Salud mental: ¿hay más trastornos o ahora se detectan mejor?
Existen trastornos de salud mental particularmente graves y persistentes y deberíamos priorizar los recursos para ellos, dijo experto.
Según datos que difundió la Organización Mundial de la Salud (OMS) en setiembre de 2025, más de 1.000 millones de personas viven con algún trastorno de salud mental en todo el mundo. La ansiedad y la depresión son los más comunes y son la segunda causa de discapacidad de larga duración a nivel global. Las cifras impactan y llevan a una pregunta de base: ¿Hoy hay más personas con ansiedad y depresión que hace unos años, o lo que cambió es que se habla más del tema y se diagnostica mejor?
A poco de que se conmemorara el Día Mundial de la Salud Mental (10 de octubre), la pregunta volvió a ponerse sobre la mesa. Uno de los que dio su respuesta fue el psiquiatra británico Allan Young en una entrevista publicada por el Departamento de Ciencias del Cerebro del Imperial College de Londres.
Desde su punto de vista, el aumento que muestran las estadísticas en muchos países habla más de la capacidad de ver el problema que del problema en sí. “Creo que lo que pasó no es que haya habido un aumento de las tasas de enfermedad mental en sí, sino que somos mucho mejores para admitirlo y para detectarlo”, dijo.
De todos modos, sostuvo que es clave “educar al público sobre la salud mental en general”. “Los síntomas de problemas de salud mental, ya sea ansiedad o incluso un estado de ánimo bajo transitorio, son muy comunes. Pero debemos ayudar a la gente a comprender que también existen trastornos de salud mental particularmente graves y persistentes, y que realmente deberíamos priorizar nuestros recursos para las personas más necesitadas y vulnerables”, sostuvo.
Estigma y falta de diagnóstico, los grandes desafíos
Young señaló que en Europa, por ejemplo, la detección de casos graves sigue siendo un punto débil y estimó que solo el 25% de los casos de depresión mayor llega a diagnosticarse. Un punto central
Además, en muchas partes del mundo, advirtió el profesional, el trastorno mental todavía se considera vergonzoso. “La gente todavía piensa en posesión demoníaca, falla moral y cosas por el estilo”, dijo, y planteó que revertirlo implica educar a toda la población.
Para Young, los recursos para atención e investigación deberían reflejar la carga de cada enfermedad. Él plantea que se debe analizar qué tan frecuente es y cuánto afecta la vida de las personas y en base a ello adjudicar fondos. Con esa vara, sostuvo, la salud mental está muy subfinanciada: según la OMS, citada por el Imperial College, los gobiernos destinan en promedio alrededor del 2% de sus presupuestos de salud a esta área.
La salida que propuso es la llamada “paridad de estima”, que defienden el Real Colegio de Psiquiatras británico y otras organizaciones internacionales. Se trata de que los problemas de salud mental se traten igual que otras enfermedades frecuentes y graves, como las cardiovasculares y el cáncer, con un financiamiento proporcional.
“No creo que haya ningún argumento que realmente pueda refutar eso, pero parece una idea muy difícil de llevar a la práctica”, reconoció.
Mente y cuerpo: una división que no existe
El error de concepto más extendido, según el psiquiatra, es separar la salud mental de la física, algo que se ve en la permanencia de hospitales psiquiátricos que funcionan aparte de los generales. “Creo que solo existe la salud, y todos tenemos salud en ambos dominios”, afirmó. “Toda enfermedad es psicosomática, y no en un sentido peyorativo”, apuntó. Para el médico, un infarto tiene profundas consecuencias psicológicas y un trastorno mental grave impacta en la mortalidad cardiovascular.
Asimismo, al ser consultado sobre una posible mayor prevalencia de trastornos de salud mental en personas de niveles socioeconómicos más bajos, indicó: “los problemas de salud mental, y de hecho todos los problemas de salud, deben considerarse desde una perspectiva biopsicosocial (...). Por supuesto, el equilibrio entre estos tres ámbitos variará según los problemas individuales y las personas con problemas diferentes. Pero no creo que exista un solo trastorno importante que no tenga un componente biopsicosocial”.
En referencia a la edad en la que se presentan los trastornos y consultado sobre si hay alguna etapa de la vida que le interese especialmente en cuanto a la investigación o a los retos que enfrenta, dijo que se piensa “en la salud mental a lo largo de toda la vida, incluso antes de la concepción”. “La discapacidad intelectual, por ejemplo, suele ser evidente en la primera infancia, al igual que el autismo. Después tenemos los trastornos en adultos, que tienden a comenzar en la adolescencia. Y, por último, tenemos los trastornos neurodegenerativos y otros trastornos psiquiátricos relacionados con la vejez, que aparecen en la última etapa de la vida”, explicó.
Pero reconoció que existe “una preocupación particular por la salud mental de los jóvenes en la actualidad” y que comparte que hay una afectación generada por “el efecto pernicioso de las redes sociales y las comunicaciones digitales, que podrían estar agravando los problemas de salud mental”.
Para el psiquiatra, uno de los cambios más importantes en cuanto al tratamiento de estas situaciones fue el de sumar a la investigación a quienes viven o vivieron un trastorno mental. De hecho, ese fue el eje central de este Día Mundial de la Salud Mental 2026. “Las personas con experiencia vivida son hoy socias plenas en la investigación. Nos ayudan a darle forma a las preguntas”, dijo Young.
Desmanicomialización y experiencia vivida
Este año, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, la OMS publicó una nueva guía para ayudar a los países a abandonar los modelos de atención de la salud centrados en estancias prolongadas en hospitales psiquiátricos. El documento se alinea con el tema de este año de este año, que se definió bajo el lema: “Experiencias vividas escuchadas: voces reales, cambio real”.
La clave está puesta en garantizar que las personas que tengan experiencias con trastornos de salud mental sean “socias activas en la configuración de las políticas, los servicios y las decisiones que afectan sus vidas”, dice la Organización.
“Con demasiada frecuencia, las personas que han estado bajo custodia institucional quedan excluidas de las decisiones sobre el diseño y la reforma de los sistemas de salud mental, decisiones que influyen directamente en la atención, el tratamiento y el apoyo que reciben. Sin embargo, su conocimiento y experiencia son fundamentales para comprender qué les ayuda a recuperarse, a participar en la vida comunitaria y a acceder a los servicios y el apoyo que necesitan”, agrega la OMS en su declaración..
“La transición hacia una atención de salud mental comunitaria debe hacerse con personas que saben lo que significa pasar por la atención institucional, no para ellas”, afirmó Grace Gatera, consultora independiente y defensora de la experiencia vivida. “Su conocimiento, junto con el de otros, es esencial para crear servicios que apoyen la libertad de elección, la recuperación y la participación en la vida comunitaria”.
La guía se elaboró ??con expertos de todo el mundo, incluyendo personas con experiencia directa. Sus enfoques prácticos pueden adaptarse a diferentes países y contextos locales.
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