En una cultura donde salir, mostrarse y estar activo parece casi una obligación, la idea de quedarse en casa puede sonar a pasividad, aburrimiento o, incluso, aislamiento. Pero para el filósofo católico y ensayista surcoreano Byung-Chul Han, ocurre exactamente lo contrario. Desde su punto de vista, hoy, quedarse en casa puede ser una de las formas más radicales y menos evidentes de resistencia.
Según cita el sitio Vanitatis, el filósofo sostiene que “quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia”, una afirmación que va a contramano del ideal contemporáneo de movimiento constante.
Una cultura que no permite parar
El punto de partida del planteo de Han es una crítica que atraviesa gran parte de su obra: la idea de que vivimos en una “sociedad del rendimiento”, en la cual la exigencia ya no viene solo desde afuera, sino que es internalizada. En ese contexto, el descanso pierde valor y la inactividad se vuelve sospechosa.
Según recoge el sitio, esta lógica está atravesada por la hiperconexión y la necesidad de estar siempre disponibles, lo que termina por dinamitar la capacidad de descanso, de disfrutar de los momentos de desconexión y genera una sensación de agotamiento permanente, tanto físico como mental.
Frente a este escenario, Han propone recuperar el sentido del hogar. Pero no como un simple espacio de descanso, sino como un lugar que permite retirarse de la lógica productiva. Él reivindica la casa como un espacio donde no rige la obligación de rendir, producir o mostrarse.
En esa línea, también señala que el silencio del hogar permite “escucharse a uno mismo”, una idea que aparece reiteradamente en su pensamiento. Entonces, quedarse en casa deja de ser sinónimo de aislamiento y pasa a leerse como una forma de protección frente a la sobreexigencia externa.
Las bondades de no hacer nada
Una de las ideas más incómodas del planteo de Han es que no toda inactividad es negativa y plantea la interrogante sobre ¿qué lugar ocupa el descanso en una cultura que no sabe detenerse?
Porque hoy todo se mide en términos de rendimiento, productividad, ganancia, y, en ese marco, detenerse puede parecer una pérdida de tiempo. Pero, según se desprende del análisis que recoge Vanitatis, el exceso de actividad también puede ser una forma de alienación.
De hecho, cuando el autor recibió el Premio Princesa de Asturias 2025 por su trayectoria intelectual y su impacto en el pensamiento contemporáneo, afirmó: “Uno se imagina que es libre, pero lo que hace es explotarse a sí mismo”.
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