AgregarSuscribite al canalWhatsApp AgregarAgreganos en GoogleGoogle

A paso firme

Primavera en movimiento: las lesiones de pie más comunes y cómo prevenirlas

Ampollas, rozaduras, hongos, uñas encarnadas y sobrecargas pueden aparecer con el cambio de hábitos; el calzado adecuado ayuda a evitarlas.

04.10.2026 13:24

Lectura: 4'

Compartir en

La primavera invita a moverse. En Uruguay, el clima más agradable lleva a muchas personas a retomar caminatas, salir a correr, practicar deportes o pasar más tiempo al aire libre después de los meses fríos. Ese aumento de actividad, sin embargo, también puede poner a prueba una parte del cuerpo que suele recibir poca atención: los pies.

Entre los problemas que pueden aparecer o agravarse se encuentran la fascitis plantar, las tendinitis, las sobrecargas musculares, las ampollas, las rozaduras, las metatarsalgias, los juanetes, los dedos en garra, los hongos y las uñas encarnadas.

Uno de los principales factores de riesgo es aumentar de forma brusca la actividad física. Volver a correr, caminar largas distancias o practicar deporte después de un período de menor actividad puede sobrecargar músculos y tendones. Para evitarlo, se recomienda retomar el ejercicio de manera progresiva, incorporar ejercicios de fortalecimiento y realizar una valoración muscular y articular cuando sea necesario.

Ampollas y rozaduras: atención al roce del calzado

Las ampollas y las rozaduras suelen aparecer cuando existe una fricción repetida entre el pie y el calzado. Para prevenirlas, es importante utilizar zapatos que se ajusten correctamente y evitar aquellos que generen presión o roce en puntos concretos.

Cuando ya existe una zona afectada, pueden utilizarse apósitos específicos para protegerla y evitar que la lesión empeore.

El problema también puede estar relacionado con el cambio de calzado. Las sandalias y las chancletas modifican la forma en que el pie se apoya y, cuando no ofrecen una sujeción adecuada, pueden favorecer sobrecargas y molestias.

Dolor en la parte delantera del pie

La metatarsalgia puede manifestarse como dolor o sensación de quemazón en la parte delantera del pie. Una presión excesiva en esa zona puede provocar dolor y contribuir a determinadas deformidades.

En estos casos, el estudio de las cargas plantares permite identificar cómo se distribuye el peso al caminar. A partir de esa evaluación pueden indicarse plantillas de descarga o soportes específicos para aliviar la presión y reducir las molestias.

Juanetes y dedos en garra

Los cambios en la forma del pie, como los juanetes y los dedos en garra, también pueden generar zonas de presión y dolor al utilizar determinados zapatos.

Cuando el problema lo permite, existen alternativas conservadoras como ortesis de silicona, plantillas correctoras, compensadores y separadores personalizados. Estas medidas buscan redistribuir las presiones y mejorar el apoyo. Si los tratamientos conservadores no son suficientes, puede ser necesario valorar otras alternativas, incluida la cirugía.

Hongos, sudoración y problemas en la piel

El calor y la humedad también requieren atención. Los hongos en la piel y las uñas necesitan un diagnóstico adecuado para determinar el tratamiento antifúngico correspondiente y evitar recaídas.

La sudoración excesiva y el mal olor pueden abordarse mediante tratamientos específicos, productos antitranspirantes y pautas de higiene adaptadas.

También pueden producirse dermatitis por contacto con determinados materiales sintéticos. Cuando se identifica una reacción de este tipo, reconocer el material que la provoca y optar por alternativas hipoalergénicas puede ayudar a evitar nuevas lesiones.

Las uñas también necesitan atención

Las uñas encarnadas pueden provocar dolor e inflamación y, cuando se repiten, requieren medidas destinadas no solo a resolver el episodio, sino también a prevenir nuevas apariciones.

El corte correcto de las uñas es una de las medidas preventivas mencionadas en estos casos. Cuando las recurrencias persisten, pueden considerarse tratamientos específicos y procedimientos destinados a corregir el problema.

Por otra parte, el uso continuado de esmaltes permanentes y determinados productos cosméticos puede debilitar las uñas o favorecer la aparición de infecciones y ocultar alteraciones que deberían ser evaluadas. Por eso, ante cambios persistentes en el aspecto de las uñas, conviene realizar una valoración antes de continuar con tratamientos estéticos.

El mejor momento para prevenir es antes de que duela

El cuidado de los pies no debería comenzar cuando aparece una lesión. Revisar periódicamente la piel y las uñas, prestar atención a las zonas de presión y elegir el calzado de acuerdo con la actividad que se va a realizar son medidas que pueden evitar problemas.

Con la llegada de la primavera, la clave está en adaptar gradualmente los pies a los nuevos hábitos: aumentar la actividad física de forma progresiva, evitar calzado que genere presión o roce, utilizar soportes cuando estén indicados y consultar ante dolores o alteraciones que persistan.

Así, el cambio de estación puede significar más movimiento y actividad sin que los pies terminen pagando el precio.

Con información de Europa Press.