Rolón: “De la falta de amor del otro se sale; de la falta de amor propio es más difícil”
El psicoanalista argentino habló de deseo, parejas, amores que lastiman, y ubicó al amor propio como el límite en el que no hay que ceder.
31.07.2026 08:00
Cuando una pareja busca un embarazo y, sobre todo, cuando pasan los meses y el resultado positivo no llega, el sexo puede transformarse en una rutina con agenda marcada. “Hoy estoy ovulando, hay que hacerlo”, y no importa si hay ganas, deseo o cansancio. Lo que antes era encuentro y placer empieza a ordenarse por días fértiles y horarios, y muchas parejas sienten que ese proceso las desconecta. Sobre esa escena, bastante usual en los tiempos que corren, el psicoanalista y escritor argentino Gabriel Rolón propuso una lectura que arranca en el erotismo y termina en un lugar menos obvio: el amor propio.
En su columna del programa argentino Perros de la calle, Rolón afirmó que el problema aparece cuando el encuentro sexual deja de tener como fin el placer. “Cuando vos corrés el foco y lo sacás del erotismo para ponerlo en otro lugar, se complica”, explicó. Cuando se dan esos procesos, el sexo deja de ser “darse mutuamente placer y compartir un rato de intimidad profunda” para volverse una tarea pautada por la ovulación y el reloj.
“Esa sola formulación es absolutamente deserotizante, porque pusiste todo en la razón”, sostuvo.
Desconexión y juego en la pareja
El mismo mecanismo, planteó, opera en la disfunción eréctil. Cuando un hombre no logra la erección durante un encuentro sexual, la próxima vez irá con miedo, y ese miedo lo saca de la escena. “No estás en una situación erótica, estás desconectado del otro, estás conectado para ver si esa parte de tu cuerpo funciona o no funciona”, dijo Rolón.
Se trata, además, de “una parte del cuerpo que es absolutamente independiente de nuestra voluntad”, que a veces no responde cuando uno querría y a veces lo hace cuando no debería.
En esos casos, marcó el psicoanalista, lo que importa mucho es el vínculo que se estableció (o todavía no) con la otra persona. En una relación de confianza, un tropiezo se resuelve con un “no pasa nada, amor”, mientras que en otro tipo de relaciones menos sólidas pueden aparecer sospechas o preguntas incómodas: “¿Vos estuviste con alguien más?”, “¿Ya no te gusto?” y varias por el estilo.
Lo que recalca Rolón es que cuando la pareja pone todo lo sexual en el pensamiento y saca el cuerpo de juego, “la sexualidad va a fracasar”. Su antídoto para la obligación del calendario es, justamente, el juego, que consideró una buena herramienta para contrarrestar con diversión lo que la agenda transforma en un deber.
¿Por qué nos atrae quien nos atrae?
Más allá del sexo, hablando del amor de pareja y el deseo, Rolón puntualizó que la razón que determina por qué nos enamoramos de una persona y no de otra está en los “recuerdos inconscientes”. “Vos no te enamorás de cualquier persona”, afirmó y sostuvo que el amor “funciona allí donde se da un encuentro”. Eso pasa cuando el otro tiene algún rasgo que despierta el deseo. Ese rasgo puede ir desde una mirada a una parte del cuerpo, pasando por una manera de sonreír o incluso algo que escribió esa persona y que nos seduce cuando ni siquiera la vimos en persona.
“El sujeto humano despliega su sexualidad y su erotismo en cada cosa, aunque no lo sepa y aunque no lo haga a propósito”, planteó. Por eso, resumió, “no a todos nos gusta lo mismo, si no todos estaríamos enamorados de la misma persona”.
Pero a la vez apuntó que sí hay un patrón que estamos “condenados” a repetir, salvo que pasemos por el psicoanálisis. “Tu historia te ha dejado unas huellas que marcan un destino”, dijo, y “si para algo sirve el psicoanálisis es para evitar que alguien cumpla su destino, para ayudarlo a construir un destino que tenga más que ver con sus deseos que con sus marcas”.
Y aclaró: “Las marcas no se van a borrar, pero podés llegar a conocerlas”. De todos modos, no siempre esas marcas empujan hacia lo dañino, el destino no tiene por qué ser negativo. Hay personas que se enamoran de quienes los tratan bien y son amables con ellos. “Y ahí, no toques nada (en el psicoanálisis). No siempre los mandatos inconscientes te van a empujar a algo negativo”, dijo.
Amores que lastiman y el límite del amor propio
El problema aparece cuando las personas se enamoran de quien sí los daña o les genera malos momentos. “Hay amores muy nocivos, hay amores que lastiman, hay amores que angustian”, e incluso “amores que se nutren en el sufrimiento”, resumió. Para graficarlo, recordó a una paciente que llegó lastimada a una sesión, víctima de un vínculo con una persona violenta. Él le pidió que no se recostara en el diván y que lo mirara de frente.
— ¿Por qué no te vas?
— Porque lo amo.
— Y eso qué tiene que ver?
Ese fue el diálogo que mantuvieron y Rolón volvió a poner sobre la mesa una de sus frases más populares: “No todos los amores merecen ser vividos”.
“¿Quién te dijo que porque alguien tiene un rasgo que te engancha todo lo que viene con él está bien?”, le repreguntó a su paciente y reafirmó que “a veces uno tiene que aprender a resistir la tentación del amor cuando ese amor te empuja a una situación doliente”.
En ese punto, Rolón remarcó que siempre, el límite debe estar en el amor propio: “Hay una parte del amor que uno tiene que guardarse [...]. Yo te puedo amar mucho, pero no te voy a perdonar esto. Yo te puedo amar mucho, pero no me pongas en ridículo nunca más”. Y lo llevó al extremo: “Soy capaz de dar la vida por vos, mientras no me la pidas”. Si el otro exige sufrimiento o traiciones toleradas, “ahí se acabó el juego”.
Ese amor propio es el que permite rebelarse contra lo que hiere y decir “yo no puedo pasar todos los días angustiado, por mucho que te ame, no puede ser así”. Y contó una frase que suele repetir a sus pacientes cuando se encuentran en situaciones como estas: “De la falta de amor del otro se sale; de la falta de amor propio es más difícil salir”.
Por eso, cuando el trato del otro lastima, propuso una única salida: “Yo me bajo en esta parada”.
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