino una integración inteligente del movimiento en su ADN cotidiano. El resultado es evidente: a sus casi 80 años, se mantiene ágil, fuerte y llena de energía.
Caminar y correr, sus imprescindibles
Para Sarandon, el movimiento no empieza en el gimnasio, sino en la vereda. Caminar es su herramienta principal para blindar la salud cardiovascular y mantener la resistencia sin castigar las articulaciones. Al alternar sus paseos urbanos con sesiones controladas en cinta, logra un equilibrio perfecto: actividad constante con impacto reducido. Además, la cinta de correr reduce riesgos derivados de terrenos irregulares o de superficies inestables.
El ring y las pesas, sus apuestas más potentes
Pero cuando se superan los 70, el cuerpo exige algo más que cardio: se necesita “movimiento inteligente”. Consciente de que la masa muscular es el “seguro de vida” de la madurez, la actriz sumó dos pilares fundamentales a su rutina.
El primero es el boxeo. “Alguien me regaló clases, luego seguí, y me gusta. Me gusta el gimnasio. Es muy divertido con todos los boxeadores, y es divertido golpear”, contaba la propia actriz a People. Una disciplina que no solo tonifica, sino que desafía los reflejos, el equilibrio y la agilidad mental. Además, es un potente liberador de estrés y estimula la producción de endorfinas.
A esto suma pesas y pilates, la combinación perfecta para proteger los huesos, mantener una postura impecable y, sobre todo conservar la independencia física.
Una filosofía, no solo un entrenamiento
Más allá del ejercicio, el “brillo” de Sarandon nace de decisiones acumuladas: “Si quieres envejecer con gracia, no fumas cigarrillos y probablemente te ríes mucho, haces la cantidad normal de ejercicio, comes bien y te mantienes fuera del sol”, expresaba en una entrevista.
Su ejemplo es una invitación a simplificar: envejecer con salud no requiere transformar tu vida de la noche a la mañana. Se trata de elegir actividades que puedas repetir semana tras semana y entender que, a largo plazo, la constancia siempre le gana la carrera a la intensidad.