Durante décadas, el índice de masa corporal ( IMC ) fue la referencia más utilizada para estimar el riesgo cardíaco asociado al peso. Sin embargo, hay nueva evidencia científica que sugiere que otra medición mucho más simple podría ser un mejor indicador del riesgo de enfermedad cardiovascular , incluso antes de que aparezcan síntomas. Se trata de la relación cintura-altura.
Según informa SciTechDaily, en base a una investigación publicada en The Lancet Regional Health—Americas, la cuenta que hay que sacar es: perímetro de cintura, dividido por la altura de la persona. Así se permitiría detectar de forma temprana un mayor riesgo de enfermedad cardíaca , superando con precisión al IMC en distintos grupos poblacionales.
Relación Cintura-Altura = Perímetro de la cintura / Altura
¿Por qué la grasa abdominal importa más que el peso total?
El artículo explica que no toda la grasa corporal tiene el mismo impacto sobre la salud. La grasa abdominal se asocia de forma más directa con inflamación, resistencia a la insulina y alteraciones metabólicas que aumentan el riesgo cardiovascular .
A diferencia del IMC —que solo relaciona peso y altura—, esta medición se enfoca en dónde se concentra la grasa, un factor clave para entender el riesgo real de enfermedad cardíaca y la prevención de enfermedades.
Lo que revela el estudio es que cuando el perímetro de la cintura supera la mitad de la estatura, el riesgo cardiovascular comienza a aumentar de forma significativa.
Este indicador es conocido en la literatura científica como relación cintura-altura , y su ventaja principal es que no requiere cálculos complejos ni equipamiento médico, lo que facilita su uso como herramienta de detección temprana.
Un indicador que podría anticipar problemas
Uno de los aspectos más relevantes del estudio citado por SciTechDaily es que esta medición sencilla permitiría identificar riesgo cardiovascular años antes de que aparezcan signos clínicos evidentes , como hipertensión, diabetes o eventos cardíacos.
Esto permite que haya una intervención más temprana, ajustando hábitos de alimentación, actividad física y estilo de vida antes de que el daño se instale. Estas características explican por qué los investigadores proponen su uso como una herramienta complementaria.
Pese a su mayor aporte en la detección de posibles enfermedades cardiovasculares, los investigadores aclaran que esta medición no reemplaza una evaluación médica completa ni permite diagnosticar enfermedades por sí sola. Es un indicador de riesgo, no una confirmación clínica.
Factores como antecedentes familiares, tabaquismo, presión arterial, colesterol, nivel de actividad física y enfermedades preexistentes siguen siendo determinantes para evaluar la salud cardiovascular de una persona.
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