Qué son los “buenos hábitos imperfectos” de Federico Barolín para adelgazar y para la vida
El nutricionista y coach explica por qué la búsqueda de la perfección frustra los cambios de hábitos, en la comida y en la vida en general.
Por Patricia Vicente
La dieta se empieza los lunes, eso es ley universal. Y se abandona los miércoles, cuando nos damos el primer “gustito” y después nos quedamos con culpa, porque ya estropeamos todo y “para qué tanto esfuerzo”, “yo no tengo fuerza de voluntad”, “esto no es para mí”. Pero hay formas de enfrentarse a esos dramas conocidos y ganarle al “yo no puedo”. Una es la que propone el nutricionista y coach Federico Barolín, que tiene nombre propio. Es la de los “buenos hábitos imperfectos”.
En los más de 13 años que lleva trabajando con adelgazamiento y con procesos de personas que intentan un cambio para su vida, Barolín fue dándose cuenta de que el problema que más complica es el de querer todo ya y todo perfecto. “Si no es perfecto, no sirve”, es la idea con la que suele encontrarse y por eso, al primer error, muchas personas largan todo. Sea una dieta, un emprendimiento o un cambio de carrera.
Su propuesta pasa por el lado de hacer pequeños avances sostenidos en el tiempo y darse cuenta de que es mejor hacer algo, aunque sea poco, que rendirse. En entrevista con Modo Saludable, contó de qué se trata este método, que presentará enfocado especialmente en el descenso de peso en la conferencia "Cambia tu mente y adelgaza", que brindará el 17 de octubre en el Hotel NH Columbia.
La trampa de querer hacerlo todo perfecto
Muchas veces, cuando alguien se propone bajar de peso, se plantea cambiar todos sus hábitos de un día al otro, pero la realidad no acompaña. ¿Es algo que ves en tu trabajo?
Trabajo mucho con eso. Mi trabajo ha estado enfocado todos estos años en ayudar a la gente a adelgazar, principalmente. Y entendí, en base a la experiencia y el conocimiento en este tema, que el principal problema que tenían las personas que no adelgazaban no era que no pudieran, sino que no se daban el tiempo ni la oportunidad. Porque la expectativa de cómo debería ser el adelgazamiento se ponía muy arriba.
¿Muy arriba en qué sentido?
En “hoy empiezo y tengo que hacer todo bien”. “Hoy empiezo y no harinas, no gaseosas, no alcohol, no me junto con mi familia, no puedo comer un poquito de más porque nunca voy a poder adelgazar”. Hay una idea de que si no lo hago perfecto, no sale. Y lo que he aprendido en la práctica es que a la gente que mejor le va no es la que lo hace perfecto, es la que se enfoca en mejorar.
Por ejemplo: si no caminaba, la semana que viene voy a caminar una vuelta manzana. Si esta semana tomé gaseosa todos los días, la semana que viene voy a tratar de no tomar un día. Y así es que uno va adquiriendo lo que yo llamo “buenos hábitos imperfectos”. Tenemos que romper con esa idea de la perfección, primero porque es una expectativa muy alta y, segundo, porque los seres humanos somos naturalmente imperfectos.
Buscar la perfección continuamente nos frustra y esa frustración nos hace sentir mal, bajos de energía, nos hace creer que no podemos, que nunca vamos a poder. Nos enseñaron que hacerlo bien era hacerlo perfecto y ahí está el principal problema. El asunto es seguir, aunque no lo hayas hecho del todo bien.
Hay una frase tuya que marca esa actitud: “Hacer menos es mejor que abandonar”.
Exacto. Todos sabemos que si antes te comías un paquete de galletitas y ahora te comés medio, estás mejorando, porque estás controlando tus impulsos. Que si antes estabas todo el día sentado en el sillón y ahora estás saliendo a caminar cinco minutos por día, estás haciendo más. Lo que pasa es que uno de los problemas que se suelen dar en el adelgazamiento es que todo se ha vuelto muy resultadista. Y los seres humanos somos muy cortoplacistas y queremos todo ya.
La industria del adelgazamiento busca vender resultados rápidos, los más rápidos que sea posible. Por eso hoy están teniendo tanto éxito los nuevos medicamentos para adelgazar. Y yo siempre digo: resultados rápidos en adelgazamiento no es sinónimo de buenos resultados. De hecho, la experiencia marca que resultados rápidos en el adelgazamiento, en general, son sinónimo de malos resultados.
¿Y cómo se le plantea a una persona que empiece despacio?
Pongamos un ejemplo. Una persona quiere adelgazar y va con un profesional que le dice: “Ok, esta primera semana vamos a hacer algo bien estricto para que puedas lograr tres o cuatro kilos menos”. Otra persona que también quiere bajar de peso va con otro profesional, que le dice: “Mirá, esta semana lo único que te pido es que prestes más atención cuando comés y trates de no estar picoteando mucho. No vamos a hacer más nada que eso”.
Seguramente, la mayoría se quede con el primero. “¡A mí qué me importa prestar atención, yo quiero bajar de peso!”, dirá alguno. Pero si uno va al verdadero éxito en esto, que es adelgazar y mantener, lo que hace el segundo profesional tiene más sentido.
Además de la velocidad, el adelgazamiento suele asociarse mucho a lo estético y poco a la salud. ¿Lo ves así?
En los últimos años, principalmente desde la pandemia, hay mucha más conciencia respecto a que el peso tiene que ver con la salud. Porque pasó que el sobrepeso y la obesidad eran factores de riesgo importantes para las personas que tenían covid.
Pero más allá de eso, pasa que no se asocia a la salud el hecho de adelgazar rápido. Una persona que baja cinco kilos en dos semanas no necesariamente le está haciendo bien a su cuerpo. Porque si bien se sube a la balanza y se siente feliz, el adelgazamiento real es otra cosa y tiene que ver con ir cambiando para adquirir la capacidad de mantener un buen peso. Son dos cosas bien diferentes.
Foto: Difusión
Alguien con un sobrepeso importante puede bajar 20 kilos en tres meses, por ejemplo. Si se pone una dieta estricta y aguanta y aguanta, o se apoya en fármacos, lo logra. Pero en ese proceso, que fue de aguantar, de prohibirse, no generó la capacidad de mantenerlo relacionándose mejor con la comida. Lo único que hizo fue no exponerse a la comida que lo pueda tentar.
¿Recomendás la táctica de no ir, por ejemplo, a un cumpleaños porque “me voy a tentar”?
Yo digo que es al revés. Exponete a lugares donde hay comida que te pueda tentar, porque la clave está en que vos te pares frente a esa comida y le digas: “Ey, te puedo ver y puedo no comerte si quiero, o comerte menos”. Ahí es donde se está desarrollando una nueva relación con el alimento. Lo que pasa es que ese tipo de cambio demora más en mostrar resultados tangibles y eso lleva muchas veces a que las personas no puedan lograrlo y pasen de una dieta a otra.
Por mi parte, trato de que la gente vaya por este otro camino de los “buenos hábitos imperfectos”. Y además, hay algo claro: nadie tiene sobrepeso por lo que come en un cumpleaños. A veces vemos el árbol y no el bosque completo.
En ese acto de exponerse entra en juego otro factor central, la fuerza de voluntad. ¿Cómo se trabaja con ella?
La voluntad está sobrevalorada. El tema es que nos han hecho creer que somos débiles, que no tenemos voluntad, que no podemos. Pero en realidad sí podemos. Pongo un ejemplo extremo como para que se entienda: una persona dice “¡Ay, yo no puedo dejar de comer chocolate!”. Pero un día le secuestran al hijo y le ofrecen devolverlo solo si deja de comer chocolate. ¿Realmente no puede dejar?
No es que falte voluntad, lo que falta es una causa por la cual estar mejor. Falta el “para qué” quiero adelgazar. ¿Qué beneficios va a traer a mi vida?
Muchas veces, como se ha hecho tan numerocéntrico lo del adelgazamiento, lo único que vemos es el número y no nos damos cuenta de que bajar de peso también va a significar que puedo seguir jugando con mis hijos en lugar de tener que quedarme sentado porque si me tiro al piso no puedo levantarme. O que voy a poder respirar mejor, bailar o viajar. Voy a estar más sano.
Más allá de adelgazar, ¿los buenos hábitos imperfectos se pueden aplicar a cualquier plano de la vida?
Claro, pueden ayudar en un montón de cosas. Por ejemplo, hoy se sabe que la meditación nos ayuda a nivel físico y mental, hay mucha evidencia científica. Pero hay personas que te dicen: “Yo intenté meditar y no pude, no es para mí”. Y cuando indagás un poco, en realidad, cerró los ojos una vez, la cabeza se le fue para otro lado, dejó ahí y determinó que no puede. ¿Y de dónde viene esto? De buscar la perfección, de que todo tiene que salir bien rápido y fácil. Entonces, ¿yo cierro los ojos y tengo que ser un monje budista? No es así. Es con la práctica, es poco a poco. Y eso son los buenos hábitos imperfectos.
De esto vamos a hablar en la conferencia del 17 de octubre, enfocados en el adelgazamiento, pero apostando a un cambio mental para poder alcanzarlo. Y trabajamos con hipnosis, que es una excelente herramienta con la que, lamentablemente, se ha hecho mucho circo. Yo lo trabajo con un nuevo concepto al que le llamo triple hipnosis para adelgazar.
Está más que estudiado que nuestros comportamientos, nuestras conductas y la manera en la que funciona nuestro cuerpo tienen que ver con nuestros pensamientos. Y en el adelgazamiento se aplica al 100%. Entonces, cuando empezamos a “cambiar la cabeza”, nos vamos sintiendo diferentes, con menos ansiedad, controlando mejor la alimentación y, como consecuencia, podemos.
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