Qué esconde llegar siempre temprano: no es puntualidad, según una psicóloga
Para esta especialista, la manera de manejar el reloj habla de cómo nos relacionamos con los demás.
Están los que siempre llegan cinco minutos antes y esperan tranquilos, y los que aparecen siempre sobre la hora, o un poco después, corriendo y jurando que salieron con tiempo. La escena se repite en cumpleaños, reuniones de trabajo y salas de espera. ¿Pero que hay detrás de esa diferencia? ¿Qué hay detrás de los puntuales y los impuntuales?
La psicóloga Leticia Martín Enjuto lo analiza en el sitio Cuerpo y Mente, y su lectura se enfoca en que llegar en hora no sería tanto una manía como una forma de entender el tiempo y a los demás.
Para la especialista, quienes llegan tarde suelen caer en una trampa conocida. "Las personas que son impuntuales suelen caer en lo que en psicología llamamos falacia de la planificación", dice. Esas personas creen que el tiempo es flexible y juega a su favor, cuando en realidad lo que tardan en llegar es un dato objetivo. Las puntuales calculan distinto: "Sus mentes planifican a futuro y calculan los imprevistos", señala.
Para la profesional, esos tienen "una buena función ejecutiva que les permite anticipar situaciones posibles".
Un modo de decir "tu tiempo me importa"
Pero además, este manejo eficaz del tiempo tiene un costado social. Según Martín Enjuto, la puntualidad también es una manera silenciosa de comunicar. "Cuando alguien es puntual, de alguna manera, le está expresando a la otra persona que su tiempo es igual de valioso", afirma.
Y lo lleva un paso más allá: "La puntualidad está vinculada a niveles destacados de empatía y consideración social". Llegar a tiempo es una forma de mostrar respeto.
Detrás asoma también la disciplina y una preferencia clara por el orden. A las personas puntuales, describe la psicóloga, "les gusta vivir de manera estructurada" y encuentran calma cuando los planes salen como estaba previsto. "El caos no es una opción; su zona de confort está en el orden", resume.
El reverso: una defensa contra la ansiedad
De todos modos, la psicóloga marcó que no todo es tan luminoso como parece. Esa misma organización que tranquiliza puede esconder otra cosa: "También puede ser un mecanismo de defensa en contra de la ansiedad".
"La posibilidad de llegar tarde pone en actividad nuestro sistema de alerta en el cerebro", explica, y la forma de contrarrestarlo es organizarse para evitar la vergüenza de la tardanza o de ser el centro de atención al aparecer fuera de hora.
La buena noticia para quienes viven corriendo es que esto no está escrito en piedra. "El cerebro tiene funciones de neuroplasticidad, lo que significa que se pueden entrenar nuevas habilidades como la previsión y la organización", apunta Martín Enjuto.
Hacer listas o programar alarmas para cada actividad son algunos de los ejercicios que menciona; la clave, plantea, pasa por ver qué es lo que realmente nos frena.
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