“Dale que podés”. “No estés triste”. “Todo pasa por algo”. Las redes sociales están saturadas de frases que prometen bienestar inmediato y ubican al dolor y la tristeza como una elección personal. Suelen presentarse bajo el paraguas de “psicología positiva”, pero la disciplina académica que lleva ese nombre no tiene nada que ver con eso. Y, de hecho, esta moda no ha hecho más que confundir a muchas personas.
“Es bastante cruel decirle a una persona deprimida que elija sentirse mejor. No está eligiendo estar deprimida: necesita recursos y quizá hasta medicación”, dijo a Montevideo Portal la psicóloga Mariana Álvez, una de las pioneras en psicología positiva en Uruguay, y explicó de qué se trata.
La positividad tóxica que domina ciertos rincones de Instagram, de TikTok y el mundo online, dijo Álvez, “son frases vacías, sin rigor científico detrás”. A eso se suma la confusión frecuente con la ley de la atracción —”que no tiene nada que ver”, agregó— y con un optimismo falso que niega el dolor.
El problema, cree ella, es que “la felicidad pasó a ser algo muy superficial cuando en realidad es algo muy profundo, en lo que hay que trabajar para alcanzar”.
La ciencia del bienestar
La psicología positiva se define a sí misma como la ciencia del bienestar. Surgió a fines de la década de 1990, impulsada por el estadounidense Martin Seligman —entonces presidente de la Asociación Americana de Psicología— junto con Christopher Peterson. Esta disciplina se enfoca en qué condiciones, hábitos y vínculos contribuyen a que las personas vivan vidas más plenas.
“Lo que hace la psicología positiva es investigar desde un punto de vista académico, qué es lo que hace que las personas sean más felices”, resumió Álvez. Pertenece a las llamadas terapias de tercera generación —junto con la terapia de aceptación y compromiso o la dialéctico-conductual— y guarda parentesco con la terapia cognitivo-conductual, agregó.
“Tiene que ver mucho con aprender y ponerse en práctica. Peterson decía que la psicología positiva no es un deporte para espectadores. O sea, uno tiene que trabajar por su felicidad”, sostuvo.
En ese sentido, en la consulta, los psicólogos que la aplican suelen trabajar con tareas, ejercicios concretos y herramientas prácticas. Álvez describió algunos de los ejercicios más utilizados:
- Carta de agradecimiento: escribirle a una persona querida una carta detallada sobre por qué es importante en la propia vida, y entregársela en persona en un momento o lugar significativo.
- Práctica de la gratitud: ejercitar a diario el reconocimiento de lo que sí funciona, como contrapeso a la tendencia natural del cerebro a fijarse en lo que falla.
- Despertar consciente: levantarse con 15 minutos de margen para empezar el día sin urgencia, con espacio para un café tranquilo, una respiración pausada o una meditación breve.
- Compromiso con una intención positiva: cada mañana, anotar entre dos y cuatro cosas importantes para el día. No tienen por qué ser las más urgentes, pero sí que sean relevantes para uno.
- La mejor versión de uno mismo: imaginar con detalle cómo se quiere estar dentro de uno, cinco o diez años, en lo emocional y lo concreto, y trabajar desde ahí. “Tendemos a exagerar lo que somos capaces de hacer en un año y a subestimar lo que podemos lograr en cinco o diez”, advirtió la psicóloga.
Optimismo inteligente, no pensamiento mágico
Uno de los conceptos centrales que manejó Álvez al explicar de qué se trata la disciplina en la que se desempeña fue el de “optimismo inteligente”, al que diferenció del “optimismo ilusorio”. “No se trata de vivir en una fantasía, porque ahí es donde entra lo ilusorio, la positividad tóxica, que es lo que venden en las redes, y que no funciona”, remarcó.
“La persona optimista es consciente de lo que no funciona en su vida y de lo que sí, pero elige quedarse con lo que funciona”, dijo. Esa persona tiene mentalidad flexible, pone límites saludables, no se culpa por lo que no le corresponde y se enfoca en lo que puede controlar, agregó la psicóloga y, aunque no lo mencionó, en su descripción se aprecia una similitud con los planteos de la filosofía estoica.
La distinción entre alegría y felicidad es otra clave. La primera, sostuvo la profesional, es una emoción puntual: tiene un pico y se apaga. Pero la felicidad es otra cosa. “Uno no puede estar alegre todo el tiempo, pero sí puede tener una felicidad de base, a pesar de estar atravesando un duelo o de haber dejado a su pareja, por ejemplo. La felicidad tiene que ver con un estado del ser, es interior y uno puede construir tantos recursos que incluso en un momento de adversidad lo puede sobrellevar. Alguien puede ser feliz y estar atravesando un momento de tristeza”, explicó.
Cómo acceder en Uruguay
La formación específica en psicología positiva no se obtiene en la carrera de grado de Psicología en Uruguay, explicó Álvez. Los profesionales que se especializan en este enfoque lo hacen a través de posgrados, cursos y especializaciones en universidades privadas e institutos.
Y cuando ejercen, según Álvez, sus aranceles pueden ser algo superiores a los de sus colegas, aunque eso varía caso a caso, aseguró.
Para Álvez, el malentendido que se genera con la positividad tóxica y esta disciplina tiene un costo concreto: hay personas que descartan herramientas potencialmente útiles porque las identifican con la frivolidad de las redes.